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| 7/23/2012 11:51:45 PM

La guerra psicológica contra los pueblos indígenas del Cauca. ¿Otra psicología para-limitar?

La guerra psicológica contra los pueblos indígenas del Cauca. ¿Otra psicología para-limitar?

 

Mg Edgar Barrero Cuellar

Director

www.catedralibremartinbaro.org

Consejero Por Colombia ante la Unión Latinoamericana de Entidades de Psicología –ULAPSI-

 

Un presentador de televisión señalando como guerrillero a un líder indígena del Cauca. Un comandante de las fuerzas militares diciendo que las protestas indígenas del Cauca están infiltradas por la guerrilla. Un presidente del país leyendo una supuesta comunicación sacada de computadores mágicos en donde un comandante guerrillero invita a los indígenas a movilizarse contra el ejército. Unos encabezados de prensa con titulares acusando a los pueblos indígenas de atacar a los pobres soldados de la patria. Un soldado llorando porque lo obligaron a dejar su base militar instalada en lugares sagrados ancestrales.  Todas estas informaciones tienen un solo fin: desprestigiar, despreciar y justificar el asedio y la represión contra los pueblos indígenas que se han declarado en resistencia ante la grave violación de sus derechos ancestrales.

 

Si se observa con cuidado el libreto esta prediseñado: buscar alguna forma de vincular a los protestantes con elementos terroristas, siguiendo el  viejo modelo norteamericano de ver comunistas y terroristas en todo aquello que se declare en oposición a sus intereses de clase. La manipulación de las imágenes ha sido francamente vergonzosa para un país que se dice democrático y hasta humillante para el conjunto de la población que sabe que allí se violan sistemáticamente los derechos humanos. La combinación estratégica de diversas formas de manipulación hace que algunos caigan en la trampa: ver a los indígenas como ideológicamente se les ha querido mostrar, como salvajes, feos y desagradables.

 

Este es un lado de la guerra psicológica que busca construir imágenes distorsionadas de la realidad. No se nos puede olvidar que uno de los efectos de la guerra mediática es la generación de imágenes altamente ideologizadas que se instalan en la estructura emocional de las personas hasta el punto de llegar a perder el dominio de sus propios juicios y razones e inclusive hasta lograr identificarse con sentimientos de ira, rabia y cólera colectiva que exigen el exterminio físico de aquellos señalados como enemigos de la patria.

 

Esta forma de guerra psicológica penetra absolutamente todos los planos de nuestra cotidianidad, pues goza de los medios para irrumpir, alojarse, instalarse y perpetuarse en la estructura psíquica de las personas. La psicología no es ajena a esta terrible realidad. Ya sea tomando partido directo en favor de quienes violentan los derechos ancestrales de los pueblos indígenas, tal como pude leer en la redes sociales, en donde una psicóloga acusa a los indígenas de salvajes, brutos y guerrilleros. O bien, como forma de indiferencia en la que la psicología no se manifiesta frente a estas situaciones, pues tanto las universidades como los gremios  se mantienen en unos niveles tan absurdos de abstracción teórica o burocrática que simplemente terminan siendo cómplices por omisión de estas crisis humanitarias.

 

El otro lado de la guerra psicológica lo constituye el ocultamiento sistemático de la verdad. Ocultar información para desorientar, para crear confusión, para distraer a la gran masa que asiste pasivamente al ritual religioso de sintonizarse emocionalmente con las cadenas privadas de información. Son muchos los ejemplos que se puede citar en este sentido. Mientras que por los medios privados de información (radio, televisión y prensa escrita) se difundía la imagen del soldado llorando por su desalojo y los consecuentes llamados a la indignación nacional en contra de este acto de barbarie contra los “héroes de la patria”; en las redes sociales y en los medios alternativos se podía ver a indígenas muertos, sangrando, llorando y asediados por una fuerza pública endiosada y gozosa de su labor.

 

El soldado fue condecorado por el presidente de la república. Los líderes indígenas fueron cobijados con medida de aseguramiento, según fue anunciado por el propio fiscal general de la nación. Cansarse de soportar tantos años de guerra y muerte en sus territorios ancestrales, término siendo un motivo más de persecución.

En las dos formas de guerra psicológica está presente la psicología.  Ya sea ayudando a deformar con las viejas formulas psicologistas que todo lo reducen a trastornos de la personalidad, problemas de actitud o de la conducta, síndromes de adaptación, deficiencias mentales, etc. Ayudando a mantener el ocultamiento sistemático de la verdad, con la también vieja fórmula de la objetividad científica que le asigna un cómodo rol de neutralidad y desprecio por el involucramiento en todo aquello que ponga en riesgo su status científico y profesional. O bien, como lamentablemente ha venido ocurriendo últimamente en nuestro país, cuando la psicología se vincula a programas y proyectos que con el nombre de ayuda humanitaria, termina legitimando el perdón y el olvido a los victimarios, tal como lo plantea el psicólogo mexicano Jorge Mario Flores:

 

“Después de lo realizado por los ejércitos, llegan los “psicólogos” para complementar lo hecho y trabajar en la “construcción” del olvido y el perdón a los victimarios. Como puede observarse, los programas de exterminio no sólo buscan eliminar físicamente a la población, sino desestructurar la memoria histórica de la población, como principio para consolidar la participación de individuos desarraigados, semejantes a los migrantes que forman la sociedad norteamericana, cuyo valor principal es el mercado.”

 

Este tipo de psicologia es el que no estamos dispuestos a seguir. Una psicología que se vuelve cómplice de la muerte, la tortura, la mentira y la guerra psicológica es una psicología para-limitar y lo que necesitan nuestros pueblos es una psicología que ponga su saber al servicio de procesos de humanización, defensa y restitución de los derechos individuales y colectivos de las grandes mayorías.

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