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| 4/9/2012 10:37:27 PM

EL VIACRUCIS DE PIEDAD.

A propósito de la conmemoración religiosa católica de la semana pasada, Piedad Córdoba ha venido sufriendo su propio viacrucis desde el momento en el que se involucró en los procesos de liberación de los políticos, militares y policías secuestrados por las Farc, en diversas acciones ocurridas desde hace más de una década. Una gran parte  de la sociedad, incluyendo algunos de los propios plagiados que recuperaron su libertad por su gestión, no le ha valorado  ni le ha agradecido el esfuerzo que ella ha hecho por rescatar de las cadenas opresoras del secuestro y de la muerte al grupo de ciudadanos y militares que padecieron esa infamia. El momento más revelador de la ingratitud, como muchos más lo notaron, fue cuando al término de la última operación humanitaria, cuando las Farc entregaron a los últimos diez miembros de la Fuerza Pública que tenían en su poder, en el discurso del presidente de la república, celebrando el regreso a la libertad de estos compatriotas, no se encontraron las palabras de agradecimiento y reconocimiento  para la ex senadora.

 

El ser humano es egoísta y, generalizando, los colectivos sociales tampoco se caracterizan muchas veces por corresponder adecuadamente a los gestos de algunos líderes que han trabajado por elevar sus condiciones materiales y espirituales. La llamada Semana Mayor cada año nos recuerda la crucifixión de un Jesús, que días atrás al de su muerte era aclamado a su llegada a Jerusalén,  solitario de la multitud que lo seguía; acompañado por otros dos condenados al mismo suplicio; abandonado por sus discípulos más amados y despreciado por muchos que, sin pudor alguno ante la tortura a la que era sometido, aún encontraban palabras para la ofensa y la burla contra él. Claro está, no es mi intención comparar a la ex senadora con la figura de Jesús, solo que la época de conmemoración trae a ilustración el comportamiento ruin de mucha gente contra quien bien le sirve, a pesar de los errores y equivocaciones que se puedan cometer en el propósito, para el caso de Córdoba.

 

Piedad Córdoba es una figura polémica. Ha sido una tenaz luchadora por las causas sociales. Sí en algunos momentos de la efervescencia oratoria algunas de sus posturas a favor de la protesta social hubiesen rayado con algún respaldo tácito a la presencia de la guerrilla en el país  no se le puede catalogar como guerrillera o representante de las Farc en la sociedad civil colombiana. Es criticada por su cercanía a Hugo Chávez y a su régimen, pero no es la primera y ni será la única dirigente política que ha tenido o tendrá  cercanías con regímenes “coco” para los colombianos; recordemos que hace décadas uno de ellos era el cubano y el ex presidente López tenía canal directo de comunicación con Fidel Castro sin que fuese objeto del tamaño del linchamiento social y político al que es sometida Córdoba.  Algunos dicen que tiene contactos con la guerrilla; ¡Pues claro!, si ha sido intermediaria para las liberaciones algún contacto o medio de comunicación debe tener con los grupos ilegales. Los anteriores aspectos no pueden dar lugar a que algunos sectores expresen un odio visceral contra ella; nadie es perfecto y a los críticos más acérrimos les aplicaría el refrán: “dime de qué te ufanas y te diré de lo que careces”.

 

Encuentro que los grandes pecados que ella puede tener son los de la imprudencia y la impaciencia, talanqueras que no se puede dar el lujo de sufrir un diplomático en materias de mediación; debería hacer un  acto de contrición para seguir adelante con éxito en sus deseos de contribuir a la solución negociada, que tantos buscamos, al conflicto colombiano. El papel de mediador es el más difícil ya que debe ganarse la confianza de las partes; es un papel en el que el saber callar es más importante que el hablar y en el que se debe tener la plena conciencia de que no tiene los hilos del poder en una mesa de negociación, ya sea formal o informal. Por lo tanto, por más deseo de que un proceso político avance no se puede presionar a las partes a acelerarlo o tratar de presentarles hechos cumplidos para tal fin. En el caso específico del gobierno colombiano, el presidente Santos ha dejado claro que es él quien sabe cuando inicia un proceso de negociación con las Farc; ha dicho que no necesita  gestión de terceros; en resumen, ha sido enfático en afirmar que él sería el director de la orquesta y, por lo tanto, marcaría los tiempos y les daría la entrada a los protagonistas.

 

Por lo tanto, con el respeto debido, Dra. Piedad Córdoba: el trabajo que le falta hacer por cumplir con su anhelo de conseguir  paz lo debería realizar con la prudencia que la inmensa responsabilidad que se cargaría a cuestas lo ameritaría; si necesita acompañamiento internacional para alguna actividad que este se dé con la discreción necesaria y procurar no generar controversias en las etapas de intermediación.

 

Para los sectores de la sociedad que la detestan solo se les puede decir que si buscan la construcción de una sociedad mejor para sus herederos esta no se logra con fundamento en  el odio; el contradictor debe ser tratado con respeto y debe reconocérsele su derecho a ser diverso.

 

Esperemos que a esta mujer que se la ha jugado tanto en la búsqueda de una sociedad mejor le sea reconocido su papel en la historia y, en lo más mínimo, por ejemplo, que pueda tener el derecho a comprar un inmueble sin que los potenciales vecinos veten su presencia.

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