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| 9/17/2012 8:47:39 PM

Generosidad y grandeza, requiere la paz.

Simón Bolívar y Pablo Morillo  nunca se habían visto frente a frente, sin embargo, ambos se respetaban,  solo se vieron por primera vez, aquel  27 de noviembre de 1820, cuando se reunieron  en Santa Ana de Trujillo.

 

Morillo era el oficial más sobresaliente del ejército español y tenía la misión de someter  a los insurgentes  comandados por el guerrillero Simón Bolívar. Había sido un héroe de la guerra contra Napoleón.

 

Contaba con un gran poder militar formado por  soldados entrenados para matar, las armas más sofisticadas, los mejores caballos,  dinero y grandes pertrechos.

 

Cuando en Junio, recibió instrucciones para  buscar una tregua  con los sediciosos comandados por Bolívar, se negó rotundamente.

 

 "Están locos..! Los que mandan allá en España no conocen a este país... ni a los enemigos... ni las circunstancias... quieren que pase por la humillación de negociar con el enemigo..?" respondió airadamente Don Pablo.

 

Luego, - a regañadientes, decepcionado de las autoridades españolas y obligado por las circunstancias aceptó acordar  con su más acérrimo enemigo, una fecha para el encuentro que  finalmente fue   preparado con toda la  trascendencia del caso.

 

Ese día ….Morillo en uniforme de gala y con todas las medallas de condecoraciones,  montado en su caballo, rodeado de su Estado Mayor , espera…. al enemigo.

 

A lo lejos, Bolívar, Presidente de Colombia, - hombre de poca estatura física – sólo y sin escolta,  llega  al sitio en una humilde mula, con ruana y sobrero,   sin mayores ceremonias y “con la reticencia propia de la generada por la enemistad y el odio alimentado en tantas batallas”,  se bajó de su mula para encontrarse estrechar la mano al adversario y luego con un  abrazo que haría historia por ser  un gesto  de grandeza entre grandes,  celebrar la firma del armisticio y acuerdo para el “Tratado  sobre la regularización de la guerra”  base posterior del derecho internacional humanitario.

 

¡…mi antiguo enemigo me ha vencido en generosidad.. - comentó después, Don Pablo Morillo. -

 

Con posterioridad al encuentro vinieron todas las críticas posibles de amigos y adversarios, sobre lo cual expresó el propio libertador a su Edecán, amigo y confidente  Perú de Lacroix:

 

Qué mal han comprendido y juzgado algunas personas de aquella entrevista —dijo el Libertador—; unos no han visto de parte mía ninguna mira política, ningún medio diplomático, y sólo el abandono y la vanidad de un necio; otros sólo la han atribuido a mi amor propio, al orgullo y a la intención de hacer la paz cualesquiera fuesen el precio y condiciones que impusiera España. ¡Qué tontos o qué malvados son todos ellos! ….

 

..Jamás, al contrario, durante todo el curso de mi vida pública, he desplegado más política, más ardid diplomático que en aquella importante ocasión; y en esto, puedo decirlo sin vanidad, creo que le ganaba también al general Morillo como ya se la había ganado en casi todas mis operaciones militares.

 

Estuve en aquella entrevista …….además, armado de pies a cabeza con mi política y mi diplomacia bien encubiertas con una grande apariencia de franqueza, de buena fe, de confianza y de amistad, ……pero ni Morillo ni yo nos engañamos sobre el fondo de aquellas demostraciones….

 

El armisticio ..que se celebró, el importante tratado de regularización de la guerra, que se firmó… tratado santo, humano y político ponía fin a aquella horrible carnicería de matar a los vencidos, de no hacer prisioneros de guerra, barbarie española que los patriotas se habían visto en el caso de adoptar en represalias; barbarie feroz que hacía retroceder la civilización, que hacía del suelo colombiano un campo de caníbales y lo empapaba en una sangre inocente que hacía estremecer a toda la humanidad….

 

….Digan lo que quieran los imbéciles y mis enemigos…. Contesten, pues, a esto los que han criticado mi negociación y entrevista con el general Morillo….

 

“La firma de este Tratado representa un gran paso para la consolidación de la construcción de una República independiente, en la que hombres y mujeres no sean víctimas de la soberbia de gobernantes déspotas que olvidaron que todos nacimos en libertad, por ende debemos cortar las cadenas que nos oprimen y mantenernos en la lucha bajo igualdad de condiciones”.

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