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| 10/8/2011 4:38:29 PM

POR QUE NO VOY A VOTAR POR PEÑALOSA

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Porque alguien capaz de sembrar la ciudad con los odiosos, feos, caros y agresivos bolardos no merece mi confianza.  No la merece por lo que un acto tan simple –aparentemente– implica, al margen de quien se beneficie con su producción y diseminación.   

 

Es suponer que los bogotanos somos refractarios a cualquier intento de educación o de concertación, y eso es muy grave porque entonces solo queda abierta la puerta de la represión y de la agresión, como ya ocurrió con el derribamiento de un muro en el barrio Lunapark, que le costó la vida a dos humildes habitantes de ese sector, y los carcelazos y decomisos de mercancías, para mencionar solo un par de ejemplos, de los vendedores ambulantes.  Quiero un alcalde estricto y eficiente pero humano.

 

Desde luego los andenes y zonas públicas no son para parquear ni para que se instalen allí toda suerte de vendedores y ladrones camuflados, limpiavidrios, maromeros, cuidadores, etc. pero es necesario considerar las necesidades de estas personas y proporcionarles alternativas de supervivencia antes de enviar la policía a acosarlos para que los andenes se vean despejados. A los ladrones y delincuentes si hay que enviarlos a la cárcel, no al revés.  No es inteligente ni humano generar problemas sociales graves por darle más valor a la forma que al fondo. Cemento si, pero después de la educación, el empleo, la salud y la seguridad.  

 

Convirtió al automovilista es un cuasi-delincuente por el simple hecho de serlo. Cometió  gravísimos errores de análisis cuando implementó el “pico y placa.”  Una medida semejante, dijimos en su oportunidad, tiene un efecto pasajero, en el mediano plazo habrá más carros y más motos, como en efecto ha sucedido. Despreció las consideraciones que se le hicieron al respecto y optó por el camino más fácil: prohibir porque no supo como resolver un problema que, cierto, es complejo, pero que con un poco de ingenio pudo haberse manejado mucho mejor, las pruebas están a la vista.  

 

Simple y fácilmente le trasladó a los automovilistas el costo de su incapacidad y organizó un discurso maniqueo para justificarlo.  Que los carros vendidos puestos en fila llegan hasta Cartagena, dice. ¿Y eso es culpa de quién?  ¿ignora cuantas familias dependen directa o indirectamente de los carros?

 

Le entregó a la empresa privada Transmilenio mucho a cambio de casi nada.  Se infla de orgullo cuando menciona las cosas buenas que tiene el sistema pero elude la responsabilidad que le cabe por la inacabable reparación de losas, que pagamos todos los días, y el fiasco del relleno fluido que no sirvió para nada distinto a tirar nuestro dinero a la basura.  

 

Dijo, y lo hizo, que no iba a invertir ni un peso en la reparación de la malla vial porque eso solo beneficia “al 16% que tiene carro,” lo cual llevó a que se multiplicara cientos de veces el costo de repararlas, costo que, por supuesto, se financia con el dinero de los bogotanos, con o sin carro.  ¿No debería semejante omisión tener algún costo, aunque sea “político”?

 

Prostituyó el Partido Verde, que nació para hacerle oposición a Álvaro Uribe pero que hoy acepta su amistad a cambio de un apoyo que probablemente no sea tan desinteresado.  Ver a Lucho Garzón deshaciéndose en elogios a Peñalosa, ese gran hombre como ahora lo llama, justo detrás del megáfono Uribista, es la mayor muestra de incoherencia y de oportunismo en la historia reciente del país.

 

Acudir a las restricciones y prohibiciones como mecanismo de gobierno es síntoma inequívoco de falta de creatividad y, especialmente, de sintonía con la gente y sus necesidades, que debe ir mucho más allá del discurso y la pose para la foto. Tanto pantallazo montando en bicicleta, alzando niños y besando señoras de barrio son simples poses de campaña que se olvidarán tan pronto tenga las llaves del Palacio Liévano.  Ya sucedió, hasta un fallido intento de revocatoria hubo, pero no porque faltaran los descontentos y damnificados, sino porque la logística para la recolección de las firmas no funcionó.   

 

Además hay otras personas, como Petro y Parody, que parecen ser los más opcionados, o como Galán y Luna, con propuestas nuevas, frescas, y de pronto sin tantos patrocinadores y por ello con más capacidad de maniobra, que son capaces de conducir nuestra ciudad a buen puerto, como lo hizo tiempo atrás Jaime Castro, el verdadero planificador de la ciudad, al que nunca se le dio el crédito por ello.  Peñalosa tiene conocimiento y experiencia, claro, otra cosa es en beneficio de quien los usará.

 

Quiero a Bogotá libre de bolardos agresivos, de moños navideños horribles y caros, de parqueaderos costosos, de calcomanías mexicanas e inútiles, de bahías cerradas, de policías arbitrarios, de cazadores de automovilistas, de losas dañadas, de grúas y patios onerosos, de gobernantes expertos en meternos la mano al bolsillo. Quiero una Bogotá en la que el ser humano sea la prioridad. Por eso no voto por Peñalosa.

 

Fernando Márquez

Sociedad Colombiana de Automovilistas

http://www.sca.com.co

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