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| 10/11/2011 10:36:00 PM

El derecho a abortar

Mucho es lo que se ha dicho por estas semanas en diferentes medios de comunicación y redes sociales respecto del tema de la penalización del aborto en todos los casos.

 

Pero el debate que podría definir las cosas está sucediendo al interior del recinto en el que funciona el congreso.

 

Como mujer puedo decir que en primera medida me parece indignante que nuestras voces sean las menos escuchadas, que la única mujer que integra la comisión en la que se discute la posible prohibición haya presentado excusas para no asistir al debate de un tema tan trascendental, que si bien a ella pudiera o no interesarle, es decisivo a diario en la vida de miles de sus compatriotas a quienes la posibilidad de tener o no un hijo, puede inevitablemente cambiarles el futuro. Me indigna entonces que en pocas palabras sean los hombres los que en pleno siglo XXI siguen tomando decisiones sobre nuestro cuerpo, sobre nuestras vidas.

 

Pero dejando a un lado tales sentimientos respecto del debate actual dentro del congreso. Entraré a exponer ciertos puntos respecto de este tema que considero deberían ser decisivos a la hora de aprobar o no el polémico proyecto.

 

Empezaré por referirme a la casi total inoperancia que tiene la norma que prohíbe el aborto dentro de nuestro código penal, que lo tipifica como una clase de homicidio, delito por el cual no puede ser solo condenada la gestante, sino también el médico o persona que la asista en la práctica de tal procedimiento.

 

En este caso resulta pertinente resaltar que tal disposición legal es actualmente en la práctica lo que muchos llamarían 'letra muerta'. Es decir, una norma que si bien está vigente dentro del sistema legal, no tiene mucha aplicación por parte de los jueces penales, por muchas razones, entre ellas que no es un delito tan fácil de probar ni mucho menos denunciar.

 

Les pregunto: Si una mujer de su entorno decide abortar, por X o Y motivo: ¿qué tan probable sería que usted instaure la denuncia ante la autoridad competente? 

 

No es un delito que sea comúnmente denunciado, y mucho menos condenado en la práctica por los jueces.

 

Podría afirmarse entonces que es una norma que no cumple a cabalidad su finalidad, ni antes de que la Corte Constitucional despenalizara algunos casos, ni actualmente, y probablemente tampoco a futuro.

 

Ahora, bien, que no se denuncien los abortos cometidos a diario en este país no quiere decir que no se cometan.

¡Claro que son cometidos! Algunas cifras nos hablan de cientos de miles de casos al año. 

 

Abortos que obviamente se realizan al margen de la legalidad, de manera clandestina, en clínicas 'de garaje', asistidos por personas que pueden o no tener licencia para ejercer la medicina, practicado por las mismas mujeres gestantes que consiguen comprar pastillas como el famoso 'Cytotec' que en todo caso pone en inminente peligro sus vidas y su integridad personal. Eso sin tener en cuenta los casos en los que médicos de mucha reputación cobran altas cifras por realizar tal procedimiento a sus pacientes con la promesa de guardarles el secreto y no poner en riesgo sus vidas.

 

Podemos concluir entonces que el aborto, por estar prohibido, no deja de ser practicado, lo que sucede en cambio es que las mujeres con suficientes recursos económicos consiguen hacérselo con médicos de confianza y las pobres tienen más posibilidades de morir durante ese procedimiento o tener secuelas indeseables en sus cuerpos luego de ello. Sin que tengan posibilidad de demandar o defenderse por mala 'praxis' porque en ese caso ellas también son delincuentes. 

 

Cosa distinta puede decirse de otras normas que regulan distintos tipos de homicidio, con base en las que se han proferido innumerables condenas y ciertamente cohíben a muchos de las ciudadanos de cometer tales conductas.

 

Ahora, entiendo que un país con creencias religiosas muy marcadas como el nuestro, en la que el 90% de la población dice profesar la fe católica, esté de acuerdo con la iglesia en eso de que el aborto es un acto abominable y ofensivo a los ojos de Dios.

 

No estoy diciendo que se trate de un tema fácil, hay muchos dilemas que se suscitan al respecto. En todo caso hay más de una vida en juego, la de la mujer embarazada y la del gestado.

