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| 8/22/2012 8:28:53 PM

Psicología social del fascismo: adoctrinamiento a menores de edad y guerra psicológica

Psicología social del fascismo: a propósito de la estrategia de adoctrinamiento a menores de edad como forma exitosa de guerra psicológica.

Mg Edgar Barrero Cuellar

Director Cátedra Libre Martín Baró

www.catedralibremartinbaro.org

Consejero por Colombia ante la Unión Latinoamericana de Entidades de Psicología –ULAPSI-

 

Por estos días Colombia ha venido conociendo con cierta sorpresa pero con mucha ingenuidad la última estrategia de guerra psicológica del expresidente Alvaro Uribe para seducir muchachos para su nuevo movimiento de ultraderecha radical: hacer conferencias gratuitas en colegios privados, dirigidas a menores de edad con el pretexto de enseñar liderazgo. Estas se hacen en medio de impresionantes dispositivos de seguridad y con el permiso de las directivas de los colegios y las juntas de padres de familia, según lo relata un artículo del periódico El Espectador, del día 18 de agosto de 2012 (ver enlace: http://m.elespectador.com/impreso/politica/articulo-368547-catedra-uribista )

 

Justamente en una de estas conferencias  de liderazgo afirmó con cinismo y despreocupación que si hubiera tenido tiempo habría adelantado acciones militares contra Venezuela. Al fondo del auditorio se escucharon las risas de los jóvenes ante semejante afirmación salida de toda lógica de sentido común, tratándose de un expresidente de la República. Pero lo cierto es que hubo risas, complacencias y aplausos, no sólo de los estudiantes, sino de los padres de familia y de docentes y directivos.

 

Esta es la cuestión que resulta supremamente preocupante desde la perspectiva de una psicología social crítica: que sean los propios padres de familia y las directivas de los colegios, los que entreguen en bandeja a estos menores de edad para que sean adoctrinados para proyectos de ultraderecha que fácilmente terminan en prácticas fascistas. Este análisis se centrará en desentrañar la forma como los seres humanos son llevados a este tipo de ejercicios perversos de aceptación inconsciente del sacrificio de sus propios seres queridos en aras de servir a proyectos que se plantean como de salvación nacional.

 

No se habrán preguntado quienes facilitan estos espacios de adoctrinamiento, si los menores de edad que escuchan estos planteamientos, ¿pueden convertirse sin darse cuenta en potenciales fanáticos dispuestos a destruir todo aquello con lo que no se encuentren de acuerdo y que se interponga en su camino? Recordemos que el adoctrinamiento fanático se lleva a cabo no sólo a través de la palabra, sino por medio del ejemplo vivo de quien habla. ¿Y cuál ha sido el ejemplo de Alvaro Uribe y de muchos de sus colaboradores?

 

Engaño y mentira sistemática en prácticas como las falsas desmovilizaciones, ejecuciones extrajudiciales de más de 3500 personas para ser mostradas como trofeos de guerra, apoyo a grupos paramilitares (Un General de la Policía Nacional que le servía como máximo responsable de su seguridad,  acaba de confesar su apoyo a bandas criminales y paramilitares), invasión a países hermanos, despojo de grandes territorios para ser entregados a empresas mineras y de palma. Muchos de sus familiares cercanos condenados por parapolítica o narcotráfico (hace poco fue extraditada a EEUU una excuñada suya y una sobrina está siendo buscada por las autoridades norteamericanas). En fin, la lista cada vez se hace más extensa.

 

Y esto es lo que aprenden las muchachas y muchachos cuando un personaje de estos es presentado como modelo a seguir. En la nota citada del El Espectador puede uno leer cosas como la siguiente, refiriéndose al conferencista Uribe Velez:

 

Una alumna de quince años, dice: “¡Usted es el ejemplo! (la gente celebra su aporte con risas y aplausos). No sé si vuelva a tener otra oportunidad de decirle: ¡usted es mi gran ejemplo de liderazgo, yo quiero ser como usted!”.

