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| 7/3/2012 1:30:45 PM

EL MELOSO CON LA CONSTITUYENTE: MIJA ES SOLO UN TRIS.

La reacción de rechazo de la sociedad a la llamada “Reforma Judicial” la interpreto como el anhelo ciudadano de salvaguardar  la Constitución del 91. Esta, con apenas veinte años de vigencia, ha sido una carta política progresista que ha empoderado al ciudadano colombiano frente al poder del estado (ejemplos: la tutela a los derechos fundamentales, las acciones de cumplimiento, los derechos de petición, entre otros). Quizá este carácter progresista atrajo a grandes enemigos de su existencia desde su génesis; estos enemigos se localizan  en los sectores más retardatorios de nuestra sociedad y no han dudado en formar alianzas  con grupos criminales armados con la esperanza de “refundar” la patria, obviamente con una nueva constitución política menos progresista o de cuño de derecha.

 

Ahora los amigos “refundadores”, ante el fracaso de la reforma a la justicia, están buscando la convocatoria a una asamblea constituyente como mecanismo de reforma,  argumentando que es la única vía para que esto sea posible. Ante el temor, bien infundado, de no pocos ciudadanos sobre las reales intenciones de la convocatoria se han apresurado a decir que esta constituyente únicamente abocaría el tema de la reforma al Poder Judicial y que no tocaría temas del Ejecutivo como por ejemplo habilitar constitucionalmente una reelección presidencial indefinida, con beneficiario propio. El argumento que pretende disipar los temores en el público se parece un poco al modo en que los avivados seducían a las mujeres ingenuas - sobra decir que en un pasado lejano- y que consistía en decirles que se no se preocuparan en acceder a sus peticiones, que solo era un trisito; para nueve meses después entender que el tris era posiblemente  cuestión de relatividad física. En el aspecto constitucional, aunque la Carta establece como mecanismo de reforma una asamblea constituyente para un propósito específico, en la práctica una asamblea de esta naturaleza se constituye en un salto al vacío con finales inesperados.

 

Una asamblea constituyente per se es el Estado, el constituyente primario reunido en una asamblea no tiene mayor limitación que aquella que su voluntad le dicta y, por lo tanto, podría abocar la reconfiguración total del Estado con unas consecuencias prácticas graves, sobre todo sí en ella no se representan con equidad todas las fuerzas sociales y políticas de una nación; más grave aún, podría llegar a revocar el poder del Presidente, entre otras gracias. En Colombia muchos sabemos qué tipo de criatura constitucional quieren parir algunos sectores retardatorios de nuestra nación;  aquellos que son capaces de romper uno de los huevitos de su líder como “la confianza inversionista” con la incertidumbre de una asamblea constituyente innecesaria, aquellos que hablaban de defender el estado de derecho mientras utilizaban todo su poder para espiar ilegalmente a magistrados, periodistas y políticos de oposición, aquellos que hablaban de transparencia en la gestión pública y permitían que esquemas como Agro Ingreso Seguro fuese una vena rota en el presupuesto público, aquellos que prometen presentar como funcionarios públicos las declaraciones de renta personales y de su familia y hasta el momento no se conocen, en fin aquellos “buenos muchachos” con tantos cuestionamientos éticos y judiciales pretenden ahora salvar al país con una reforma a la justicia a través de una constituyente que modifique las reglas institucionales a su medida.

 

Así como mujeres ingenuas no se encuentran hoy, no importa su edad, espero que los ciudadanos ingenuos que queden sean pocos y sepan valorar las reales intenciones a las  propuestas que con solo ropaje de decencia les endulzan el oído.

 

La reforma a la justicia puede ser tramitada en dos partes. El arreglo constitucional que se requiere puede ser tratado como el ministro Vargas, en su momento en la cartera de Interior y Justicia, tramitó la eliminación de la Comisión Nacional de Televisión (CNTV). Con un proyecto de acto legislativo sencillo quitándole el rango constitucional; aquí con un proyecto similar se puede impulsar la eliminación del Consejo Superior de la Judicatura y sentar las bases para que la ley determine el nuevo ente administrativo y financiero de la rama judicial. Así mismo, para tratar el tema de la tutela contra sentencias judiciales y que provocan choques de trenes al interior de las cortes, un proyecto igualmente puntual y preciso, con escaso articulado, puede tramitarse sin dificultad; el proceso de eliminación de la CNTV se puede replicar para este propósito.

 

Adicionalmente, la sociedad puede presentar un proyecto de ley como iniciativa ciudadana. Se puede convocar a una mesa compuesta por la academia, Asonal judicial, ex magistrados, asociaciones de abogados litigantes, representación de organizaciones sociales y miembros de los partidos políticos, que no necesariamente sean congresistas para que los comprometan en su trámite posterior en el Legislativo, y otros que  puedan diseñar, en un plazo no mayor a seis meses, una reforma judicial. Inclusive se puede diseñar un mecanismo de interlocución con el gobierno (Presidente y Ministro de Justicia) y con el Fiscal General para introducir los elementos de política criminal que legalmente ellos definen. Con un programa de socialización y divulgación de avances se puede facilitar la recolección de firmas para presentarlo en el Congreso, inclusive esta presentación la puede hacer el mismo presidente como ciudadano. Esta reforma producto de una participación ciudadana y ante el desprestigio del Congreso, y la vigilancia que se ejerza en su trámite, lograría una justicia probablemente más acorde a las sentidas necesidades de los ciudadanos -y no a las de los privilegios particulares- y desarrollaría un ejercicio de verdadera participación ciudadana que la Constitución tiene previsto para fortalecer al ciudadano frente a los poderes públicos.

 

Definitivamente se requiere que los ciudadanos desarrollemos en la práctica  las herramientas que la Constitución dispone para que podamos participar en el desarrollo social de nuestra patria. No necesitamos desechar una constitución progresista que apenas estamos conociendo.  A semejanza del consejo  que  seguramente los mayores les hubiesen dicho a las muchachas, a cada uno de los ciudadanos nos pueden decir: mijo cuídese, no se deje engatusar. 

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