 

Comprendo que si una persona considera al aborto como una horrible forma de cometer homicidio se abstenga alguna vez de practicarlo. Así como el hecho de que una persona esté de acuerdo con que se despenalice tal conducta no implica necesariamente que estaría dispuesta a practicarse un aborto en el futuro, como sucede en mi caso.

 

Lo que no comprendo es por qué se empeñan nuestros legisladores en incluir en nuestro sistema jurídico una norma que no solo será inoperante en muchos sentidos, ya que la simple prohibición del aborto no cohíbe a muchas mujeres de practicarselo, sino que en lugar de prevenir la comisión de esa conducta convierte esta actividad en un negocio clandestino, y como todo negocio ilegal, una actividad rentable, rentable a expensas de la integridad personal y la vida de quienes se lo practican.

 

En todo caso son muchas las razones que pueden llevar a una mujer a terminar con un embarazo no deseado. Por una parte las económicas, por otras las sociales, las familiares, médicas, psicológicas, en fin, las hay de todo tipo.

 

Planteando el caso de las mujeres que han sido violadas y conciben un hijo de sus victimarios, no es fácil juzgarlas por no querer tener a ese hijo. Me pregunto también si acaso a algunos de nuestros honorables congresistas le gustaría tener como nieto al hijo de un violador. 

 

Lo que quiero plantear es que es fácil condenar un conducta cuando no has vivido tú mismo tal situación, y en el caso de los hombres, por condiciones biológicas nunca tendrán que pasar por ella.

 

En este punto de la lectura tal vez muchos piensen que apoyo la irresponsabilidad de quienes quedan en embarazo por tener sexo sin protección, que no me parece cruel que extraigan a un feto ya casi completamente formado con un procedimiento que implica prácticamente despedazarlo, como muchos hemos visto en diferentes videos que circulan en la red, en esas famosas cadenas de correos que pretenden cambiar nuestra opinión respecto de los temas. 

 

Por lo anterior quiero dejar en claro que mi posición al respecto es la siguiente:

Considero que las excepciones establecidas por la Corte Constitucional respecto del aborto deberían continuar vigentes, que los congresistas solo están empeorando la situación de cientos de miles de mujeres y estimulando a la vez la práctica ilegal del aborto con una prohibición que, como ya he expuesto en párrafos anteriores, aparte de exagerada resulta inoperante en la práctica.

 

Considero entonces, como mujer, como futura abogada, y como ciudadana, que el Estado debería dejar de hacerse el de la vista gorda con este tema y entrar a despenalizar esta conducta, bajo ciertos parámetros, que ya han sido impuestos en otros países: Establecer por ejemplo que procede el aborto sólo dentro de las primeras 6 u 8 semanas de gestación, por poner un ejemplo, ya que corresponde a los médicos determinar una cantidad de tiempo razonable, debido a que es lógico que, por poner un ejemplo, practicar un aborto a los 6 meses de gestación no solo resulte extremadamente riesgoso para la madre, sino cruel e inhumano con el feto que a medida que pasa cada día desarrolla más su sistema nervioso. En tanto que con cada día de gestación resulta más difícil desde toda perspectiva defender la interrupción voluntaria de un embarazo.

 

Otros coincidirán conmigo en que la real solución a esta problemática está en la educación preventiva, educación desde el colegio, universidades, y por supuesto desde las casas. Nos parezca mentira o no hoy hay muchos jóvenes, de diferentes estratos que no saben lo suficiente acerca de métodos anticonceptivos: he escuchado a niñas de 15 años preguntar si es cierto que no pueden quedar embarazada la primera vez que tienen relaciones.

 

Entonces ojala lo que se estuviera discutiendo en este momentos en el congreso fuera un plan con medidas educativas para tener una población mejor asesorada en temas de salud reproductiva.

 

Todo lo anterior sin entrar a discutir qué futuro le espera a la cantidad de niños producto de embarazos no deseados, sobre todo los que nacen en el seno de familias de escasos recursos, porque es precisamente ese grupo demográfico el más afectado con esta situación, así como es el más afectado con todas las políticas represivas que adoptan nuestros gobernantes que prefieren condenar a prevenir, castigar antes que educar.  

  

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