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| 6/10/2012 4:55:11 AM

Indignados o Desinformados

El hecho de que los medios estén ofreciendo una visibilibilidad como la que cuentan los casos Colmenares o el Rosa Elvira Cely es un gran avance para nuestra sociedad, pues parece que finalmente no estamos haciendo caso omiso de los sucesos que han golpeado con fuerza a un país violento, de tradición machista, lleno de corrupción judicial, elitismo y tráfico de influencias. Aun así, el que se resalten hechos como estos, que logran trascender en la comunidad y hacerse potencias mediáticas, no es la panacea del compromiso de comunidades y medios masivos, es de hecho el producto de la intención de informar desde un foco, omitiendo a gusto temas que también propenden a la cruda realidad social que envuelve a procesos como el de Luis Andrés o el de Rosa Elvira; una mujer a la que la falta de garantías de tener edución superior o beneficios del gobierno le arrebató posbilidades de vida al lado de su hija, gobierno que administra los bienes que los nacionales han dejado encargados en sus manos a través de la 'libertad' efímera que constituye el voto, .

La situación de la sospechosa muerte de Luis Andrés Colmenares, el joven conocido bajo la etiqueta y los chistes de "más peligroso que fiesta de Halloween de los Andes", esconde tras de sí una dura situación nacional: el uso de las influencias y la continua corrupción que persiste en Instituciones Estatales como Medicina Legal. Médicos sin titulo y una poco efectiva evaluación de criterios en la contratación de personal son parte del carcinoma. La descripción que ofrecía Medicina Legal sobre la muerte de Luis es diametralmente diferente a la obtenida por un Forense privado al que la familia contrató para disipar las dudas que tenían de lo sucedido con su hijo. Haciendo ver que hubo manos ajenas a las de la voluntad y el cumplimiento del deber profesional de los forenses e investigadores en los comunicados emitidos oficialmente por la entidad y tomados en cuenta por los estrados judiciales. El dinero es esa mano invisible que ha sido manejada por un gran titiritero: el poder; es así que el caso toma relevancia mediática y se convierte en pilar de las publicaciones periodísticas, contando incluso con etiqueta propia en las publicaciones y en las redes sociales (el futuro periodismo de twitter) .

Ahora, lo sucedido con Rosa Elvira Cely, que es evidentemente una atroz lupa bajo la cual se observa la realidad nacional, tiene que ver con un trasfondo social que se remite a los mismos términos que carcomen a Colombia, sólo que se le suma el que la violencia de género se ha tornado al paso de los años, y a través de medidas de discriminación positiva, en un tema en constante debate y discusión de interés para el crecimiento cultural de la nación. El trasfondo de un suceso tal es que si bien la justicia intenta obrar en razón de la ley, ésta ha sido flexible y se ha encargado de ofrecer penas insignificantes a quienes generan un desequilibrio social que propende a que una sociedad no tenga educación, sufre por obtener un título de bachiller, se rinda ante las luces de una motocicleta y permita que los atropellos más degradantes se perpetúen de generación en generación por una desconfianza estatal  que deviene en inestabilidad económica; la principal razón de que mujeres violentadas sexual, física y psicológicamente no denuncien cuando sus agresores son conocidos suyos o mantienen alguna relación de dependencia con ellos. Otro de los puntos que toca el caso Cely es la incompetencia e ineficacia en la atención de salud o el manejo jurídico que tienen agresores como Velasco a quien la justicia no había imputado a pesar de contar con denuncias en su contra sobre el abuso a sus hijastras, menores de edad.

Si bien lo anterior sostiene la tesis de la relevancia de visibilizar casos como los mencionados, queda la pregunta ¿Por qué la información ha trasladado a un segundo plano y a una sumisión mediática a temas que propenden a continuar tradiciones corruptas que pululan en Colombia, como los carruseles y las denuncias contra Petro y sus nexos con las rebajadas condenas a los Nule? ¿Por qué el caso de los Moreno ha salido del foco de las cámaras y el tintero de los periódicos? Si el caso no se mueve, y eso lo ha comprobado el caso Colmenares, los periodistas lo dinamizan y se conocen nuevos documentos o indicios que hacen mella en la comunidad; dejando el sinsabor que obliga a los colombianos a levantarse y decir No más!

Si se observa la noción que tienen los colombianos acerca de los porcentajes que los administradores de los recursos públicos, éstos tienden a naturalizar el hecho de que exista una porción que por una ley tácita, que recuerda a película mafiosa, vaya para los bolsillos de los gobernantes. Arcas que salen de los bolsillos de los contribuyentes y se trasladan a los ambiciosos bolsillos de una elite electa por el mismo pueblo, que dejan desprotegidos a muchos colombianos con promesas laborales o simples ofrecimientos de insignificantes sumas de dinero. 

Los casos y las condenas a los corruptos del país, al igual que el seguimiento concienzudo de los medios sobre temas de interés nacional que terminan, directa o indirectamente, relacionándose con las demás problemáticas que atañen a un país como Colombia deben ser una constante en el periodismo nacional y no solo hacer un cubrimiento parcial de hechos que conmueven inmediatamente a los miles de receptores de la información que abunda en el mundo de las tecnologías. 

Las tradiciones son vulnerables al cambio, al dinamismo, a una reestructuración. Es por ello que esta reflexión se ciñe a la sencilla idea de que la validez e importancia de condolernos y conscientizarnos de sucesos imperdonables como el maltrato de género o el uso de influencias para esconder siniestras pruebas de un caso enigmático es básico; pero hacer que trascienda a unos planos aun más impenetrables como los círculos corruptos y el seguimiento a procesos de peso político, y social, es aún más difícil y reconfortante para la búsqueda de un cambio necesario en la ideología y las tradiciones de un país que, hasta ahora, está aprendiendo a  manifestarse y solidarizarse con la realidad social que se avista, o bien podría decirse: se aposta, en cualquier esquina de Ciudades capitales o en el rojo que mancha recónditas veredas.

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