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| 2/12/2012 1:11:08 PM

EL CONFUSO IDEAL DE LAS FF.AA. COLOMBIANAS.

De manera casual en el pasado fin de semana  vi una película en la televisión sobre el famoso caso Dreyfus, episodio que sacudiría a Francia en las décadas finales del S. XIX. Se procesó al entonces teniente Dreyfus por traición a la patria al acusarlo de espiar a favor de los alemanes. El caso se complicó porque lo que se demostró en el proceso judicial fue que a Dreyfus le montaron un “falso positivo judicial”, presumiblemente por ser judío. La figura de la película gira en torno al coronel de inteligencia Georges Picquart quien, siendo investigador del caso, descubrió no solo al verdadero espía sino que develó que a Dreyfus le “fabricaron” pruebas incriminatorias y así lo denunció. Entonces estalló en torno al establecimiento militar y político de la Tercera República francesa un escándalo de tal magnitud que amenazó con el rompimiento de los fundamentos filosóficos y constitucionales de la República. El establecimiento militar presionó a Picquart, invocando el famoso “espíritu de cuerpo”, a que se retractara de su testimonio; ante su negativa, este fue relevado y enviado al Africa; posteriormente fue inculpado, en otro “falso positivo”, de malversación de fondos y enviado a prisión. Es allí donde se recrea una escena que me llamó la atención: se encuentra el coronel Picquart recostado en un catre, en su celda, escuchando un concierto y atendiendo a uno de los emisarios de los generales franceses que buscan presionarlo; Picquart lo invita a que se maravillase con la pieza musical y reflexiona que es posible que uno de los violinistas le pegase a su mujer o que el flautista podría ser un alcohólico, y así los demás músicos y su director podrían tener sus defectos pero que, en armonía y con sensibilidad musical, podían producir esa obra de arte, obra que comparaba con lo que denominaba el “ideal del ejército”, el ideal del soldado-caballero, el ejército del honor. Finalmente, Dreyfus fue encontrado inocente y rehabilitado y lo mismo sucedió con Picquart, quién además llegó posteriormente a ocupar un alto cargo ministerial en el gobierno. El verdadero culpable huyó a Inglaterra y nunca fue procesado.

 

Lo anterior viene a colación por lo que ha sucedido alrededor de una sentencia del Tribunal Superior de Bogotá en contra del coronel Plazas y de otros episodios que han involucrado a algunos militares colombianos que no pueden ser considerados propios de los soldados caballeros. Si bien las guerras no las pelean ángeles y un conflicto bélico degrada a los combatientes, pero teniendo en cuenta que estamos inmersos en un conflicto interno, nuestras Fueras Armadas debe representar con mayor razón el ideal del caballero combatiente, sus mandos deben tener una orientación ética que lidere a la tropa, aún en los momentos más duros de la batalla, a un nivel superior de comportamiento humano y civil, es decir, de respeto por el orden jurídico y de reconocimiento de los mínimos valores del comportamiento del ser humano.  

 

Empecemos por los menores. En noticieros de televisión y en internet han circulado fotos e imágenes de soldados maltratando y asesinando a perros. Cualquier ciudadano se pregunta si es una práctica del entrenamiento que reciben nuestros soldados; pero lo que más puede preocupar es que a estos seres humanos que son capaces de maltratar a criaturas indefensas, y con muestras de alegría,  son a los que los colombianos les confiamos la protección de nuestra sociedad y de los valores de una sociedad superior que queremos construir. Si la base de una organización se corrompe no se encuentra fundamento alguno para sustentar el andamiaje institucional. Reflexión final: ¿Qué papel desempeñaron los oficiales subalternos, futuros oficiales superiores, en estos tristes episodios?

 

Subiendo la intensidad. El juicio contra el subteniente Muñoz, quien hasta el momento tiene una presunción de inocencia, por la violación  de una niña y de su muerte junto con la de sus dos pequeños hermanos, niños campesinos del Caquetá, deja mal parada la imagen del ejército; primero, queda en entredicho el proceso de selección de cadetes en la Escuela Militar; segundo, ante los testimonios de sus compañeros de armas y de un alto oficial,  en donde el subteniente queda gravemente comprometido, no se entiende el porqué inicialmente el ejército en la zona se concentró en proteger al oficial , mientras el padre de los niños tuvo que huir de su tierra ante las amenazas de muerte que recibió por hacer público el crimen. Finalmente, ¿Será que la defensa del oficial se está haciendo con recursos públicos? Esta “solidaridad de cuerpo” ante el delito atroz no puede seguir haciendo carrera.

 

Llegando a las ligas mayores. Se ha ratificado la condena al coronel Plazas por los desaparecidos en la retoma del Palacio de Justicia y se ha venido armando una hecatombe desde los estamentos militares y sectores proclives a ellos. Buscan tergiversar el fallo no mirando que se condena al oficial por hechos delictivos en contra de civiles inocentes e inermes sucedidos aun después de terminar la operación militar de recuperación del edificio. Esa acción contradice la inscripción, que estaba en la anterior estructura del palacio y que se encuentra también en el nuevo edificio, de la frase célebre de Santander: “Colombianos, las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad", ya que para los desaparecidos las armas oficiales la única liberación que les ofrecieron fue la de la vida. Quien pretendió defender la democracia (maestro) no hacía públicos los valores democráticos que interiorizaba, ya que si la democracia que entiende es la de la subordinación de la justicia a los intereses de la Fuerzas Armadas, en lugar del bien común de la sociedad, entonces realmente estaba defendiendo otro concepto de democracia, ajena a los principios rectores constitucionales de nuestra nación. Esta posición encuentra eco en la cúpula del establecimiento militar.

 

El ideal de unas FF.AA. democráticas en nuestro país está lejos de alcanzarse. Desafortunadamente desde hace muchos años en su cúpula no se ven  generales que tengan una formación humanista, llegan  los que  han sido llamados troperos, son mal hablados y recitan mal las frases discursivas por alguien escritas para sus declaraciones públicas. Desafortunadamente oficiales de la talla del general (R)  Álvaro Valencia Tovar  no llegan lejos hoy en día; se destacan los que más positivos muestren, así sean falsos. Así que no sorprende la exigencia del coronel Plazas de que la justicia lo tiene que exonerar.

 

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