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| 5/28/2011 1:03:15 AM

Los computadores de Raúl Reyes y Nicolás Castro.

La Sala Penal de la Corte Suprema, en el caso que llevaba en contra del ex congresista Wilson Borja,  hizo un pronunciamiento de fondo sobre las pruebas que, con ocasión de la operación que llevó a cabo la fuerza pública colombiana en territorio ecuatoriano - donde fue abatido Raúl Reyes-, fueron encontradas en los computadores del líder guerrillero en el que advierte que nos son validas, desde el punto de vista penal, y que, además, no pueden ser usadas como tales en algún otro proceso de ese carácter.


Coincidió en esos días el fallo con la presentación de un libro del periodista Gonzalo Piñeros titulado: “Historias reales de redes virtuales”, en donde, entre otras, relata la aventura en las redes sociales del joven universitario Nicolás Castro.

 

Este estudiante logró la fama nacional cuando fue detenido y encarcelado por su presunta participación en la creación de un grupo en Facebook bajo el nombre: “Me comprometo a matar a Jerónimo Alberto Uribe, hijo de Álvaro Uribe”. Cuando un noticiero de televisión difundió la noticia de una amenaza en la red social contra un hijo del presidente el tema cogió una velocidad impresionante en los medios. Los organismos de seguridad del Estado y la Fiscalía General de la Nación, con la colaboración técnica del FBI, sorprendieron al país con una investigación relámpago que, a los pocos días, señalaba al joven universitario como el culpable de dichas amenazas.

 

En la etapa de juicio el caso se le cae a la fiscalía. La prueba reina era una conversación, vía Messenger, entre el joven y una amiga en la que este, inicialmente, relata que  tiempo atrás se había unido a ese grupo de Facebook – lo que en otras palabras significaba que no lo había creado- y que se encontraba preocupado por la situación que se había desarrollado. Al final, de una forma que no hace coherencia con lo que afirmaba antes, dice que el grupo si era de él y que la cuenta del “Cuervo del Salado”, nombre que utilizó quien creó el grupo,  si era suya. Esta prueba la aportó el FBI manifestando que era un hecho que quien había creado el grupo había sido Nicolás.

 

El juez desestima la prueba por cuatro razones: la primera, la autoridad judicial que hizo el allanamiento en las oficinas de la empresa de los padres del universitario se había excedido en el operativo, ya que solo estaba autorizada para hacer registros en el puesto de trabajo de la mamá y no en los computadores de toda la empresa, como efectivamente lo hizo; segunda, el FBI la aportó sin la consideración a los protocolos de cooperación judicial establecidos en los convenios firmados por los gobiernos colombiano y estadunidense; tercera, que no se legalizó dentro de las 24 horas siguientes a su hallazgo y, cuarta, que el texto de la conversación, a través del Messenger, fue presentada en un formato de Word y nunca se mostró el archivo original de la misma que se escribió en la nube del internet.

 

La inocencia de Nicolás en el relato del libro se hace evidente. El autor contactó al “Cuervo del Salado”, encontró a la persona que, bajo ese “nickname”, creó el grupo y quién le relató, anecdóticamente, lo que sentía cada vez que veía en las noticias de televisión el tema de la amenaza al hijo del entonces presidente a través del grupo de Facebook.

 

Por lo tanto, no nos debe sorprender el fallo de la Corte que no hace otra cosa que reconocer que en el campo penal existen unos protocolos para recoger, valorar y custodiar pruebas, de tal manera que garanticen que la justicia opere con equilibrio y sin sesgos. Si no fuera así, en el caso de Nicolás, un inocente seguiría en la cárcel mientras el verdadero “Cuervo” en la calle, libre, sigue tratando de engañar a su conciencia inmerso en el licor. Si bien el círculo de la justicia no se ha cerrado por completo, al menos un inocente recuperó su condición.

 

Reyes y sus correos. La Corte ha manifestado que los correos se han entregado en un archivo tipo Word y que, de la misma manera que en el caso de Nicolás Castro, no se han aportado sus originales de los servidores de la Web. Ante este cuestionamiento alguien de la Policía dijo que debido a la premura del tiempo solo habían hecho las copias en formato Word. Surgen entonces unas preguntas. ¿Los archivos de Word generados tienen fecha posterior a la del operativo militar? ¿Los archivos fueron generados por Reyes en fechas en las que todavía caminaba por este mundo? ¿Acaso quedan en la memoria física de los computadores personales los textos que un usuario escribe, en su correo o chat, en los servidores de la nube de internet?

 

A propósito, recuerdo un chiste callejero de la época del operativo, con ocasión a un debate que un político de oposición le hacía al presidente Uribe, en el que un ciudadano X caracterizó así la respuesta de Uribe al opositor: no me siga molestando que lo meto en el computador de Reyes.

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