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| 10/29/2012 11:22:11 AM

LA DEGRADACIÓN DEL SISTEMA DE TRANSMILENIO.

Si bien Transmilenio, que transporta diariamente a más de millón y medio de pasajeros, no es la solución definitiva al tema de movilidad y transporte público de Bogotá, ya que debe ser un complemento de un sistema de metro y de trenes, sí permitió  un salto gigantesco en el ordenamiento del caótico sistema de transporte que en las principales vías imperó en la ciudad, y que hoy todavía se aprecia en otras zonas de la capital mientras se implementa el Sistema Integrado de Transporte SITP,  pero hoy se observa en él  un retroceso  porque  el sistema, desafortunadamente, se viene degradando y requiere de una mayor atención de los responsables directos de la operación, pero sobre todo a nivel del Alcalde Mayor y del Comandante de la Policía de la ciudad. Los hechos de ocurridos en la semana anterior así lo indican.

 

Más allá del problema de las losas en la troncal de la Caracas y la Autopista Norte, la infraestructura técnica está mostrando una falta de mantenimiento preventivo, tanto en los buses como en las estaciones, y una falta de integración tecnológica ante la incompatibilidad de las tarjetas de acceso del usuario  en  diferentes fases del servicio que hacen que el sistema no sea eficiente y seguro para este último. En el mantenimiento: al parecer una buena parte de los buses están llegando al final de su vida útil, y otros estarían rodando más allá de ella, sin que el responsable oficial esté presionando a los operadores privados para que agilicen sus reemplazos; situación que se ve agravada con una falta de control en el mantenimiento de los buses que permite, según denuncias ciudadanas, que algunos están operando con las suspensiones dañadas, amén de otras anomalías, que no hacen poner cara de sorpresa cuando se escucha la noticia, como sucedió en la semana que pasó, que un bus con pasajeros  se accidentó y se partió por el punto que articula los vagones;  las estaciones están presentando fallas en su estructura, sobre todo en los pisos que empiezan a mostrar la fatiga de su uso y, adicionalmente, las puertas en algunos casos no funcionan bien haciendo que un bus quede más tiempo del necesario detenido para evacuar y recibir pasajeros - con los costos inherentes a los tiempos muertos que se generan tanto para el sistema como para el usuario -  y en otras ocasiones quedan abiertas una vez el bus ha partido, atrayendo el clima de inseguridad al que más adelante referiré; las puertas se notan frágiles y seguramente habrá que pensar en soluciones de diseño, tanto en su estructura como en la parte electrónica, más eficaces que enmienden la actual situación. Finalmente, aunque es herencia de la administración pasada, no se entiende que, con miras a implementar un sistema integrado de transporte para la ciudad, no hubiesen contemplado un medio de ingreso único; pero ya llevamos varios meses con el problema y los usuarios deben cargar dos tarjetas, y hacer dobles filas, para acceder al servicio y no se comprende cómo, en un mundo tan tecnológico como el que rodea la vida moderna, a nivel de software no se haya implementado al menos una solución temporal mientras, a mediano plazo, se corrige estructuralmente lo que no se previó al momento del diseño. Señor gerente de Transmilenio: cumpla con lo que semánticamente el nombre de su cargo indica: gestione, que al paso que va la degradación cada día va ha ser mayor y llegará un momento, sí no se actúa, que llegue a un estado de no retorno.

 

Otro indicativo de la entropía del sistema se encuentra a nivel de la autoridad. Los ingresos de usuarios sin pagar se están aumentando, aprovechando las fallas en las puertas anotadas antes y por la falta de control en los puntos de acceso, en donde en forma sencilla estos “ciudadanos” moviendo levemente la cruceta, que “impide” el acceso a quien no registra la tarjeta con el saldo suficiente del pasaje, aprovechando un espacio que queda entere la varilla y el soporte, o simplemente saltando sobre ellas ingresan irregularmente; por esta vía están entrando los habitantes de la calle que, desafortunadamente, propician la inseguridad y los malos olores en buses y estaciones. Ya al interior de los buses se observan, lo que se creía irrepetible para un sistema de transporte público organizado: vendedores, cantantes y limosneros. Estas falencias se presentan por la falta de autoridad, además de la falta de cultura de los ciudadanos –en especial y tristemente de los más jóvenes que, con uniformes de colegio o libros universitarios, asaltan el patrimonio público al acceder sin pagar al servicio-. Es hora, señor Alcalde Mayor y Comandante de la Policía de Bogotá, que se implemente una estrategia de seguridad y de autoridad en las estaciones y en los buses además de las troncales, donde los ciudadanos imprudentes están provocando los accidentes como el arriba referido; quizás la creación de un cuerpo especial de policía para el sistema pueda servir de solución. Se debería evaluar la posibilidad de implementar comparendos para quienes se cuelen en el sistema y modificar el Código Nacional de Policía para actuar con mayor efectividad contra quienes, con su incultura, también atentan contra el patrimonio público actuando como lo están haciendo.

 

A la autoridad de la ciudad, en general, los ciudadanos les piden que retomen la seguridad al transportarse en los buses de Transmilenio, si no actúan pronto la noticia como la del intento de atraco en una ruta nocturna de un bus la semana pasada puede ser más frecuente; hay que abonar la pronta y eficaz reacción de la Policía, pero la prevención siempre es la mejor estrategia.

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