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| 7/9/2012 12:08:10 AM

PROHIBESE HACER CIENCIA

                    

El peor problema de Colombia, el más grave de lejos, es la justicia, o mejor, la falta de ella. Subyace en toda la problemática social, en el aberrante conflicto interno, es la madre de las guerrillas, de los paramilitares, del despojo de tierras, de la impunidad, de la corrupción, de los carruseles, de la compraventa de conciencias, de votos, de todos los males que aquejan este país, víctima de los avivatos que engordan a la sombra de una rama judicial en muchos casos bizca, coja, garosa, con código de barras, sin ética y pusilánime. No parecen necesitarse muchas manos para contar los Magistrados, Jueces y Fiscales probos y rectos.

 

The RTS,S/AS01 candidate vaccine offers poor protection against severe malaria.

 

La más reciente aberración conocida, la “reforma a la justicia”, en buena hora denunciada y desmontada, prueba que no es ninguna exageración.  La liberación de peligrosos atracadores y asesinos, dispuestos a matar por un reloj o un celular porque, a juicio de los fiscales encargados, son susceptibles de “resocialización” y no representan peligro para la sociedad, es una vergonzosa y dura bofetada para una ciudadanía cada vez más desprotegida y acosada.

 

Todas las garantías son para los bandidos, no se les ocurra defenderse, a menos que estén dispuestos a ser denunciados por lesiones personales, daño en cosa ajena e intento de homicidio, con la correspondiente “ejemplarizante condena”. Los Velascos liberados por cuenta de dictámenes estúpidos son los culpables de los miles de Rosa Elviras, violadas, empaladas, desfiguradas con ácidos, degolladas y apaleadas hasta la muerte, de los huérfanos y viudas, de los heridos a quienes nadie atiende. Tan culpables son los jueces que los liberan como los asesinos.  

 

Es más costoso, proporcionalmente, robarse unos cubos de caldo de gallina para mitigar el hambre que estafar todo un país. O más grave descalabrar un ladrón que secuestrar o matar miles de personas. El primero, a menos que se le apareciera la virgen y tuviera como pagar abogados de élite, irá a la cárcel, los otros, adornados con cualquier título, Gestor de Paz o cualquier pendejada que se les ocurra, entrarán a gozar de prebendas, escolta y salarios oficiales. Ese es el mensaje torcido y peligroso que está recibiendo nuestra sociedad. Ese es el escenario donde proliferan y se enriquecen los “fritangas” de todas las pelambres y se ahogan los intentos de unos pocos por hacer de este un país trabajador y honesto.

 

Fallos como el que prohíbe a Patarroyo usar monos para experimentación, con todo lo que ello implica en términos de la investigación que realiza, que debió haber consultado a la academia en pleno, a todos los expertos posibles, que debieron haberse debatido hasta la saciedad son, en cambio, una tajante condena de muerte para millones de personas inocentes. Cada 30 segundos muere un enfermo de malaria, niños en su mayoría, 2880 cada día, pero que importa, son seres anónimos, pobres y vulnerables que nada aportan ni política ni económicamente.  Resulta más redituable hacer alharaca en torno a la utilización de unos animales que son indispensables y que de todas maneras vuelven a su hábitat natural en perfectas condiciones que analizar los alcances, causas y consecuencias de tales decisiones.  

 

Las tabacaleras, que matan miles de personas cada día, que se empeñan en enviciar a la juventud, que ocasiona costos multimillonarios por cuenta de las enfermedades que ocasionan, son respetadísimas porque tienen plata, no nos digamos mentiras. No hay nadie capaz de prohibir de tajo la venta de cigarrillos, lo mas osado que han hecho, sin desconocer que algo es algo, es obligarlos a poner en sus cajetillas que son un riesgo para la salud.

Y las farmacéuticas que juegan sucio, que nos exprimen hasta el último centavo, que corrompen médicos y sistemas de salud enteros, que comercian y trafican con la salud y la vida humanas, son intocables, por lo menos en Colombia. En el exterior acaban de imponerle la mayor multa de la historia a Glaxo, 3.000 millones de dólares, por promover medicamentos ilegalmente, ocultar datos relacionados con los efectos secundarios de sus pócimas, hacer declaraciones falsas sobre los precios y pagarles lujosos viajes a los médicos para que formulen sus productos. De esos cargos ya se declaró culpable, no le bastó, como a nuestros a ilustres congresistas, salir con cara de yonofuí a pedir perdón.

 

Esta multinacional es dueña de la patente de la vacuna contra la malaria conocida como RTS,S/AS01 de la que dice el prestigioso New England Journal of Medicine, 18 octubre 2011: “la eficacia de la vacuna contra la malaria clínica y severa en la categoría de mayor edad se presenta aquí, y su eficacia respecto a los resultados en la categoría de menor edad serán presentados en aproximadamente un año…”.

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“Las estimaciones de la eficacia de la RTS,S de acuerdo con el estudio y la incidencia de malaria clínica o grave, en la categoría de edad más joven aún no están disponibles, (…) pero se analizarán más adelante…”  Es decir, el artículo se publicó sin tener datos concretos y ciertos. Pero eso no es lo más grave:

 

“La meningitis se informó con mayor frecuencia en el grupo de inmunizados con la RTS, S/AS01 que en el grupo control, con 11 casos sobre 1 entre los de mayor edad; y 8 casos sobre 1 entre los de menor edad. La RTS,S también indujo convulsiones dentro de los primeros siete días de su administración; aunque sus síntomas más frecuentes fueron dolor y fiebre.”  ¿Será a cosas como esa a lo que se refieren cuando los acusan de ocultar datos relacionados con los efectos secundarios?

 

 A lo largo del ensayo fallecieron 151 niños. El seguimiento fue de 9 meses entre los más jóvenes y 18 meses entre los más mayores, tras administrarles la primera dosis de RTS,S. Durante los primeros 12 meses de seguimiento entre éstos últimos, la evaluación de riesgo demostró que la eficacia no fue constante durante este periodo, reportando mejores datos al principio que al final del seguimiento.”  

 

Ver:  http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMoa1102287

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Resulta entonces más rentable y menos riesgoso jurídicamente enfermar, matar, mentir, distorsionar, omitir, legislar en contra de la ciudadanía y en beneficio de los compadres, amigotes y poderosos que buscar soluciones para los grandes males de la humanidad.  Colombia no puede permanecer impasible ante la agonía de una institución que con las uñas y con todo en contra produce alrededor del 40% de la ciencia que se hace en Colombia.

 

El fallo en contra de Patarroyo y la FIDIC afecta a la humanidad entera, es desproporcionado e injusto y tendrá profundas repercusiones en la de por si pobre producción científica nacional.  La importantísima y necesaria protección de los recursos naturales, zonas de minería, manglares, islas, bosques, parques nacionales, especies animales, agua y mares no debe ser únicamente la bandera que se agita para acabar con  quienes tan bien le han servido al país.  O por lo menos debería medirse a todos con el mismo rasero, aunque peguen duro o paguen bien, es lo menos que se le puede pedir a la justicia colombiana.

 

Prohíbese la cobardía.

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