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Los fanáticos de la extrema izquierda y los acérrimos enemigos de Uribe han puesto todo su esfuerzo en sabotear la marcha de mañana. Sin pudor, han acudido a argumentos retorcidos y sectarios.
El primero alega que la manifestación ha sido "apropiada ideológica y políticamente" por el gobierno y se ha transformado en una cruzada a favor del Presidente.
La verdad es que la marcha fue convocada por jóvenes espontáneos que decidieron pasar de la queja a los hechos y protestar contra las FARC. Esos muchachos encarnan el hartazgo, el fastidio profundo, la indignación inconmensurable del ciudadano de a pie contra un grupo de criminales organizados que no ha tenido reparo alguno en asesinar, mutilar y secuestrar a miles y miles de colombianos y extranjeros habitantes del territorio nacional, unos terroristas que en la búsqueda de sus objetivos políticos y económicos no dudan en cometer los crímenes de guerra y de lesa humanidad más tenebrosos y nauseabundos y que un par de días después de liberar a dos rehenes para salvare la cara al Teniente Coronel secuestraban seis en una playa de Chocó. No tengo el honor de conocer a estos jóvenes y no tengo idea de sus simpatías políticas, pero no dudo que merecen un reconocimiento nacional por su valentía y capacidad de acción.
De manera que la marcha no es de liberales, conservadores, simpatizantes de Cambio Radical, del Polo, La U o sin partido. La marcha es de todos y todos hemos sido convocados a ella, con independencia de la filiación política y de si somos o no uribistas. La marcha es una protesta común, una voz pacífica, ciudadana y contundente contra las Farc y nada más que ello. Hacer de ella un plebiscito en torno a Uribe es torcerle el pescuezo y es también una sorprendente estupidez de sus adversarios: semejante confusión le permitiría al Presidente adjudicarse como propio un mitin que, intuyo, será histórico por su magnitud y contundencia.
Con todo, insisto, la marcha no tiene que ver con Uribe, sino con el grito ciudadano de coraje y exasperación con las Farc. El gobierno, por supuesto, tiene que sumarse. No puede hacer otra cosa. El Presidente y los Ministros deben estar en primera fila, como sucede en España cada vez que Eta mata, sin importar si en la Moncloa manda el Psoe o el PP. Es prueba de democracia que los gobiernos sigan a la sociedad y se unan a ella, que hagan del clamor ciudadano su propia voz. ¿Qué esperaba, pues, María Jimena Duzán
¿Qué el gobierno no apoyara la marcha? ¡Malo sería si no lo hiciera!
El segundo se centra en criticar que la marcha sea sólo contra las Farc. Aducen que ello significa que hay "unos crímenes buenos y unos malos, unos que se justifican y otros que no". La cosa sería simple ejercicio de bobería -protestar contra las Farc no significa aupar a los paras, como abuchear a los asesinos no se traduce en absolver a los secuestradores- si no fuera porque detrás de esa queja aparente se quiere diluir el repudio a las Farc y porque hay una perversa intención de equipararlas al gobierno. El comunicado del Polo donde recula de su rechazo inicial a la marcha sostiene que "no puede permitir que su actitud se asuma ni como connivente con las Farc, el secuestro y sus crímenes … ni como apoyo al gobierno de Álvaro Uribe, al que se opone de modo inequívoco por su carácter autoritario y regresivo". Y entonces, para evitar "equívocos", los polistas deciden copar la Plaza de Bolívar, donde los marchistas tienen intención de terminar la caminata. Si no querían reclamar contra las Farc, allá ellos. Pero, ¿para qué boicotear la manifestación ciudadana?
En fin, la marcha del 4 no supone olvidar a las víctimas del paramilitarismo. Ojalá antes hubiera habido similares manifestaciones contra el horror de los paracos. Las víctimas, todas las víctimas sin excepción, incluso aquellas que lo son como resultado de los delitos inaceptables de la fuerza pública, merecen nuestra solidaridad, y los victimarios, nuestra condena. Pero esta ocasión tiene nombre propio y no podemos permitir que se disuelva: gritar contra las Farc y contra el secuestro y exigir la libertad inmediata y sin condiciones, como ordena el DIH, de todos los rehenes.
Puntilla: Me ofende el descaro de Mancuso y repudio su declaración de apoyo a la marcha. Los inocentes, los demócratas, no necesitamos el soporte de sus manos criminales.
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