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| 4/15/2012 10:35:17 PM

Inequidad: el cancer colombiano

Colombia es uno de los países más ricos del planeta: agua, petróleo, biodiversidad, recursos mineros, selvas, bosques, llanuras, variedad de climas, gente laboriosa y trabajadora.  Todo se confabula en la naturaleza para hacer de Colombia  uno de los países con mayores ingresos por habitante.  Pero la realidad es otra, somos el tercer  país más inequitativo del mundo: hambre, pobreza, miseria, desempleo, analfabetismo, inseguridad, informalidad laboral se conjugan en nuestra realidad afectando, especialmente, a la franja poblacional que se encuentra entre los 18 y los 35 años de edad.

De acuerdo a datos suministrados por la Mesep –Misión de Empalme de las Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad- y citada por el columnista Rodrigo Uprimny “a pesar del acelerado crecimiento económico que tuvo Colombia entre 2003 y 2007, que fue común a casi todos los países de América Latina, la reducción de la pobreza fue pobre. Pasó de 51,3% en 2003 a 46% en 2008. Pero más grave aún, la extrema pobreza o indigencia ha tendido a crecer; pasó de 17% en 2003 a 17,8% en 2008…”. Cifras que nos deberían producir horror y vergüenza por todo lo que ellas encierran para la realidad social de Colombia: gente miserable que vive en permanente angustia, sometida al hambre, la pobreza y la miseria y lo que ellas a su vez significan: niños y niñas que mueren por causas relacionadas con la desnutrición y por su acción directa, poblaciones enteras que no cuentan con acueductos o alcantarillados, regiones sin atisbo alguno de energía eléctrica y sometidas al dictamen de la muerte inexorable de enfermedades parasitarias o de diarreas que fácilmente se podrían controlar en un centro asistencial.

Los colombianos padecemos la enfermedad de la inequidad y nos llevamos el honroso título de ser el país más desigual en lo económico y en lo social en América, y eso ya es mucho que decir por la sencillísima razón que los datos hablan por sí solos: “América Latina sufre de una tremenda desigualdad, lo que impacta en el acceso a la educación, la salud y los servicios básicos, además de limitar el acceso a créditos, y a oportunidades laborales, entre otros. En 2009, el porcentaje de pobreza en la región alcanzó un 34.1% y, mientras que el 10% de las personas más ricas recibe entre el 40% y el 47% de los ingresos totales generados por la región, al 20% más pobre sólo le toca entre el 2% y el 4%. Es decir, existe un nivel de desigualdad socioeconómica abismante”.    Según cifras revelas por la CEPAL  "En el 2010, el índice de pobreza de la región se situó en un 31,4 por ciento, incluido un 12,3 por ciento de personas en condiciones de pobreza extrema o indigencia. En términos absolutos, estas cifras equivalen a 177 millones de personas pobres, de las cuales 70 millones eran indigentes".

Sin duda alguna que esta inequidad es el cáncer de los colombianos que nos sume en graves y delicadas condiciones sociales, económicas y laborales.  Nuestros jóvenes no pueden acceder a la educación superior condenándose a una existencia multiplicadora de pobreza, sus hijos y los hijos de sus hijos llevarán sobre su humanidad la triste condición de pobres y  todo cuanto ello significa.  La pobreza debe empezar a ser vista como una condición amoral de los diferentes Estados del mundo y como una lacra que carcome las bases mismas de la convivencia ciudadana. En el caso de Colombia, revela la CEPAL, el 44,3 por ciento de sus habitantes es pobre y el 14,8 por ciento está en situación de pobreza extrema.

Pero el reverso de la moneda nos dice que en nuestro país, situación que se repite en el continente, una pequeña franja poblacional dispone de tal cantidad de recursos que destinando tan solo a una ínfima parte de ella -5%- los índices de pobreza en Colombia disminuirían casi que en su totalidad, es decir que los pobres tendrían acceso a salud y educación, mejorarían su asistencia médica y elevarían sus condiciones de vida, se superaría la muerte y la desnutrición de miles y cientos de niños.  Es urgente que los colombianos abordemos el tema de la inequidad en la búsqueda de propuestas que nos permitan superar el rezago económico y social de la región.

Educación, condiciones laborales dignas, integración regional y apertura de mercados para los productos agrícolas de los países más afectados y, en consecuencia más desiguales, son elementos a tenerse en cuenta para los dignatarios que se reúnen en la ciudad de Cartagena con motivo de la VI Cumbre de las Américas:   “en el contexto regional deben fomentarse las políticas de integración comercial, la apertura de mercados agrícolas de los países más avanzados, el desarrollo de ambiciosos proyectos de infraestructura regional y la puesta en práctica de políticas macroeconómicas que busquen la estabilidad de las economías de la región".

La búsqueda de la equidad es, sin duda alguna, el propósito de unos líderes que han entendido que es en ella en donde se encuentra las bases de la convivencia social.  El hambre de cientos y de miles de seres humanos genera inseguridad, desdicha y atraso en todos los aspectos que congregan a una nación.  Abogar por una sociedad justa  en América con políticas reales y que contribuyan a cerrar la brecha entre ricos y pobres, entre poderosos y descastados es pensar que “Unidos podemos ser una mejor América”, en una América para todos.

 

 

 

 

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