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| 2/9/2012 8:24:20 PM

Venezuela: Vientos de cambio soplan el futuro político del país

Febrero 2012-02-07

 

Los vientos de cambios que soplan sobre el futuro político venezolano lucen inevitables. La salud del presidente de la República, las elecciones del 7 de octubre, la crisis que enfrentamos producto de la conjunción de los experimentos socio-económicos, la negligencia, la corrupción, la incapacidad y la incoherencia del modelo, así como, los movimientos que se vienen dando a lo interno del régimen son señales de transformación en el proceso político que viene atravesando el país desde finales del año 1998. Como todo proceso de cambio este genera incertidumbre y la interrogante de cuál será el  nuevo rumbo que tome el país y  de dónde nacerá el mismo. Sí algo es cierto en este proceso es el hecho que ni con la continuidad del Presidente existe certeza sobre la estabilidad institucional en el país.

 

El problema del Presidente reside en dos aspectos fundamentales: el primero su salud y su capacidad de ejercer integra y energéticamente el poder, como lo ha hecho hasta ahora, y el segundo tiene que ver con la salud del régimen el cual parece debilitarse día a día invadido por el cáncer de la corrupción y la negligencia que socavan significativamente la capacidad para integrar los resultados de gestión tan esperados por el país.

 

En lo que respecta a la salud del Presidente, este debe prepararse para crear una estructura y ungir a un grupo de sus colaboradores que pueda seguir construyendo o des-construyendo su obra, pero en todo caso el régimen y el futuro nunca sería el mismo. Por otra parte en lo referente a la salud del régimen el hecho de privilegiar la política sobrestimando el poder de los ingresos petroleros como herramienta para el ejercicio de la política, en detrimento de la legalidad, la institucionalidad, los valores y expectativas de los ciudadanos y la importancia de la economía y algunos de los principios que la rigen han llevado al país a un problema estructural que exige un cambio de timón si en realidad se aspira y desea generar el mayor bienestar y felicidad para la mayor cantidad de los venezolanos.

 

Por su parte para la oposición su gran reto está en derrotar electoral y políticamente al Presidente el próximo 7 de Octubre y tomar el poder real para ejercerlo en función de un cambio real que sea sostenible. Igualmente debe prepararse para participar en el juego de poder en caso de que el presidente no pueda continuar ejerciéndolo parcial o absolutamente.

 

Si entendemos la transición política como el cambio gradual entre dos regímenes,  formas de gobierno o sistemas socioeconómicos, hay que destacar que en los últimos ochenta años de la historia venezolana se han vivido al menos tres procesos de esta naturaleza: La compleja transición post-gomecista la cual terminó en el perezjimenismo, después del derrocamiento de dos presidentes (Gral. Isaías Medina y Rómulo Gallegos), una constituyente y el magnicidio del Presidente de la Junta Militar de Gobierno Cnel. Carlos Delgado Chalbaud. Este régimen que cayó el 23 de enero del 58 dio paso a la democracia mediante la consolidación de un pacto de gobernabilidad “Punto Fijo” el cual nació el 31 de octubre del 58 y fue la base de un largo período de 40 años de democracia y paz política. Este sistema político fue sentenciado de muerte el 2 de febrero de 1999, con la toma de posesión del Presidente Chávez y la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente. A partir de allí se comenzó a transitar hacia la llamada Quinta República o el Socialismo del siglo XXI, período en el cual el país ha estado sumergido en un proceso de transitoriedad institucional donde pareciera que las estructuras, los funcionarios y las maneras de hacer las cosas no terminan de cristalizarse en un modelo concreto y estable. Pareciera que los creadores del modelo si bien tienen una idea sobre algunos elementos del diseño político, estructural y gerencial, van avanzando siguiendo la famosa frase acuñada por el casi legendario personaje de Por estas Calles, Eudomar Santos, “Mientras vaya viniendo vamos viendo”.

 

Un cambio de régimen producto de la derrota que pueda infringirle el candidato opositor al Presidente Chávez el próximo 7 de Octubre, sería el mejor de los desenlaces políticos para el país porque entre otras cosas le proveería al nuevo Presidente una base de legitimidad que le facilitaría comenzar a andar en el camino de rediseño político, estructural y gerencial del Estado venezolano. Hay que estar conscientes que en estos últimos trece años, se ha instaurado una nueva élite política, económica y militar, así cómo, una nueva matriz de alianzas internacionales, con socios con un nivel de inherencia e involucramiento en asuntos estratégicos nunca antes visto en la historia reciente del país. A este tema habría que agregarle la penetración de las mafias del crimen organizado de las estructuras del Estado. Estos actores manejan el poder directa y formalmente. Otros lo hacen de manera informal e indirecta, pero al final entres ambos grupos se reparten el poder de hecho.

 

En lo que respecta a una transición producto de la incapacidad del Presidente para seguir ejerciendo el cargo, la dinámica se evidencia en un antes o después de las elecciones. En el primer, antes de las elecciones, en el que acaso podríamos enfrentar la posibilidad de una suspensión o postergación de las elecciones presidenciales, y quién sabe que pasaría con las elecciones de gobernadores y alcaldes. En el segundo caso, después de las elecciones, definiría el desenlace si el Presidente, en caso de haber ganado, toma posesión formalmente del cargo. Según la Constitución si el Presidente está en funciones su falta la suple el Vicepresidente de la República y en caso que no haya asumido su nuevo mandato, el Presidente de la Asamblea asume el rol del Presidente del país. En ambos casos, salvo que el mandatario nacional esté en los dos últimos años de su mandato, el Presidente encargado deberá convocar elecciones en un período de un mes. Esta situación que si bien está enmarcada en la Constitución depende mas de los actores, las cuotas de poder real que ostentan y sus aspiraciones. Así que bajo este escenario la élite opositora tendrá que negociar con los herederos políticos del Presidente Chávez para definir el camino políticamente viable.

 

Para poder construir una transición exitosa la oposición debe: identificar a los actores con poder real que al mismo tiempo tienen el potencial de convertirse en aliados o agentes desestabilizadores; reconocer el poder que ostentan y la legitimidad para ejercerlo; acordar la distribución de cuotas de poder o beneficios legales; neutralizar a aquellos agentes que no están dispuestos o no son sujetos de las negociaciones; hacer lo imposible para que las acciones del nuevo régimen estén enmarcadas en la legalidad; definir las nuevas reglas de juego político  y garantizarse el control de las fuentes del poder político-institucional, el poder económico que reside en el Estado, la paz social y la violencia.

 

Lo que debe ser el sustrato de este proceso de transición es el cambio progresivo de un régimen personalista a un régimen de instituciones democráticas. Si el nuevo liderazgo opositor no comprende los retos, la naturaleza de los actores, el reparto real del poder y las reglas no escritas del juego podemos terminar en un proceso entre un régimen transitorio y otro que tristemente termine siendo lo mismo lo cual sería imperdonable por el costo aún más alto que pagaríamos como Nación

 

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