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| 4/14/2012 10:23:36 AM

DE UNA CUMBRE INCLUSIVA DEL DEPORTE EN MEDELLÍN A LA CUMBRE EXCLUYENTE DE CARTAGENA

 

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¿ Qué hace falta en el continente más desigual, excluyente e inequitativo del planeta ?  Inclusión, equidad, reconocimiento de la diversidad, la diferencia, aceptación del otro, el que no es repetido en pensamiento ni forma de estar en el mundo, con cada uno.  A partir de ahí comienza la salida de la pobreza. Cuando el poder no sea para aplastar al distinto y vulnerable. Cuando el poder sirva para hacer y reconocer el valor de la dignidad de todo ser humano.  Lejos, muy lejos estamos de esa capacidad en la sociedad de la discriminación y la exclusión.                

 

Campo Elías Terán Dix,  un narrador deportivo popular, hoy alcalde de Cartagena, está siendo testigo inerme de una cumbre con hedor  de exclusión donde los acreditados, recitan a manteles todo el tiempo el discurso de las intenciones de "inclusión, acabar pobreza, actuar con inteligencia colectiva, materializar políticas públicas concertadas con los ciudadanos". Conocen el mal y el remedio, pero dejarán así.  Sin pudor, sacaron a los humildes de la zona VIP de la cumbre.

 

Noventa millones de dólares para cinco días de verbo y pantalla, hablando de inclusión sin los excluidos y de pobreza  escondiendo a los pobres.  Casi lo mismo costaron los novenos juegos suramericanos en Medellín 2010. Una lección magistral de  participación  e inclusión social.  Un momento inolvidable de dignidad y limpieza, para mostrar la realidad de una  sociedad con la mayor complejidad  y desigualdad  que se vive en esta parte del mundo.   Medellín, dió una lección totalmente contraria  a la que hoy enseña  Cartagena con su odiosa exclusión, ocultando el rostro de la realidad para no afear  la fiesta  del derroche y la opulencia.  Medellín paseo a los visitantes por toda su realidad  y  mostró a sus pobres  con limpieza. Los violentos no hicieron protagonismo con sus volumenes de maldad, como si se hubieran sintonizado con el momento. No creo que los medios hubieran tapado esa realidad. 

 

En Medellín, dónde hubo tras bambalinas forcejeos del odioso poder burocrático y político, amén de las cuentas que debieron quedar claras, ojalá si el libro blanco no prueba lo contrario,  el más visible, el protagonista, el gran ganador por su excelente comportamiento, fue el ciudadano, de a pie, humilde, haciendo la fila en orden y esperando largas horas para pasar por los escenarios deportivos a vitorear  el desempeño de sus atletas. Supo que estaba en la agenda del acontecimiento. Se sintió tenido en cuenta.  Fue un magnifico ejemplo de inclusión.  Cartagena hoy, es la antítesis. Como en esas fiestas de filántropos, que se reúnen con cámaras, luces, pasarela y trajes de club para la comidilla,  a tomarse fotos en nombre de los pobres, vulnerables, víctimas  y salen en portadas de revistas posando como los más buenos.  Ignorancia supina: "favor publicado favor deshonrado".  Así funcionan las lógicas arrogantes de los poderosos y pantalleros.  

 

Los invisibles en Cartagena, cuento de hadas estos días, son los pobres, el pueblo cartagenero. ¿ Qué dirá Campo Elías al cabo de la gloria burocrática ? Cuando las mieles de la política lo arrojen a su cauce natural, su condición de narrador, relator de la realidad de a pie.   Odioso el manejo de lo social en Cartagena y su cumbre, confundido con  el glamour de las páginas sociales de damas caritativas. Esa es la médula del mal  y en su nombre recitan y degustan  miel y leche pública, 90 millones de dólares para el jet set de la política latinoamericana.    Medellín, en un contexto de deporte, donde lo odioso es la actitud excluyente de los señores de los anillos,  pero todo lo demás es noble, así como deberá ser el ambiente humano de Londres 2012,  como sucedio durante la cumbre suramericana del deporte, fue posible verificar que  sí hay inclusión cuando hay voluntad para hacer. Esta es carta de presentación de Medellín en su aspiración como sede de los olímpicos de la juventud en 2018.    Por lo pronto, el gobierno de Santos y Tutina, en lo más recóndito de su convicción,  es  de la factura vista en Cartagena. ( Leer  Cartagena )

 

El testimonio de Medellín 2010 y su lección de inclusión para la Cartagena del  alcalde   afrodescendiente, Campo Elias Terán en esta cumbre,  está contenido en  el siguiente relato que vale retomar para la ocasión.  Que Dios y el pueblo  los perdonen en su infinita misericordia. 

 

A Guillermo Coria, “el Mago”,  quien alcanzó a disputar  el primer lugar del ranking mundial ATP con Roger Federer, en uno de los deportes para príncipes, acostumbrado a los palacios y salones VIP del tenis orbital,  lo vimos llegar a la Villa Suramericana de Pajarito en Medellín, acompañado del equipo juvenil de  tenis de Argentina.  Decenas de muchachos de ese nivel, subieron en el teleférico del Metrocable, al albergue para unos seis mil deportistas, entre atletas, entrenadores, médicos y dirigentes que se hospedaron durante los Juegos Suramericanos  en  la Villa más singular de unos juegos de exigencia organizativa propia del ciclo olímpico.

