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| 6/16/2011 5:02:09 PM

GUERRA EN LAS CALLES DE POPAYAN

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La tarea de “darle voz al pueblo” en las calles del Parque de Caldas es un verdadero laboratorio de acción política. Aprendemos y avanzamos. ¡NO MÁS MIEDO!

 

4 jornadas de contacto con la ciudadanía de Popayán de 3 horas cada una, realizadas en el Parque de Caldas en el marco de la Campaña ¡NO MAS MIEDO! ¡DERROTEMOS A LOS CORRUPTOS!, nos han permitido conocer en carne propia una parte de la trágica realidad que viven cientos de familias que se rebuscan la vida en medio de una verdadera guerra por el espacio público.

 

Vendedores ambulantes de toda clase de mercancías, moto-taxistas de diversa procedencia, comerciantes legalizados que no saben que hacer frente al ambiente poco propicio para sus negocios, delincuencia mayor y menor que aprovecha la anarquía, y un piquete de funcionarios dedicados a perseguir y golpear a quien se les atraviese, configuran la primera escena de esa cruel existencia que se desarrolla en las calles de Popayán.

 

Las ventas ambulantes en Popayán han crecido exponencialmente. No ha existido una verdadera política pública para - por lo menos - estabilizar el número de vendedores y regularizar su trabajo. Las cifras lo reafirman. El desempleo ocasionado por el desplazamiento de miles de familias del campo, causado a su vez por la crisis del sector agropecuario y la agudización del conflicto armado, ha disparado el número de personas que llegan a los centros urbanos del Cauca. Existen empresas legales e ilegales que viven del vendedor ambulante, que lo explotan y utilizan en medio de una situación que es verdaderamente explosiva en esta ciudad.

 

El moto-taxismo está en pleno crecimiento. Es un negocio en progresión. Se desarrolla de múltiples maneras y formas. Surge de esfuerzos individuales de personas desempleadas como también de negociantes que adquieren varias motocicletas y contratan conductores que deben trabajar hasta 14 o 16 horas diarias para ganarse $25.000 para mantener a sus familias. Es una actividad que se presta para todo. La mayoría de moto-taxistas (que en Popayán apodan “moto-ratones”) son trabajadores honestos, angustiados con su diaria sobrevivencia, pero entre ellos se camuflan delincuentes que aprovechan el caos y el desorden para cometer todo tipo de delitos.

 

Los comerciantes formales se ven abocados a soportar una oleada de competencia comercial por parte de los vendedores ambulantes que sólo son la cabeza visible de grandes empresas nacionales e internacionales que alimentan la economía informal y obtienen inmensas ganancias de ese comercio al menudeo. La mayoría de los negociantes formales quieren emigrar y establecerse en centros comerciales como “Campanario” (Carrefour), pero la gran mayoría desecha esa posibilidad ante la realidad de la mayoría de sus colegas que en menos de tres años han tenido que entregar los locales y han quedado con grandes deudas ante la imposibilidad de pagar las altas cuotas de arrendamiento en dichos establecimientos.

 

El municipio de Popayán gasta entre 750 y 800 millones anuales en una oficina de “espacio público”. A lo único que se dedican 15 funcionarios - en coordinación con un piquete de policías – es a “corretear”, perseguir, detener y golpear a cientos de personas en las calles de Popayán. Decomisan sus productos, cobran multas, a muchos los roban o extorsionan. Se establece en medio de ese juego de gato y ratón una convivencia que paulatinamente produce una corrupción de bajo vuelo que convierte a funcionarios e intermediarios en pequeñas “mafias”. Son verdaderas sanguijuelas del espacio público que viven de la sangre de los más humildes que sufren esta tragedia del desempleo e informalidad.

 

Habrá que profundizar en el tema. Es un problema mundial. La crisis general del sistema capitalista está detrás de esta situación. Sólo si los comerciantes legales, los vendedores ambulantes, los moto-taxistas y la ciudadanía en general, hacen conciencia de la bomba explosiva que crece en las calles de Popayán, se podrá iniciar un trabajo sostenido para buscar soluciones reales a este grave problema. Su organización y acción concertada es un paso a dar hacia adelante.

 

Mientras tanto en las oficinas del Alcalde y de los Concejales se habla con rimbombancia del “espacio público”, se emiten acuerdos y decretos que nadie acata y que todos violan, y se gastan inútilmente los impuestos de los contribuyentes que creen ingenuamente en un Estado burocrático que vive ensimismado en las cuatro paredes de una institución completamente desconectada de la guerra que se vive en las calles de Popayán.

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