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| 10/22/2012 11:35:19 AM

LOS DISCURSOS DE OSLO: DOS VERSIONES DE LA MISMA LÍNEA.

El proceso de negociación entre el gobierno y las FARC arrancó esta semana en Oslo bajo el auspicio e intermediación del gobierno noruego. La presentación de este nuevo esfuerzo, para poner fin al conflicto armado colombiano, ocurrió a cargo de los jefes de los equipos de negociación de las partes: Humberto de la Calle, por el gobierno, e Iván Márquez, por parte de las FARC. Los dos discursos tuvieron diferentes recibos por parte de la opinión; frente al del gobierno ha sido considerado como ponderado y el del vocero  de la guerrilla ha sido tomado de manera negativa, algunos inclusive lo han calificado como inconveniente para el proceso que se llevará a cabo en Cuba; sin embargo, creo que no son contradictorios ni excluyentes, si bien tienen estilos e intenciones distintos,  corresponden al mismo libreto. Los elementos de los discursos se pueden ver así:

  

Humberto de la Calle, en un discurso moderado, en primer lugar, dejó entrever que el gobierno tiene una plena confianza en que se logre un acuerdo, ya que al iniciar su discurso anunció que se vivía un día “memorable”, afirmación que significaría una tácita aceptación de una alta esperanza por un resultado positivo del proceso; así mismo, al finalizar su intervención, aunque matizándolo con una expresión de “optimismo moderado”, expresó que nos encontrábamos ante una gran oportunidad de alcanzar la paz. Un segundo elemento que se puede detectar es la manifestación de la confianza que existe entre las partes; al agradecer el papel desempeñado por el gobierno noruego mencionó que este fue esencial para que las partes hubiesen alcanzado un nivel de confianza tal que les permitió alcanzar el acuerdo para el inicio de las conversaciones y fue más allá: explícitamente dijo que las FARC han cumplido “rigurosamente” los compromisos adquiridos. Al explicar las tres fases del diseño del proceso de negociación – la primera, el encuentro exploratorio, seguida por los acuerdos sobre la agenda y la firma del acuerdo, para finalizar en la tercera que es la implementación de los acuerdos – diferenció el momento de la terminación del conflicto armado con el de la paz, es decir se habla de paz cuando se implementen los acuerdos, unos que seguramente serán de aplicación inmediata y otros que operarán en el discurrir institucional del país en adelante, así que esa tercera etapa fue denominada por él como el “verdadero motor” de la paz, aspecto que se tendrá en cuenta para analizar el discurso de la guerrilla más adelante. Al reconocer el esfuerzo que hicieron los delegados del gobierno y de la guerrilla al lograr, al terminar la primera fase, el acuerdo general de las condiciones para la terminación del conflicto armado, declaró tácitamente que el escenario para la firma del acuerdo está definido, lo que significaría que la discusión en Cuba se centraría sobre el “cómo” se llegaría a cumplir con un escenario ya diseñado. Manifestó que no se busca  “catequizar” a las FARC sino que esta cambie de método para luchar por sus ideales, abandonando las armas y constituyéndose en una fuerza política que, sin renunciar a ellos, busquen dentro de las reglas de la democracia alcanzar el poder y romper la unanimidad que puede estar viviendo el sistema político colombiano, con ello señalando el respeto por la diferencia que direccionará el proceso. Dejando de lado otros aspectos, anunció que los acuerdos a los que se llegue, dentro de esta fase, serán sometidos a un referendo. Finalmente, la intención del gobierno fue hacer la presentación del proceso a la comunidad internacional y dejar claras las reglas del juego, tanto para la contraparte como para la opinión pública nacional e internacional, resaltando el liderazgo del presidente en él y la influencia institucional que en el Estado ejercerá para sacarlo adelante.

 

Iván Márquez tenía motivaciones distintas al presentar su discurso. Las manifestaciones de las partes en un conflicto, en un proceso de negociación, tienen una doble vía: se dirigen a hacia la contraparte y a la comunidad en general y, finalmente, a un auditorio interno; frente a la comunidad internacional la intención fue la de mostrar que son una fuerza insurgente, con un ideal político de lucha contra la desigualdad social en el país, con el fin  de tratar de quitarse el rótulo de terroristas y narcotraficantes y de cara a la comunidad nacional mostrarse como una fuerza progresista, reivindicatoria de los menos favorecidos; frente a la contraparte el mensaje trata de nivelar el mal momento militar por el cual están atravesando por la ofensiva de las FF.AA. – y del que son conscientes – de ahí que, tácitamente reconociendo que estratégicamente no pueden  ganar, además comprendiendo que la gran mayoría de los colombianos no los acompaña en su accionar terrorista – requisito sine qua non para que tenga éxito una insurrección armada –, insisten en que una derrota total a los movimientos de guerrillas es históricamente inédita, también manifestando, en ese sentido, que una guerra del Estado colombiano contra la insurgencia a largo plazo no es viable económicamente, mostrando también una urgencia del gobierno por alcanzar un acuerdo; Al auditorio interno (aquí escribo tratando de ponerme en los zapatos de ellos), es decir a los miembros de las FARC,  transmitió un mensaje cohesionador e inspirador, inyectando una confianza que les muestre que, con armas o sin armas, tienen un proyecto político con vigencia en Colombia, dadas las condiciones de desigualdad que nuestra sociedad adolece. Así como lo manifestó el gobierno, también Márquez anunció que el pueblo refrendará los acuerdos. Coincide con De la Calle cuando habla que la paz es más que la finalización del conflicto armado, es decir que la paz se inicia con la implementación de la fase tres del proceso, en aquella en la que se materialicen los acuerdos de la agenda logrados y es, entonces, cuando sin perder su propósito, con una propuesta bolivariana, las FARC tendrían una vía política en su lucha ideológica; sus palabras sobre el respeto al “soberano” marcan una nueva percepción en las FARC de lo que se conoce como la opinión pública y la voluntad popular. El discurso de Márquez plantea una postura dura pero en el camino de un proceso de negociación, que a mi modo de ver, quitándole la retórica utilizada, plantea una posición realista en la que calcula muy bien las restricciones y las oportunidades de un acuerdo político, en consonancia con la hoja de ruta trazada con el gobierno.

 

Finalmente, como un aparte, sobre la agenda. El  punto sobre la gran minería ha debido ser objeto de un debate público desde hace algún tiempo en el país; es indudable que los colombianos debemos pensar en las próximas generaciones y entender que sí permitimos que grandes multinacionales, a cambio de exiguas regalías, devasten zonas enteras y sequen fuentes de agua  quizá nuestros tataranietos sentirán la misma desazón que los niños de algunas regiones de África sufren hoy en día, en zonas donde por décadas las potencias occidentales explotaron minas a cielo abierto, al ser testigos de cómo hombres y animales mueren por igual de sed en un mundo de pobreza. No se trata de ser un nacionalista en extremo, pero tanto desapego por el terruño es igualmente perverso. Habrá tiempo para ocuparnos de estos y otros temas.

 

El camino de la paz no es fácil, pero creo que a pesar de las apariencias tampoco está muy lejos. Los discursos así lo indican.

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