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| 10/4/2012 3:10:35 PM

LA NIÑA QUE NUNCA LLEGO SER MUJER

A menudo soy muy duro y critico de los políticos en Colombia.

 

Les contaré una historia que me motiva a ser así, la madre no me permitió dar sus datos personales, pero si que cuente la historia,  es corta, anímense a leerla, de pronto aprendemos algo de ella.

 

Es la historia de Fabiana, una niña de 18 meses que murió por desnutrición aguda, hija de una  madre soltera, de origen campesino, desplazada, que se asentó en los corredores de miseria de Cartagena.

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La madre, pobre de solemnidad, sin trabajo, sin recursos y con cero educación vivió en una casa de barro reforzada con latas y palos, como la de mucha gente rica en Colombia, si, esa gente que según las estadísticas oficiales ya no es pobre ni desempleada, porque todos los días sale  a buscar trabajo, lo malo es que nunca lo encuentra; para alimentarse, debe ir todos los días al mercado a recoger las sobras de papa, plátano, tomate, lechuga, todo aquello que nadie quiso comprar en el día por estar en mal estado, y que los vendedores tiran a la basura, pero que para ella era un tesoro, la única forma de llevar algo de comer a su casa (esta, aunque muchos no lo crean, es la situación de mucha gente en Colombia).

 

Fabiana ya había aprendido a caminar, parecía un animalito del bosque, le encantaba caminar sin ropa, el pudor para ella no existía en su profunda inocencia, pues ante el calor agobiante de esa tierra caribe, y ante el hecho de vivir en una casa de invasión sin electricidad, sin acueducto y sin alcantarillado,  la única forma de alejar el calor era andar sin ropa.

 

Pese a los esfuerzos de la madre por llevar comida, mucha en mal estado (de una papa lograba rescatar una cuarta parte a lo mucho), no reunía los requerimientos nutricionales para su hija, y esta comenzó a enfermarse, no tenía Sisben, los trámites para adquirirlo en Colombia son todo un proceso y están politizados, hay gente que se lucra económica y políticamente del proceso de afiliación del Sisben, y como la madre era desplazada, no tenía ni siquiera documento de identificación, y sacarlo le costaba dinero, la foto, copia del registro civil, la tarifa de la Registraduria, el dinero del bus, cosa que costaba mucho para una mujer que no tenía nada, todo eso eran barreras para poder acceder a los servicios del Estado.

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Cuando Fabiana enfermaba era un suplicio, en los hospitales públicos le exigían documento que no tenían, la ponían en cola de espera, tenían que pedir autorización para atenderla como una paciente “vinculada”, y nunca había cupo para hospitalizarla, le mandaban medicamentos genéricos, muchos de los cuales tenía que salir a comprar, y sin dinero, era como si nada, se la devolvían a la madre, porque lo que la niña tenía, según esos hospitales una simple gripa o diarrea y se podía tratar en la casa.

 

Fabiana comenzó a desmejorarse, las idas al hospital se volvieron muy frecuentes, pero siempre el mismo resultado, la sentaban en una silla, le ponían una bolsita de suero y luego la mandaban de nuevo a la casa.

 

Una noche, hace cerca de cuatro meses, Fabiana perdió fuerzas, en la oscuridad, a la luz de una simple vela de cebo, acostada en una colchoneta tirada en el suelo, Fabiana dio su último respiro, en los brazos de una mujer joven, inexperta, pobre, pero llena de amor.

 

Esta corta historia es la de Fabiana, una niña que conocí llena de alegría, que caminaba como un animalito del bosque, dando traspiés, jugando con cosas invisibles, que se reía por cosas que como adulto nunca llegue a entender; Fabiana, ya murió, pero me quedo en la memoria, y ojala, nunca se me borre, y espero que tampoco en el corazón de alguno de ustedes que se dignaron leer esta corta historia.

 

Colombia, mi país, sigue igual, no se dio cuenta que por sus tierras caminó una Fabiana, no se enteró que vivió ni supo que murió, pero no importa, el país va bien, la pobreza esta desapareciendo, la miel de la riqueza se sigue irrigando, pero en las cuentas bancarias de políticos mafiosos que se la roban sin dolor.

 

Fabiana nació, vivió y murió, como cientos y cientos de miles de niños que pasaron al anonimato en un país sin compasión y sin sentimientos.

 

Hace poco volví por esos lares, pero la madre ya no estaba, se fue, el dolor en el alma le impidió seguir viviendo allí, le perdí el rastro, que espero, no sea para siempre.

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