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| 7/14/2011 4:33:06 PM

Delincuencia le quita el sueño a barranquilleros

Súper dispositivos voladores para detectar imágenes a 2 kilómetros de distancia. Globo aerostático para monitorear seguridad. 4 mil hombres para reforzar pie de fuerza, y todo,  para el Mundial sub-20. Mientras tanto, en los barrios y casas, la delincuencia sigue asolando la ciudad. Ni las condecoraciones de Esthercita Forero, se salvaron de la delincuencia. ?

 

POR ANUAR SAAD S.

Mientras caminaba medio dormido en busca del  primer tinto del día, escuchaba una información en la radio que hablaba de cuatro súper prototipos de helicópteros no tripulados dotados con una cámara capaz de captar una imagen a dos kilómetros de distancia. En medio de la modorra del inicio de semana, un entusiasta oficial de la policía aseguraba que habían dispuesto 4 mil hombres para la seguridad, un globo aerostático y helicópteros “de verdad verdad” que harán sobrevuelos con cámaras potentes para monitorear el orden público. Todos los sistemas estarán enlazados a una central de inteligencia para garantizar la seguridad de los barranquilleros.

Pero los 4 mil hombres, los súper robot volador, el globo como de películas y los helicópteros vigilantes son para asegurar que el Mundial sub-20 no tenga ningún contratiempo. La ciudad puede seguir arrasada por los delincuentes, pero el estadio y sus zonas aledañas, deben quedar incólumes, máxime, si se trata de garantizar la seguridad de algún turista desprevenido que vino a gozar de la fiesta del fútbol.

¿Acaso se imaginan lo que dirán de nosotros si un hampón maniático se mete a un hotel donde se concentre Brasil, por ejemplo, y termina hurtando calzoncillos, medias usadas, balón autografiado y balaca de uno de sus jugadores? ¿O que algún director técnico denuncie que birlaron el álbum de fotos, los frascos de linimentos, las banderas y hasta la foto oficial del equipo? ¿O que alguna selección se le dé –como a la de México- de contratar buenas niñas malas quienes además de “hacer lo suyo” terminen llevándose computadores, anillos, cámaras y  algunos que otros dólares?

Al fin y al cabo, amables lectores, qué escándalo habría si asesinan a otro tendero; si un niño de catorce mata a otro porque tenía su camiseta puesta; si un vecino es rellenado a balazos frente a todos cuando compraba cigarrillos en una tienda; si caminar en barrios supuestamente residenciales de Barranquilla es considerado como un “deporte de alto riesgo”; si lo inusual después de que se retire algún dinero en el banco es que el ciudadano llegue con el billete a salvo a casa o que después de departir un día en alguna playa cercana, se den cuenta que los amigos de lo ajeno, mientras usted descansaba, ellos “trabajaron” en su casa. Basta leer la prensa para deducir que estos hechos, que hace algunos años aterrorizarían a los barranquilleros y a las autoridades, hoy son tan comunes que cualquiera de nosotros puede salir retratado –en mala hora—en Al Día.

En unas declaraciones recientes de la Policía Nacional sobre el asalto a la casa de la inolvidable Esther Forero, el oficial afirmaba que precisamente “ese sector de El Silencio era susceptible a esta clase de actos por estar en una zona tránsito con barrios como Me Quejo”. Pero a pesar que las autoridades saben eso, los habitantes tuvieron que conformar un frente de seguridad para garantizarse, ellos mismos, su tranquilidad ante el flagelo de la delincuencia en el sector, porque la vigilancia policial no ha sido suficiente.

Durante la presentación del plan de seguridad con miras al Mundial Sub 20, el general Óscar Pérez, comandante de la Policía, anunció que “las patrullas vigilarán permanentemente los centros comerciales, hoteles, restaurantes, moteles, discotecas y bares, para garantizar que haya cero delincuencia en este importante evento”. Cómo le agradeceríamos al Comandante si, además de la lucha contra la delincuencia común durante los partidos del Mundial sub 20 en Barranquilla, ésta se hiciera extensiva todos los días, en cualquier fecha, para mejorar la seguridad ciudadana.

Es loable la inversión millonaria que la Alcaldía realizó para reforzar la vigilancia con miras a este importante evento. Pero no deben bajarse los brazos y pensar que con esto el problema de seguridad de la ciudad está resuelto: ésta inversión es sólo para un plan de contingencia de un evento fortuito en la ciudad. Ahora se necesita del mismo compromiso y decisión de las autoridades civiles y policiales, para que la tranquilidad en la ciudad tome su curso, sin necesidad de que cada mes seamos sede de algún evento internacional, porque hoy por hoy, la inseguridad acecha en sectores, barrios y casas de esta capital.

El reciente asalto a la casa de Esthercita Forero, además de un irrespeto a la memoria de una de nuestras máximas glorias, es la muestra palpable que la delincuencia no respeta jerarquías ni honras y, lo peor, que no tienen idea del valor simbólico de los objetos importándoles un pepino pisotear los manuscritos de sus canciones inmortales y hurtar, engañados, los trofeos de nuestra barranquillera insigne pensando que como estaban brillantes y bonitos, tenían un valor material.

Desde ya aviso a los señores asaltantes, por si algún día deciden visitarme, que el portátil que está en el mueble, debajo del televisor (que no es plasma, ni LCD ni mucho menos LED) está inservible. Que los adornos no son de Murano sino de María, mi mamá, y que lo único que encontrarán en un cofrecito que parece de porcelana, pero en realidad es de plástico duro, son unos recibos sin pagar y que la camiseta del Junior, colgada en el balcón, ya no se la roba nadie después de las dos últimas pobres campañas.

Pero como están las cosas… ¡Ya nunca se sabe!

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