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| 11/8/2011 10:27:54 AM

Los maleficios que han acechado en la Fiscalìa

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Los maleficios que han acechado en la Fiscalía.

 

Desde su creación hasta la fecha la Fiscalía General de la Nación ha sido blanco de graves señalamientos hechos por personas de todos los pelambres  por desacierto en su conducción, inoperancia en su funcionalidad, ineficacia en sus resultados y un alto grado de impunidad y corrupción que se anida y carcome de manera inmisericorde en sus entrañas; para unos y otros, la desidia, la impunidad, la connivencia con los malevos, la manipulación de las pruebas, las violaciones al Debido Proceso, filtraciones e infiltraciones, etcétera, son lo  màs común y corriente dentro de su seno.

No he considerado en ningún momento que la Fiscalía General de la Nación sea una criatura deforme parida por la Constitución de 1991, como lo afirma un reconocido Jurista y Columnista en uno de sus artículos publicado por el Diario La Patria – Fiscales: Tragedia nacional -,  en el cual con odio, amargura y frustración esboza unos perfiles mentirosos y otros con verdades a medias, haciendo serias imputaciones que se espera hayan sido denunciadas ante la autoridad o que con base en el mencionado artículo se haya abierto la correspondiente investigación de oficio, asì se trate de los màs encumbrados Funcionarios del Estado.

No obstante lo anterior, el Jurista y Columnista señala de manera cierta y veraz fallas estructurales y algunos hechos patéticos que se han dado en esa Entidad, los cuales no sólo nos produce amargura y dolor, sino vergüenza que traspasa fronteras haciéndonos sentir unos minusválidos mentales ante los ojos de la comunidad internacional. Y lo màs paradójico: en este país pasa de todo, y a la hora de la verdad, nunca pasa nada.

No soy persona muy acuciosa, pero tampoco, poso de nefelibata, y la verdad sea dicha, no tenía el màs mínimo conocimiento de que Alfonso Gòmez Méndez  tuviese esas relaciones non sanctas, ya que siempre he tenido las mejores referencias de su probidad como Jurista.

Recuerdo, como si fuera ayer, el tiempo y la energía que acompañó al fiscal Valdivieso no para salvar a Colombia de esa conspiración maldita, ya que al fin y al cabo Samper fue Presidente, sino para manipular de manera burda y descarada las pruebas en el famoso proceso 8.000, en beneficio de unos y en perjuicio de otros, con un cinismo extremo reflejado en esa risita que caracteriza al pusilánime crónico.

Dudo mucho que se vuelva a repetir una era o etapa tan aciaga y negra como la que se padeció con el fiscal Osorio, manizaleño de nacimiento y dipsómano por adopción, quien sobresalió dejando huella indeleble por su inocultable simpatía, protección y ayuda desvergonzada a la cúpula paramilitar y, especialmente, a sus benefactores incrustados en las Fuerzas Armadas, como el General Rito Alejo del Rio. Esta clase de especímenes solo recibirán castigo cuando se despoje a la Cámara de Representantes de esta función jurisdiccional.

Y ni hablar de la época del ‘tontanato’ y del “aquelarre” bajo la dirección de Iguarán Arana, de quien el Jurista y Columnista ya dijo todo, sólo  le agregaría su falta de entereza, honradez y dignidad en el manejo de ciertos procesos que se vieron limitados por su temor reverencial hacia Uribe. Claro, esos valores no se le pueden exigir a un “memo”.

No creo que se tenga que emular con Francesco Carrara ni con Enrico Ferri para ocupar el cargo de Fiscal General de la Nación, la formación académica recibida en la universidad por los estudiantes en las disciplinas del Derecho, son suficientes y es por ello que la Constitución exige como requisito sine qua non el ser Abogado titulado, pero tampoco se prohíbe al nominador exigir del aspirante un conocimiento màs amplio en el campo penal para un desempeño màs eficaz del cargo. Recobrando vigencia: lo no prohibido es permitido.

Aparte de ser Abogado Titulado, condición principal para ser elegido fiscal, se requiere de otros valores que no están señaladas en la Constitución, y que se debe escudriñar hasta la saciedad porque pertenecen màs al ámbito subjetivo,  y los cuales el nominador debe tener en cuenta por ser  necesarios e indispensables para la elección  de tan importante y delicado cargo como lo son la ética y la moral en todas sus manifestaciones, careciendo de ellos, en todo o en parte, algunos de  los fiscales, reflejándose en los contratiempos y fallas protuberantes que han aflorado en la Fiscalía General de la Nación.

Los procesos que instruye un Fiscal General de la Nación son pocos o muy restringidos, de mucha notoriedad y de fácil veeduría y cualquier irregularidad es detectada al instante por cualquier medio, como ocurrió en otrora con los procesos que conoció Valdivieso, Osorio e Iguarán.

En los negocios que instruye la fiscal Morales Hoyos no veo ninguna relación de causalidad de las decisiones que tome con su religión, ni con su amistad con un ex Presidente, ni con un ex amigo sentimental porque perteneció a determinado grupo al margen de la ley, máxime cuando éste no participó en la toma del Palacio de Justicia, o sea, no se vislumbra la fuente de inspiración; esas son percepciones infundadas y perversas que se le señalan; aclaro que no conozco ni a la Fiscal, ni a Samper, ni a ese alguien que perteneció al M-19, pero, sí me causó curiosidad y sorpresa el mencionado artículo, por la forma tan descarnada como se pisotee a las personas.

La única fuente de inspiración que debe tener la señora Fiscal  para lograr un manejo exitoso de esa compleja institución que brinde confianza, imparcialidad, eficacia y una pronta y cumplida etapa investigativa, es no equivocarse en la escogencia de Vicefiscal, Secretario Privado, Asesor,  Director del C.T.I.,  Director Nacional de Fiscalías, Jefe de Control Interno y Secretarias, funcionarios que deben ser de reconocida confianza, lealtad, probidad, carácter, honestidad, entereza, valor y gran sentido de pertenencia.

Le ruego encarecidamente, señora Fiscal, averiguar por el proceso 314 – Concierto para Delinquir de la Fiscalía 25 Unidad Terrorismo y del proceso 2004 de la Fiscalía 13 Unidad  Anticorrupción, al Director Nacional de Fiscalías, y éste a su vez a los Directores de Unidad, sobre la suerte, tropiezos y dilación injustificada e incomprensible de los mencionados procesos, no obstante haber dado Usted instrucciones precisas a algunos colaboradores cercanos sobre ciertas peticiones  relacionadas, y que fueron a parar, sin duda, a la cesta de la basura.

Si el Consejo Superior de la Judicatura cumpliera siquiera con una mínima parte de su única y principal función, y que es la que justifica la razón de su existencia, cual es la de “examinar la conducta y sancionar las faltas de los funcionarios de la rama judicial.- llevar el control de rendimiento de las corporaciones y despachos judiciales”, estaríamos en un paraíso de tranquilidad con índices muy bajos de impunidad. ¡Ah!, se me olvidaba, y no estaría preguntando por esos vetustos procesos.

Manizales, Noviembre 7 de 2011.

Marco Aurelio Uribe García

 

 

 

    

 

 

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