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| 8/20/2012 5:22:43 AM

Un poema para Marilyn

                                                          A Marylin: un poema en su memoria 

 

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Se conmemoran cincuenta años de la desaparición del ícono sexual por excelencia del cine en el siglo XX; aunque la inmortalizara Andy Warhol en uno de sus cuadros más representativos. Marylin Moroe, o Norma Jean Baker -su nombre de pila-, eran dos personas que convivieron en un mismo cuerpo pero a diferentes ritmos.

Nacida en 1926, hija de una esquizofrénica, la niña Norma Jeane Mortenson, pasó gran parte de esa época dorada y dulce, encerrada en orfanatos. Quizá fue ese el origen de su sentimiento desarraigado por todo. Hizo una carrera meteórica en los medios, tras apariciones fugaces en publicaciones de poca monta y papeles de extra, el hecho de salir en la portada de una revista llamada Playboy, cambiaría su vida. Un tal Hugh Hefner, tuvo la visión suficiente comprando los derechos y adelantándose así a la eclosión que significaría la salida desnuda de la primera "conejita", cuya belleza clásica, la lanzaría al firmamento hollywodense.

Justo ese año 1953, protagonizaría "Los Caballeros las prefieren rubias", todo un hito en su carrera tanto como actriz, como en su imagen de femme fatale. Rodeada de galanes a los que hacía desplantes de adolescente, su imagen de rubia impactante y socarrona, empezó a adornar los cuartos de los adolescentes que la consagraron en sus altares onanistas de los nacientes años cincuentas. Entonces vendrían sus contratos para filmes como la Comenzón del séptimo año y luego, tras una dilatada serie de giras por el mundo, hacer su ingreso a la prestigiosa escuela de actuación Actors Studio de Lee Strasberg. Punto crucial para su carrera actoral, pues de ahí en adelante, la crítica luego de su paso por la academia, sería benévola; incluso en 1960, obtendría el premio Oscar por su interpretación en la comedia de Billy Wilder Some Like It Hot ("Con Faldas y a lo Loco" o "Una Eva y dos Adanes").

Sus relaciones amorosas estuvieron teñidas por conflictos dada sus características de personalidad. Joe Di Maggio, célebre beisbolista y Arthur Miller, el gran dramaturgo, fueron sus parejas. Lastimósamente, la belleza proverbial de Marilyn no sería suficiente para proporcionarle la pasajera sensación con la que conocemos a esa figura huidiza, nombrada por muchos con el adjetivo ingenuo de "felicidad".


Sin embargo, sus problemas depresivos, multiplicados en apariencia por un trastorno bipolar y maniaco- depresivo, la llevarían a cometer excesos fatales que darían fin a una carrera promisoria, a la breve edad de 36 años, el 1962. Su imagen ha pasado por la mujer tonta y superflua que símplemente se limita a ser bonita. Sin embargo Norma Jean Baker y Marilyn Monroe, comparten la dualidad literaria de Mister Jekyll y Hyde, que la hace poderósamente atractiva como personaje. Escribió poemas reflexivos y concisos; existe una fotografía donde el ejecutor consigue darnos visos de su alma: sentada entre los juegos de un parque infantil, lee absorta, el famoso pasaje del Ulises de James Joyce, en el que podemos desglosar los pensamientos más íntimos de Molly Bloom, la heroína de la novela. Seguramente Norma y Marilyn (ah, olvidaba recomendarles esa excelente película, en la que Mira Sorvino y Ashley Judd, hacen respectívamente los roles de Marilyn y Norma) se vieron representadas en la lectura del genio irlandés, quién allí, hace una disección de la dualidad femenina en unas cuántas páginas soberbias.

 

marilyn 1.jpeg

Quiero celebrar su memoria e innegable talento estético de esta musa -para mí, la más grande del siglo XX- con un breve poema que le he compuesto:

  

 

                                                                            Marilyn



Sobre el puente de Brooklyn
Bajo un cielo de profundo cobalto en tus ojos
Arrojas pan a las gaviotas.
Doncella de piel de terciopelo,
Muñeca de muslos de porcelana.

?¿Rubia? ¿Tonta? ?te dices?
«¿Acaso qué mujer enamorada no lo es? ?piensas?
No existe mucha diferencia entre nosotras y ellos».
Cabizbaja, fija tu mirada ?la misma que hizo despeñar
A muchos sensatos, por el precipicio de la locura y los celos?,
Repites el monólogo febril
De un demonio irlandés, que extrañamente,
Parece conocerte mejor que tu baraja de amantes.

«¿Cuánto dolor puede cargar la vida?»
Te preguntas: «¿Seré capaz de soportarlo sobria, viva?»
Esas, oh Marilyn, son cuestiones
?metafísicas, quizá profundas?
A las cuales solamente
El silencioso y reflexivo
Monologo de la muerte
Podrá responder con su morado beso en los labios.


http://vquijano.blogspot.com/2012/08/a-marylin-un-poema-en-su-memoria.html








 

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