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| 10/19/2012 1:05:50 PM

LA JUSTICIA COJEA, COJEA, COJEA

Por mucho tiempo la justicia fue la cenicienta de los poderes en Colombia.  Sin presupuesto, sin jueces, sin espacio, sin infraestructura, sin tecnología y sin la salvaguarda de seguridad  en medio de la situación delicada en que están inmersos estos funcionarios por la condición especial de su trabajo. Esta situación ha cambiado sustancialmente, aunque muchos de los problemas de fondo aun no están resueltos, como la impunidad, que sigue siendo uno de los más graves. De algo se sentía orgulloso el estado colombiano: de sus jueces. Antes de la constituyente del 91, la corte suprema de justicia constituía una reserva moral para el país y un sello indeleble de ética, se pontificaba desde allí y los magistrados parecían más bien arzobispos, como intocables.  

La reforma al sistema judicial realizada por la constituyente le dio más autonomía a la rama y le garantizó más fortaleza presupuestal que le permitió a los jueces y funcionarios una mejoría importante en sus ingresos, así como la modernización de la infraestructura tecnológica y física. Se creó el consejo nacional de la judicatura, La corte constitucional y se aprobó la tutela. De igual manera establecieron los mecanismos de elección de cada uno de sus funcionarios.  En el fondo se buscaba que la rama no se politizara.

El resultado paradójicamente fue el contrario. Hoy más que nunca tenemos una justicia politizada, sometida a escándalos por encima de su insoslayable fuero y gravemente comprometida por algunos casos de mucha importancia para la nación. La lista es larga, pero citare apenas algunos casos a manera de ejemplo: Agro ingreso seguro, con todas sus aristas; Estupefacientes; El carrusel de la contratación; Los casos de Samuel Moreno e Iván Rojas; La asimetría con que se llevan los problemas de la contratación en Bogotá y las injusticias visibles con algunos funcionarios del Idu y lo peor, el escándalo de la jubilicacion de los magistrados, el famoso carrusel.

Señores, nunca la rama había estado tan cuestionada. Se dejo enredar por el Uribismo fundamentalista. Bastaba solo aplicar la ley en el más literal de los sentidos, pronunciarse a través de las sentencias, así de simple. Esta claro que algunos magistrados abusaron del poder que le confirió la Carta Constitucional. Se empoderaron.  Estan a tiempo de enderezar su conducta y la propia rama del poder, ahora que están en pie de lucha, es preciso que reflexionen sobre el tema.

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