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| 5/27/2011 11:58:34 AM

Las Plagas que nos asedian

Las plagas que nos asedian.

Por efecto de la pandemia nos llegó del continente africano, mas propiamente de Egipto, un legado de algunas plagas fruto de las diez que padecieron, las cuales están causando en nuestra población colombiana una lesión grave en la parte  cerebral que gobierna la moral y la dignidad humana, con el inminente peligro de que estos dos invaluables valores desaparezcan y, luego, se produzca la metástasis general por causa de un contubernio o complacencia ignominiosa con estas arrasadoras pestes.

Ellas son: Violencia, Corrupción, Inseguridad, Complicidad, Cobardía e Impunidad. Estos “estados” son comunes y campean en todos los países del mundo, pero de manera exclusiva, rara o “sui generis” se viene desarrollando en Colombia, habida cuenta de sus circunstancias operativas y la condición personal de sus actores.

El pasado domingo, escuché de labios de un sacerdote en su homilía del evangelio “en el camino hacia la luz y la esperanza”, hacer referencia a los hechos màs protuberantes de corrupción en Colombia, y que como si esto fuera poco se sumaban los desastres naturales, llegando a la conclusión, casi inequívoca, de que la descomposición social había tocado fondo y que humanamente era un imposible su solución, sin la ayuda Divina.

Y, por supuesto, el ‘curita’ tiene toda la razón y estas palabras me hicieron reflexionar sobre la situación tan caótica que vivimos y sobre la ayuda Divina, lo que me hizo recordar el viejo refrán: ayúdate que yo te ayudare. Y me dije en mi interior: Es cierto, este país se recompone con la ayuda de Dios en la mano y cabeza de un patriota con visos de Dictador  (ejemplo: El Generalísimo de España), sin vocación camorrista, sin simpatías con cierto grupo al margen de la ley, respetuoso de las personas y, por sobre todo, de los Derechos Humanos, que no se crea un Ser Superior, que no sea connivente con la corrupción, mejor dicho, que no sea Álvaro Uribe.

La verdad sea dicha, el palo no está para hacer cucharas, la idiosincrasia del pueblo colombiano es compleja e ininteligible.

Llevamos màs de 60 años en un conflicto interno violento (no propiamente lanzándonos pétalos de rosa) de características “variopinta” como no lo ha tenido ningún otro país, simultáneamente, nos ha tocado padecer diferentes actores armados: Farc, Eln, Epl, Erc, Auc o `paramilitares’, estos los màs despiadados y sanguinarios.  Alguno de estos grupos al margen de la ley ha tenido la complacencia y ayuda de las autoridades. Por otro lado, Ejército y Policía han hecho su aporte  en violaciones a Derechos Humanos y ejecuciones extrajudiciales.

La corrupción entre nosotros es inversamente proporcional a las causas que dieron origen a la destrucción de Sodoma y Gomorra, según los pasajes bíblicos. Nuestra criolla corrupción se contonea sin rubor bien por la Inspección de Policía del pueblo mas humilde bien por los pasillos del Palacio Presidencial, lo que garantiza un mutuo encubrimiento que conduce indefectiblemente a la impunidad.

En días pasados alguien afirmaba con toda la razón que “donde se pone el dedo sale pus”. Verdad de a puño que no admite una mínima duda. Las tres ramas del Poder Público están pútridas, en menor grado de descomposición la Judicial.

Por enésima vez soy repetitivo, en ningún otro país del mundo se han dado situaciones de tan especial ignominia e irrespetuosas, además, con una Nación por parte de un Presidente, con sus famosas frases cuando empezó la investigación por ‘parapolìtica: “Le voy a pedir a los congresistas que nos han apoyado, que mientras no estén en la cárcel, voten los proyectos del gobierno”; “el Congreso de Colombia nunca antes estuvo tan madurito para una revocatoria, por tal motivo les solicitó que voten la reforma política y judicial, por ningún motivo se vayan a declarar impedidos”; “si me lo encuentro en la calle, le voy a dar en la cara, **bleep**”; “de haber sido paramilitar, hubiera sido paramilitar de fusil, no financiador del paramilitarismo”; “estoy de acuerdo con el asilo político que pidió la Directora del DAS, aquí no se tienen las suficientes garantías procesales”.

Lo anterior solo es una referencia, que tal la connivencia del ex Presidente con sus subalternos: las interceptaciones del Das; el trámite espurio y vergonzoso de la reelección presidencial; los falsos positivos; Agro Ingreso Seguro; la Dirección de Estupefacientes; las falsas desmovilizaciones; etcétera, etcétera., es mejor no seguir porque faltan otros temas de gran importancia.

Retomando la homilía del ‘curita’ de aquel domingo, el camino a la luz y la esperanza, es un utópico pensar en un cambio si desprevenida e imparcialmente miramos hacia el “fogón” donde se cuecen las leyes. Nada bueno se puede esperar de un Parlamento ilegítimo que en los últimos años se ha conformado por una recua de belitres de igual o peor calaña que aquellos paramilitares que aportaron los votos con mácula de sangre para alcanzar la curul, y que se encuentra permeado por todos sus flancos por la corrupción. Por supuesto, no son todos los que están, pero sí están todos los que son.

Ahora, en cuanto al poder judicial, que uno vea de pronto a un Juez de la República, sin ética y moral, enredado en un Cohecho o Concusión, vaya y venga. Pero ver a un Magistrado de las Altas Cortes recibiendo unos zapatos o, mejor dicho, unos ‘botines’ para que el obsequio quede bien adornado u otros alcahueteando para montar un carrusel de pensiones o pisoteando la figura jurídica de la Tutela por una sonrisa ‘picaresca’ es una conducta inicua, inadmisible y desconsoladora.

La complicidad salta como la liebre y es un concierto que facilita la comisión del ilícito en todas las modalidades y la cobardía es la epidemia màs deprimente que ataca al Ser humano reduciéndolo a su mínima expresión.

 

Todo lo anterior, le hace calle de honor a la tenebrosa IMPUNIDAD.

 

Solo nos resta implorar una Dictadura Civil  transicional que convoque un máximo  de veinte constituyentes, integrado por personas que estén màs allá del bien que del mal, y que con sentido patriótico y pensando en refundar un verdadero Estado Social de Derecho, Unitario y Democrático nos entregue una Constitución Política férrea con prohibición expresa de modificación por tres generaciones, o sea, sesenta años. Asì, es humanamente posible el cambio que requerimos con suma urgencia.

 

Manizales, Mayo 27 de 2011.

Marco Aurelio Uribe García.

 

 

 

 

 

 

 

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