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| 10/23/2012 2:10:15 AM

El color de la paz en la prensa escrita

 

En Oslo “Cada parte habló para su galería. Justo. De la Calle muy compuesto y Márquez muy suelto. Cada cual en su esquina. No podría ser de otra manera. Una negociación sobre intereses que durante medio siglo se han tratado de resolver a balazos no podría haber comenzado con besos.” Alfredo Molano Bravo.

 

“Los discursos se construyen con tiempo, con doctrina, con paciencia si se quiere, y eso es lo que las Farc van a mantener durante un buen tiempo. Y si es con palabras y no a bala, mejor. De eso se trata todo.” Editorial de El Espectador, domingo 21 de octubre.

 

“La gran mayoría de los colombianos desean la paz con la guerrilla, apoya al presidente Santos en esta tarea y aceptaría algunas concesiones sobre su reincorporación a la vida social y política.” Armando Montenegro.

 

“En lo que sí estuvieron de acuerdo fue en no negociar a espaldas del país. Cada cual defendió su interpretación. El Gobierno no quiere prestarles el micrófono a las Farc y las Farc no están dispuestas a convertir la mesa en un confesionario para ser absueltas en silencio. Llegarán a un acuerdo”. Alfredo Molano Bravo.

 

“Dicho en otras palabras, que el objetivo no es arreglar y transformar el país en la mesa, sino acordar la forma de poner fin al enfrentamiento armado, que las Farc se incorporen a la vida civil con todas las garantías para hacer política, para defender sus ideas con las armas de la democracia.” María Elvira Samper.

 

“Los que se sientan en la mesa son dos. Y en este sentido, por ahora, Gobierno y guerrilla son igualmente legítimos para expresar sus posiciones.” Editorial de El Espectador, domingo 21 de octubre.

 

Esta es una muestra de la opinión diversa de El Espectador, del día 21 de octubre del presente año. Son opiniones fundadas en expectativas y convicciones democráticas. Sin embargo, es pertinente conocer la amplitud de estos mismos textos y también las opiniones de todos, de los que escriben, de los de la radio y los de la televisión para formarse una opinión personal del proceso de paz colombiano. Hay que aprender a leer entre líneas para descifrar los intereses que hay detrás de la opinión del periodista.

 

Por ejemplo, después de leer a Montenegro, a uno le queda el sabor agridulce del establecimiento, o del régimen, como decía en vida, Álvaro Gómez Hurtado, y el afán de hacernos creer que ahora la guerrilla de la Farc se merece las migajas del establecimiento (“algunas concesiones sobre su reincorporación…”). El tratamiento a la subversión sigue siendo no el de un interlocutor válido de una situación de final de la guerra, sino el de un enemigo al que hay que seguir aniquilando. Y nos habla de los límites de la opinión pública, como otros nos hablan de los límites del marco legal, pensando que los cinco puntos son una camisa de fuerza para los locos de la guerrilla. Claro, se desconoce que la mesa de negociación es un espacio político y no como lo quiere convertir el gobierno, en una cárcel para aprisionar los sueños reales de las gentes del común. Las formalidades por encima de las realidades nacionales.

 

Cada lector irá entonces, subrayando las líneas gruesas de sus intereses ciudadanos, pensando cómo contribuir a la construcción de un país mejor y de todos. Esa es la mayor contribución de la prensa escrita, ayudar a pensar y analizar las variables que atascan o liberan al mundo de la barbarie de la guerra. En la medida que los ciudadanos obtengan la mayor y mejor información de la situación histórica de su país, mejor será su comportamiento civil, presto a buscar la justicia social por encima de los intereses estofados de las minorías poderosas. Esta lucha será desigual, porque el tiburón del poder, ramificado en invariables proyectos de opinión, no dejará de morder al débil pájaro, que ansioso trina por sus utopías…

 

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