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| 5/2/2012 3:25:50 AM

LA CAPITAL MUNDIAL DEL LIBRO SIN HABITOS LECTORES

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Acaba de finalizar la 25ª edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, donde el país invitad para esta ocasión fue Brasil.

 

Tuve la oportunidad de ir un par de veces a la Feria a lo largo de la última semana, las filas en las taquillas son impresionantes los fines de semana y la cantidad de gente que ingresa es realmente impactante. Yo diría que en Bogotá a los jóvenes nos apasiona cada vez más la lectura, y que por esta razón los pabellones de Corferias se llenan bastante.

 

La realidad es que la mayoría de las personas que asisten a esta Feria, lo hacen con el fin de pasar un día con amigos, con la familia, disfrutar de los eventos que se realizan en cada uno de los pabellones y en la Plaza de Banderas; menos para observar con detenimiento un libro.

 

Estaba formándome en la fila para comprar la entrada de mi amiga y la mía, la fila era extensa. Adelante mío había una pareja ya madura, estaban tomando fotos en el lugar, hablaban sobre la firma de autógrafos que la actriz Katerin Porto iba a ofrecer a las 5:00pm, estaban ansiosos por dicho evento. Luego miré hacia la otra taquilla y había un grupo de estudiantes de colegio que estaba guiado por una profesora de unos 25 o 30 años. La profesora les advertía en voz alta algo así como: “Por favor, no vayan a tocar ningún libro y nada de lo que se encuentre en los mostrarios. Y durante la estadía está prohibido comprar”. ¿Por qué llevan a una feria de estas a un colegio si no se les permite disfrutar de la misma? Me pregunté al oír a esta “profesora”.

 

Ya con las entradas en mano, ingresamos y lo primero que observamos fue un grupo de capoeira que se presentaba en la Plaza de Banderas, nos detuvimos un momento para hacer algunas tomas fotográficas, habían varios periodistas haciendo registros, y por supuesto una aglomeración extensa de gente alrededor.

Le dije a mi amiga que porque no ingresábamos primero al pabellón de universidades, quería ver las últimas publicaciones de los programas de Comunicación social y Periodismo de las diferentes universidades. Tanto el primer como el segundo piso del pabellón estaban casi vacios, solo se observaban algunos estudiantes universitarios, muchos, colegas míos. Pasaba un grupo de estudiantes con su profesora mirando los stands, pero ninguno de aquellos colegiales, durante el momento en que yo estuve, le dio curiosidad por observar algún libro, o preguntarle a algún ponente sobre las carreras universitarias que se estaban ofreciendo; solo se limitaron a tomar fotos con sus grupos de amigos o correr por lo largo y ancho de la zona.

 

Luego entramos al pabellón de Santillana, esta vez estaba un poco mas lleno, la gente observaba los libros, y los volvían a dejar en su lugar; algunos no se tomaban la molestia de hojear los libros y ni siquiera de leer la sinopsis que había al reverso. Saliendo del pabellón mi amiga me pregunta:” ¿será que aquí nadie lee?, solo miran los libros de reojo y los vuelven a dejar en el mismo sitio”.

 

Había un espacio dedicado para niños, donde se narraban los cuentos y fabulas de Rafael Pombo, había talleres dirigidos para los más pequeños. Tengo que reconocer que en este pabellón los niños prestaron más atención y aprovecharon al máximo la Feria, lo que casi no se observó en los colegiales más grandes. ¿Será que al pasar de los años el interés por la lectura se va perdiendo?

 

Tristemente me di cuenta, que siendo Bogotá el realizador de la Feria del Libro más grande de Latinoamérica, los colombianos no tengamos aún el maravilloso hábito de leer. Los colegios deberían implementar una cultura de lectura a sus estudiantes. La falta de comprensión lectora es la culpable de que en Colombia no se produzcan obras literarias y de que los pocos escritores colombianos estén contados con los dedos de las manos.

 

Diego Hernán Rubiano Devia 

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