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| 11/11/2012 12:41:00 PM

EL PAN DE CADA DÍA: ASESINATOS Y MASACRE

La situación del país es absolutamente grave en materia de seguridad ciudadana.  Cuando suceden hechos como el de Santa Rosa De Osos, las autoridades siempre reaccionan mostrando cifras ponderadas para demostrar que este año hemos mejorado sustancialmente pese a la tragedia. Ciudades como Medellín, Bogotá, Cali y Barranquilla, están en una guerra entre bandas por el poder territorial, que las autoridades no han podido controlar pese a sus grandes esfuerzos.  En las negociaciones actuales o en una mesa paralela deberá ventilarse este tema consustancial al problema guerrillero, el narcotráfico y la historia variopinta de nuestra violencia.

Con las grandes migraciones en los años cincuenta del siglo anterior se crearon  cordones de pobreza en todas las capitales importantes del país, las luchas entre los partidos políticos, el narcotráfico, la guerrilla,  han contribuido al incremento de la violencia, que hoy está por fuera de todo control institucional por la multiplicidad de micro poderes que aparecen a su alrededor.  Cada década estuvo marcada por un eje sobre el cual gravitó la violencia como constante. En los años cincuenta y principios del sesenta del siglo pasado la violencia partidista y el desplazamiento; en el sesenta la lucha guerrillera y la exclusión política; en el setenta, se le sumo a la violencia rural, el narcotráfico; ochenta y noventa, el paramilitarismo que pervirtió totalmente al estado, pues realizó alianzas que hoy nos apenan.  Cada fenómeno se agrega al anterior sin desplazarlo, esto quiere decir nuestros problemas crecen exponencialmente.  Como no hay política de estado frente al mismo, cada gobierno improvisa formulas. En medio los ciudadanos inermes.

El sicariato, las masacres, la extorsión, el matoneo, las vacunas son una realidad de a puño. Las Bacrim son verdaderas organizaciones, con una estructura jerárquica, dominio de territorios, armadas y con liderazgos reconocidos. Muchas de estas organizaciones quieren hablar con las autoridades, buscan una salida política, para decirlo en términos de justicia transicional. Pero mientras esto sucede, una verdadera tragedia se vive en las calles. La muerte ronda en nuestras ciudades. Es una lucha entre bandas, pero está afectando sustancialmente la vida de los ciudadanos de bien y realmente hay muchos muertos inocentes en esta guerra despiadada.

A esto se suma una juventud des-contextualizada en estas zonas vulnerables, inmersa en sociedad de consumo que  sólo vive y piensa para el hoy, al día.  La apariencia lo es todo para ellos y el bienestar inmediato. El goce a toda costa. Así de simple. Con ellos el dialogo es muy difícil, no hay salida. Pareciera que fuera imposible cualquier cambio de actitud al respecto.

En Colombia donde hay cualquier amago de riquezas, llámese minería, comercio, desarrollo rural, narcotráfico, ahí hay un combo. Las grandes ciudades son una joya para ellos. Los partidos políticos, parecen muy alejados del tema, no le dan la importancia que amerita. El gobernador de Antioquía, quien es el que más trabaja en el tema con el Alcalde de Medellín, son verdaderas ínsulas frente al tema,  sin respaldo del gobierno central.  Este no es un tema solamente policivo. Colombia deberá tener una actitud diferente frente a un problema tan grave.

Todos los días nos enteramos de asesinatos, masacres, suicidios, desplazamiento, masacres. Señores cuando asumiremos nuestro problema de violencia con absoluta seriedad.  Sé que no es fácil, pero debemos empezar, sabemos que el gobierno tiene la capacidad de convocatoria para asumir la tarea con absoluta entereza.

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