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| 6/4/2011 9:33:55 PM

Las uvas de la ira, para efigiar a Colombia.

Diego Rivera - La marcha.jpg

Por Amaury Núñez González, Medellín, Junio de 2011.

 

John Steinbeck en su novela Las uvas de la ira, con tono frenético narra la historia de una familia natural de Oklahoma en la depresión del 29, que en medio de sus dificultades y un éxodo masivo a lo ancho del país, mantuvo la frente en alto con la miseria tras de sí.


Esta obra se constituye en una apología a la unidad, ilustrando los efectos que tienen en la sociedad las leyes inherentes al sistema económico – de explotación y especulación-; los paliativos de “los grandes propietarios, nerviosos, sintiendo un cambio, sin saber nada de la naturaleza del cambio […] atacando lo inmediato”; del hambre y la falta de trabajo, y sus consecuencias en aquellos miserables. El autor retrata el sinsabor del  ser humano sumido en la inestabilidad, el nerviosismo que vuelve móviles a las personas y prescindible a la espera, pero de igual forma, el sentimiento de esperanza que las llevan, como se demuestra en la historia de la humanidad, a accionar colectivamente por su supervivencia y progreso material y espiritual, afirmando “que la derrota no los había alcanzado; y la derrota no llegaría nunca en tanto el temor pudiera convertirse en ira”.


En la extensión de su obra, enunciados de corte humanista dejan ver en Steinbeck el enfoque con que concibe al movimiento, su necesidad, la dialéctica que en la práctica y el pensamiento construyen al Hombre, que “a diferencia de cualquier otra cosa orgánica o inorgánica del Universo, crece más alto que su trabajo, asciende a escalas de sus conceptos, surge de sus conquistas”… “Cuando las teorías cambian y caen estrepitosamente, cuando las escuelas y las filosofías, cuando los senderos estrechos del pensamiento nacional, económico, religioso, crecen y se desintegran, el hombre sigue adelante, avanza con dificultad, a veces cometiendo errores. Habiendo caminado adelante, puede retroceder, pero solo en parte, jamás del todo”.


Reflejo suficiente tiene esta obra de la situación de Colombia. Existen motivos por cantidades para que en nuestro país se haya puesto en marcha una gigantesca movilización nacional de carácter progresista y democrático, oponiéndose al oprobioso yugo que sostiene en la miseria a la mayoría de nuestros compatriotas. Muestra abundante ha sido la organización y movilización de campesinos, indígenas  y mineros; estudiantes, maestros y trabajadores; empresarios y transportadores, que con el valor del caso se enfrentan al régimen de explotación y pillaje del imperialismo norteamericano.


La soberanía en vilo, las insuficientes libertades democráticas, el sub desarrollo productivo en el campo y la ciudad, y la falta de bienestar de la población; “el hambre en un estomago multiplicado un millón de veces; hambre en un alma, ansias de algún goce y alguna garantía multiplicados un millón de veces”, es la situación que activa el nervio del patriotismo. “Medio millón de personas que se muevan a lo largo del país; y un millón más inquietos, dispuestos a moverse; diez millones más, sintiendo la primera nerviosidad”, son nuestras uvas de la ira… “y esta cualidad es el Hombre, único en el universo”.

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