 

En la sociedad de los resultados, datos, estadísticas y saldos bancarios, indicadores del desarrollo,  "los perdedores" viven en las zonas marginales, los tugurios, las favelas, sitios vergonzantes para las ciudades exitosas  y competitivas  que deciden mostrar su esplendor en un acontecimiento como unos juegos olímpicos.  Tantos  invitados, no pueden pasar de la sala en una metrópoli, escogida por el exclusivo, exigente y selecto club de los señores del olimpismo,  para albergar unos  juegos de ese ciclo con más de treinta y una modalidades deportivas   y quince países participantes.

 

 Medellín en su mayor lección histórica de dignidad, identidad y autenticidad, tuvo la osadía de pasear durante  quince días sobre la humildad  y carencia material de Pajarito, una de las comunas deprimidas de su mapa social, a los campeones de Suramérica, quienes tuvieron una vista nítida y de primer plano de esta realidad. Una experiencia única e inolvidable para quienes tuvimos la oportunidad de vivirla.  Subir una y otra vez, para constatar lo visto allí, despertó más admiración  por el proceso social que vive la ciudad más convencida de su realidad  en Colombia. Grande este mensaje de Medellín. 

 

Villa Suramericana, es el testimonio y experiencia piloto de convivencia para un plan de vivienda social  que abarca quince mil soluciones para familias que habitan sectores como Pajarito, con muy escasos recursos e ingresos.  La unidad habitacional conformada por torres de doce pisos, con soluciones básicas de bajo costo,  tuvo entre sus paredes a la élite deportiva suramericana para recibir luego a sus habitantes definitivos.

Gerencia Social.   Instalar allí  de entrada, a unas seis mil familias iniciales en los apartamentos utilizados durante los juegos,  tiene un grado de complejidad que bien podría convertirse en un polvorín social peor que las casas humildes, muchas de lata, que configuran el paisaje de Pajarito.  Comunidades de una forma de vida con alto grado de conflicto cotidiano,  requieren una asistencia social para su reubicación y emprendimiento de una etapa novedosa con una forma diferente de estar en convivencia  en las montañas de Medellín.

 

La escuela de la Villa, la unidad de salud, las vías acordes con las normas de urbanismo propias de un sector residencial,  accesibilidad básica,  la adaptabilidad puesta en práctica con una estrategia piloto de ocupación que incluyó a Andrés, un joven en silla de ruedas con una severa limitación física, jóvenes madres cabeza de hogar, quienes prestaron servicios de asistencia durante los juegos y convivieron con los atletas,  son evidencias de un programa diseñado con minucioso estudio.

 

Valor agregado excepcional de la Villa, la excelente conectividad que la convirtió en ciudad digital inalámbrica de libre acceso para todos sus habitantes. Todos conectados todo el tiempo que pudieron.  El lobby de la Villa, un excelente mirador en la estación de llegada del teleférico  de Metrocable, primero en su género como sistema popular de transporte masivo. Sala de prensa con conectividad 10 puntos.

 

Sumado a esto,   la experiencia de los niños de Pajarito, que se encontraron y rozaron la piel con los atletas, quienes generosos concedían el ansiado autógrafo, la sonrisa y el contacto físico.  No se escuchó ninguna voz contra esta experiencia formadora, novedosa e intensa.  Medellín entregó la más grande lección de dignidad  vista por los exclusivos  y algunos excluyentes  señores de la franquicia olímpica, la más codiciada por todos los poderosos del planeta.

 

Gracias Medellín por la vivencia de Pajarito y su ejemplarizante Villa Suramericana. Inolvidable, imborrable  para  más de seis mil embajadores que hablan ahora de una capital de la dignidad, autorespeto  y demostrada auténtica nclusión social, al menos en este tiempo de juegos.

 

Escrito: HERNANDO AYALA M - Marzo de 2010

 

VER    (Video Medellín Suramericanos referencia)

 

 Leer  Cartagena 

 

Esencial  prevenir desastres éticos y morales  en la gestión pública del deporte desde todos sus ámbitos.   <>      

 

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El periodismo debe focalizar y hacer más visible el vaso medio vacío, que la mitad llena. Por supuesto que en su veracidad debe contar las bondades de lo que hay, pero igual tiene que pasar de largo con todas las preguntas sobre por qué falta lo no realizado.  El periodismo no está para contemporizar ni permitir connivencia en el ejercicio del poder público, menos por compromisos ni intereses de agenda común creyéndose un fin en sí mismo.  Si los periodistas, todos a una como cuerpo gremial, se dedican a los aplausos, avales o mociones de respaldo al servidor público, mandatario, objeto del control social, han perdido la distancia esencial y su credibilidad está menoscabada. El mito del cuarto poder hizo perder la perspectiva a demasiados en la profesión de informar sobre lo público. La reputación del periodismo plantea serios desafíos.                                                                                                   

                                                                                                                         Escrito Hernando Ayala M. 

 

 

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