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| 7/17/2011 12:30:46 AM

¿GOBERNÓ URIBE?

El último gran escándalo de corrupción estatal que destapó el gobierno en la DIAN, sumado a los actos ilegales en los recobros del sistema de salud, amén de la inusual expedición de títulos mineros, de Agro Ingreso Seguro, entre otros, cuyos montos en las defraudaciones se miden en billones de pesos, observando que  las irregularidades  se iniciaron o se acentuaron en los dos periodos de gobierno del ex presidente Uribe - sobre todo a partir del segundo- lleva a reflexionar y a plantear dudas sobre su gobernabilidad.

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Para tratar de encontrar una respuesta al interrogante del título se debe tener una aproximación a lo que significa gobernar, al arte o la ciencia del gobierno. Ya de entrada surge la polémica sobre la delimitación del campo  de acción de un gobernante bajo el punto de vista epistemológico, pero en aras de la especificidad y la brevedad es mejor dejarlo para otro espacio.

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Desde el punto de vista de la civilización de Occidente, en los albores de esta, ya los pensadores clásicos  habían abordado el tema bajo los aspectos de los sistemas de gobierno y de las calidades de los gobernantes; más tarde, cuando el cristianismo pasó a ser la religión dominante, los estudiosos que abordaron el análisis del gobierno lo hicieron influenciados por la perspectiva del hombre en su relación con Dios y la configuración divina del poder terrenal, disquisiciones deslumbrantes, desde la óptica de la ética y teología,  pero habría que esperar el siglo XVI para ver el  desarrollo del marco teórico del Estado moderno y, a partir de allí,  empezar a construir la noción relativa de lo que hoy puede significar la acción de gobernar. Maquiavelo es el más destacado pensador de ese siglo que delineó el arte  (ciencia) de gobernar, en donde para él su objetivo principal  no podía ser distinto a que el Príncipe mantuviere, reforzare y protegiere su principado. Posteriormente, los pensadores desestimaron este objetivo, incorporándole logros deseables que resultaron de la analogía de un gobernante con un padre de familia - aplicando el principio hermético: como es abajo es arriba-  en donde un gobierno debe guiar, establecer un rumbo y proteger a su pueblo, acciones que no conducen  a unos fines distintos que los de llevar el bienestar al pueblo y privilegiar el bien común sobre el particular. Así se ha modulado el arte de gobierno de, inicialmente, considerar los fines egoístas del gobernante a, posteriormente, privilegiar los fines sociales del ejercicio del poder.

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En la teoría más moderna le corresponde al gobierno la formulación y la ejecución de Políticas Públicas  como instrumentos de satisfacción de las demandas sociales, observando criterios objetivos,  procurando la eficiencia en el uso de los recursos públicos y a la eficacia de sus logros. Las bondades institucionales y los beneficios que se pueden traducir a la sociedad en la aplicación de una política pública se derivan de que el gobierno la ejecute con apego a la ley, obedeciendo los principios democráticos, tanto desde el punto de vista de la legitimidad del gobierno como desde la participación de los ciudadanos en su formulación y ejecución; por lo que  los principios que deben guiar al gobierno son la apertura o eliminación de las barreras para la participación ciudadana y la transparencia. Gobernar democráticamente no solo significa derivar la legitimidad del gobierno en una democracia electoral, requiere el respeto a la separación de los poderes públicos, y en particular a la independencia del poder judicial, como condición indispensable para la defensa de la democracia y la realización de los cambios constitucionales que se requieran con la observancia de la Constitución y  la ley.

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Teniendo en cuenta lo arriba mencionado se puede intentar responder al interrogante: ¿Gobernó Uribe? Dejando de lado la buena percepción de los logros relativos de su política de seguridad, casi se puede responder con un NO. Cuando se miran indicadores como un alto índice de desempleo, un crecimiento de la pobreza y de las mediciones de distribución inequitativa de la riqueza, un aumento en el número de desplazados, el colapso al que llegó el sistema de salud, entre otros, lo único que se puede concluir es que las demandas sociales no fueron atendidas; cuando se observan los billonarios desfalcos al Estado, comparables a los montos de reformas tributarias, mal se puede hablar de una gestión que buscó la maximización de la utilidad social de los recursos públicos – hoy dicen los entonces funcionarios que pusieron en conocimiento de las autoridades competentes los posibles actos delictivos, pero aún creyéndoles no mostraron la voluntad política que este gobierno ha demostrado en defender los dineros del Estado; cuando se habla del respeto de un gobierno  hacia la independencia de la justicia mal ejemplo es el  acoso del DAS a los magistrados en su gobierno; cuando la formulación de las políticas se convirtió en un capricho personal mal se puede hablar de la participación ciudadana en sus configuración; cuando se analiza el cambio en la Constitución que permitió la reelección presidencial, con dos congresistas que votaron a favor de ella condenados y encarcelados por aceptar dádivas del Ejecutivo por su voto, mal podemos hablar de la legitimidad y el respeto a la ley del gobierno y cuando, descaradamente, se mentía a la opinión pública mal se puede hablar de su transparencia.

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En fin, el anterior gobierno se quedó en la teoría de Maquiavelo, solo buscó que el Príncipe preservase su principado.    

 

Bogotá D.C. Colombia. Julio de 2011.

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