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| 9/10/2012 11:49:03 AM

ESPEREMOS QUE LA ETAPA PÚBLICA DEL PROCESO DE PAZ HAYA TERMINADO.

No se conocen detalles del proceso de paz entre el gobierno y las FARC pero se puede inferir que su diseño estratégico tiene elementos como los que permitieron que en Irlanda del Norte, después de décadas de sangriento terror, las partes en conflicto  llegasen al llamado “Acuerdo del Viernes Santo”, que  permitió alcanzar la paz entre católicos y protestantes. Los elementos comunes que, a hoy, podemos hallar son: el inicio de conversaciones y negociaciones secretas, el carácter elitista del proceso y la mediación de un tercero (en ese caso de los EE.UU.). Sí ya el secreto dejó de serlo es imperativo que retome el proceso su carácter de reservado y cerrado.

 

El inicio y desarrollo de las conversaciones sin estas estar expuestos a la opinión pública tiene entre sus ventajas el aislar a un proceso de negociación de los ruidos que pueden perjudicarlo, pero sin desconocer los intereses de quienes podrían generarlos, en la defensa de sus legítimos intereses. De lo anterior surge el segundo elemento y es el carácter elitista del proceso, entendiéndolo como el que permite que tomen asiento en una mesa de negociaciones los principales actores (o sus representantes más emblemáticos)   del conflicto, tomando el gobierno la representación de la sociedad y velando para que los intereses de los ciudadanos queden salvaguardados; así debe garantizar que las víctimas del conflicto reciban una reparación justa, tanto en el aspecto moral como material, y que la justicia del Estado prevalezca, esto entre otros aspectos; por esta razón la presencia de altos oficiales en retiro del Ejército y de la Policía Nacional - siendo el de esta institución un oficial que por su reciente retiro y por su trayectoria en ella conserva  aún un muy alto ascendiente – y del líder de la organización gremial más importante de Colombia asegurarían que lo que en Oslo se acuerde cuente con el respaldo necesario del establecimiento militar y económico; por parte de la guerrilla al parecer se puede observar los mismo: los negociadores son los de mayor perfil dentro de las FARC, inclusive se encuentra sentado Iván Márquez que ha manifestado las posturas más extremistas en el desarrollo estratégico de ese movimiento. Finalmente, la mediación internacional también se hace presente, solo que con un abanico más amplio: Noruega como sede y facilitador del proceso, Cuba y Venezuela con un papel protagónico que muy seguramente a su debido tiempo se conocerá y Chile como balanza del gobierno en la mediación internacional.

 

La negociación entre el gobierno y las FARC, como lo sospechábamos, se inició formal y secretamente meses atrás. Falta anotar que en el proceso de Irlanda se definió una metodología para alcanzar el acuerdo, esperemos que en esta etapa inicial se hubiese negociado el mecanismo mediante el cual se hallaría finalmente el acuerdo. Por las declaraciones del Presidente y de Timochenko se intuye que ha sido así.

 

Los procesos de negociación y sus discursos correspondientes se desarrollan en una doble vía, a saber: hacia adentro y hacia afuera. En otras palabras, los actores tienen que negociar y enviar mensajes tanto hacia sus componentes internos como hacia los adversarios o sus contrapartes. En procesos tan complejos como el que el gobierno colombiano está involucrado, para sacar con éxito una negociación política con las FARC con miras a terminar el conflicto armado que adolecemos, ha tenido que llegar a unos concesos mínimos con los actores que, desde la legitimidad del Estado, han estado combatiendo directamente a la subversión, además con el sector privado y, por supuesto, con la clase política. El gobierno probablemente ha venido negociando con los altos mandos militares un escenario de acuerdo y una metodología de negociación. Adicionalmente, seguramente en el trámite del llamado “Marco para la Paz” en el Congreso el gobierno, sí bien no hubiere sido muy explícito con los parlamentarios de los partidos que conforman la Unidad Nacional sobre las negociaciones que estaba desarrollando con la subversión, incorporó elementos que muy seguramente en dichas conversaciones exploratorias se acordaron y, además, le dio la oportunidad para plantear escenarios de negociación con la guerrilla con los parlamentarios más cercanos de la coalición de gobierno. Así mismo en el lado de las FARC se mueven intereses y posiciones políticas distintas que seguramente han sido decantadas y entre los actores en esta guerrilla también han debido llegar a un arreglo con los supuestos mínimos que han permitido iniciar un proceso de negociación con el gobierno. En la medida que el proceso en general avance la intensidad de la negociación interna también se correlaciona con aquel.

 

El Presidente en una entrevista radial dejó entrever que el proceso salió prematuramente a la luz pública, palabras más palabras menos, dijo que la filtración periodística habría tenido una mala intención, pero igualmente manifestó que a la postre resultó siendo positiva; por lo tanto, posiblemente quedaron algunos aspectos sin definir como la presencia de Simón Trinidad  en la mesa, por ejemplo.   

 

En la etapa pública del proceso, desarrollada tanto  en la Habana como en Bogotá,  se han desatado las especulaciones por los tonos de los discursos de Timochenko. Como arriba se mencionó, el discurso tiene como oyentes a los adversarios y a los “camaradas” a todo nivel. El negociador debe mantener la cohesión de su grupo, porque grave sería que lo que se acuerde  no lo pueda implementar al interior o tenga una resistencia difícil de vencer, y al mismo tiempo debe enviarle al adversario un mensaje de fortaleza. Alguien dijo que a la mesa de negociación no se llega a conseguir la victoria, efectivamente se llega a lograr acuerdos negociados de suma variable. De igual manera le sucede al gobierno - por lo que ahora entendemos que en la negociación previa interna con los militares algún grupo interesado en que el proceso fracasase al parecer estuvo tratando de promover una rebelión de  oficiales de las Fuerzas Armadas al gobierno en la eventualidad de un proceso de paz con las FARC, con la intención de quitarle el piso interno a la concreción de un acuerdo - y por lo tanto el presidente también tiene que mandar mensajes fuertes rodeado de su cúpula militar. En este mismo sentido se podría entender el atentado contra Fernando Londoño,  el mismo día en el que se votaría la aprobación del Marco para la Paz en el Congreso; al parecer los enemigos de la extrema derecha actuaron para boicotear la votación – la tesis de la autoría de las FARC parecería no tener asidero cuando los detenidos pertenecen a una oficina de cobro de la mafia y el ultimo detenido es un ex policía con aparentes vínculos con el paramilitarismo -. Por lo tanto, cuando se escuchan discursos públicos sobre el tema, en bocas de los actores de la negociación, estos se deben “leer” correctamente y no hacer manipulaciones mediáticas con propósitos no muy nobles.

 

Es importante que esta etapa pública termine y, con la discreción que se requiere, que las negociaciones se desarrollen en Noruega alejadas de las cámaras y de los egos de los protagonistas y que se vuelva a saber de ellas con los resultados concretos, en la dirección que la mayoría de los colombianos anhelamos.

  

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