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| 7/9/2012 11:50:38 AM

FRITANGA Y DE POSTRE CHUPETA.

La comidilla nacional en la semana que pasó tuvo en manteles una muestra de la cocina noticiosa autóctona de diversas regiones; potaje gastronómico que indica que nuestros problemas “estomacales” no provienen de la mesa sino que llegan de quienes  cocinan el menú  y en  ellos se muestra la doble  moral como un condimento que aumenta su pesadez.

 

La entrada corrió a cargo de las puerquitas del Valle (plátano envolviendo a un chicharrón). La jornada electoral, para definir al nuevo gobernador de ese departamento,  empezó con la noticia de la captura de unos funcionarios de la Registraduría que, presuntamente, le habrían ofrecido al exsenador Juan Carlos Martínez, preso en su casa en ese entonces, un portafolio de servicios para asegurarle que el candidato de sus afectos saliera “elegido” como gobernador. Tanto esfuerzo y nivel de compromiso de estos “emprendedores” con sus clientes no se pueden explicar sin que ellos tuviesen la certeza  de lograr los resultados prometidos. El Registrador Nacional ha salido a defender la seguridad del sistema de cómputo electoral y a decir que el no puede responder por cada uno de los empleados de la Registraduría. Sobre lo dicho por el Registrador, respecto de lo primero se le debe recordar que no existe sistema cien por cien inviolable y seguro, ya sea por la presencia del elemento más débil que lo puede administrar: el ser humano, y, desde el punto de vista tecnológico, por la inestabilidad, el cambio de los estados de un sistema complejo dinámico con el paso del tiempo; ejemplos poderosos de la vulnerabilidad de los sistemas informáticos son los gusanos Stuxnet y Flame que han violado la seguridad de sistemas muy complejos en el Oriente Medio y que han causado traumatismos importantes en el programa nuclear de Irán. Respecto del talento humano de la Registraduría tiene algo de lógica la defensa del Registrador pero, institucionalmente, existen herramientas de gestión de riesgo que, sin vulnerar derechos constitucionales y legales de los trabajadores, pueden alertar algo temprano sobre posibles riesgos en su gestión. Ante lo que se ha descubierto, y lo que se pueda destapar posteriormente, no faltará el “u….bestía” que proponga la eliminación de la Registraduría siendo que, por el contrario, lo que se debe hacer es fortalecerla institucionalmente  y depurar las manzanas podridas que puedan estar en su interior.

 

Aunque varíe la secuencia del servicio a la mesa, el ajiaco bogotano también se sirvió. Este plato, que contiene tres clases de papas, le está resultando amargo, por el momento, a Germán Vargas. Mezclar las papas tiene su arte, y el Procurador de pronto no lo está haciendo con maestría. Las “papas” que tiene el funcionario tienen que ver con la falta de coherencia de su actuación al frente del Ministerio Público; de tiempo atrás le están preguntando la razón por la cual  no actúa con tanta celeridad frente a los senadores conservadores, copartidarios suyos, que, presuntamente, están involucrados en los malos manejos de la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE) -hoy en liquidación- y sí actúa con prontitud frente a otros políticos de tendencias ideológicas distintas a las suyas; además, al anunciar su intención de ser reelegido en el cargo ha  puesto  en duda su actuación como procurador al mezclarla con la actividad política necesaria para asegurar su reelección y, finalmente, al no ocultar su interés de liderar una fuera “ultragoda” en las próximas elecciones presidenciales las decisiones que está tomando caen en el campo de la suspicacia electoral y electorera a favor del sector más conservador de la sociedad. El Procurador no ha sido coherente y, quizá además de la moral propia del catolicismo, que dice con severidad practicar,  con esa misma devoción  también practique otra: la del político marrullero. ¡A precedente funesto aquel de la fiebre reeleccionista!

 

El plato fuerte: la fritanga. Soy ignorante en cuanto a su clasificación de origen gastronómico nacional, pero fue servida con abundancia. La captura de alias “Fritanga”, en una rumba exclusiva de varios días continuos en un hotel de lujo y en una isla “privada” generó noticias importantes sobre los artistas que la amenizaron más no sobre los invitados y el dueño del hotel. Los invitados merecen una atención especial ya que por su cercanía con quien los invita no pueden aducir que la invitación les cayó del cielo; en cuanto a los artistas, al igual que la empresa privada, deben tener filtros para escoger sus clientes y evitar caer en situaciones por lo menos incómodas, pero su negocio fue pequeño en relación con el que debió hacer el dueño del hotel; imaginen el costo de contratar la totalidad de la capacidad por varios días con sus consumos correspondientes. Surge el doble rasero de la prensa: ¿Quién es el dueño que no ha despertado la curiosidad de los más avezados periodistas investigativos? ¿Por qué tanto silencio?

 

De postre: chupeta. Sobre la chupeta lo único que puedo decir es que se consigue en todo el territorio, hace las delicias de niños y adultos. El famoso libro de alias “Chupeta”, misterioso tanto en la pérdida de su rastro como en la sorpresiva aparición en la Fiscalía, trae una relación de altos militares, políticos y un exfiscal general que presuntamente hicieron parte de su empresa criminal, suministrando apoyo  a sus operaciones. El escándalo puede ser mayúsculo, pero el otrora diario liberal  El Tiempo solo tituló que David Murcia posiblemente recibió alrededor de siete mil millones de pesos de alias “Chupeta”. Otro ejemplo de doble moral. Así mismo, la lista puede plantear suspicacias sobre el real “éxito” de nuestra batalla contra el narcotráfico: ¿Esta lucha es selectiva con los carteles de la droga, y por lo tanto así se puede explicar la razón por la cual  sale más droga de la que se incauta? ¿Muchas condecoraciones militares y policiales se justificarán como acertadas?

 

No quiero hoy referirme al menú que sirvieron en el Nogal el jueves en la noche, ya que  sus posibles intenciones pueden ser nefastas para el país (será que quieren seguir el ejemplo de Paraguay) y  ameritan un escrito menos folclórico que este, aunque sin duda en los manteles rondaba la doble moral.

 

La solución a nuestra cocina no se encuentra en desbaratar la mesa, quemar el mantel o romper la vajilla, se encentra en el despido de los cocineros y de eliminar la doble moral en la política y en la mayoría los medios de comunicación. Un ciudadano más crítico no pasaría tantos platos amargos.

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