 

Muchos autores como Hanna Arendt y Edgar Morin han estudiado este fenómeno en distintos contextos y todos ellos llegan a la misma conclusión: para que un proyecto autoritario o totalitario de cualquier orden se pueda configurar y sostener social y políticamente, se necesita de todo un proceso de masificación por vía del adoctrinamiento, dentro del cual el sistema educativo juega un papel estructural.

 

Otros medios apuntan al nivel emocional por medio de la repetición incesante de  mensajes que buscan hacer querido y aceptado, lo que no se puede querer y aceptar. Aquí se sitúan las grandes cadenas privadas de televisión, los servidores de internet, las redes sociales y las emisoras de radio. Para continuar con nuestro ejemplo, nos podríamos preguntar: ¿Quién quiere o desea la guerra con todas sus consecuencias?, ¿quién acepta

la muerte de los otros e incluso la propia, como mecanismo de solución de los conflictos?

 

Para que ello suceda se necesita de todo un proceso de socialización que incluye diversos métodos que van desde lo más sutil hasta lo más grotesco. Sutiles son los mensajes que se transmiten cotidianamente y que los niños y jóvenes incorporan de forma mecánica. Esos mensajes circulan a gran velocidad y se repiten tan intensamente que sin darnos cuenta terminamos justificando todo tipo de atrocidades, sin importar que las mismas se estén llevando a cabo contra seres humanos.  

 

Pero existen otros métodos que no son tan sutiles sino que se presentan de forma abierta y son justificados como estrategias pedagógicas y didácticas. Estos métodos buscan impactar la estructura intelectual de los muchachos para capturarlos y ponerlos al servicio de proyectos fanáticos en los que justamente no se cuestiona al líder, sino que se le sigue y obedece ciegamente.

 

Y todavía nos preguntamos por qué en Colombia pasan las cosas que pasan. No nos hemos dado cuenta que este tipo de prácticas se transmiten de generación en generación hasta que logran echar profundas raíces. Por ello es que vemos como natural lo que a todas luces no es natural: asesinar al otro distinto ya sea física o simbólicamente. Y no nos digamos mentiras: en esta transmisión de la muerte y la guerra como forma de solucionar los conflictos, nuestras élites han tenido una enorme responsabilidad. Por lo menos esto queda claro con lo que el señor Uribe está haciendo en los colegios como representante de la élite política colombiana.

Este mismo problema fue planteado a comienzos del siglo XX en Alemania por Wilhem Reich  en su impactante libro “la psicología  de las masas del fascismo”:

 

“Dado que la sociedad autoritaria se reproduce con ayuda de la familia autoritaria en las estructuras individuales de masas, la reacción política se halla obligada a considerar la familia autoritaria como el fundamento "del Estado, de la cultura y de la civilización". Al hacer su propaganda en este sentido cuenta con los factores irracionales profundamente arraigados en la muchedumbre. El político reaccionario no puede confesar sus verdaderas intenciones. Las masas alemanas jamás hubieran dado su aprobación a un programa de "conquista del mundo". Aquí se puede acceder al texto completo de Reich: http://inclusionmental.com.ar/contents/biblioteca/1334412406_psicologiademasasdelfascismo.pdf

 

Frente a una realidad como esta, se necesita una Psicología capaz de responder eficazmente en  términos de buscar mecanismos de desenmascaramiento de los riesgos que este tipo de prácticas políticas implican. No puede ser que asistamos pasivamente a la construcción de una nueva generación de colombianas y colombianos adoctrinados para continuar con esta barbarie irracional en nombre de la patria y los valores morales. Tarde o temprano los gremios de la psicología colombiana tendrán que jugar un rol distinto y menos cómplice del que hasta el momento han estado jugando. Se es cómplice cuando siendo consciente de los daños que se están produciendo a una persona o a toda una sociedad, se mira a otro lado, se plantea otro horizonte y se construye otro discurso que no le meta en problemas y que no ponga en riesgo su situación de confort.

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