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| 8/20/2001 12:00:00 AM

Como pez en el agua

Pablo Michelsen vuelve a sonar con fuerza: esta vez por su labor como rector del Politécnico Grancolombiano.

A sus 44 años de edad Pablo Michelsen siente que le ha tocado vivir de todo: “La difamación total, la expropiación total y el exilio total”. Y piensa, además, que si muchos han escuchado su nombre es porque sonó bastante en las décadas de los 80 y los 90 debido al escándalo del Grupo Grancolombiano. Algo apenas lógico pues este abogado, graduado de la Universidad Javeriana, fue el principal defensor de su padre, Jaime Michelsen Uribe, creador del que fue uno de los más importantes grupos económicos y a quien acusaron por autopréstamo, lo que trajo como consecuencia el colapso del emporio formado por más de 210 negocios. “He ejercido todas las ramas del derecho en carne propia”, afirma hoy en su despacho de rector con algo de nostalgia pues no sólo defendió a su papá sino a sí mismo cuando también lo involucraron en los procesos penales, por los que hubiera tenido que permanecer 54 meses en prisión. Sólo hasta hace dos años fue absuelto.

Por eso, después de haber sido tildado de corrupto y de deshonesto le parece curioso ser el rector del Politécnico Grancolombiano, uno de los legados más importantes de su padre, y “ocupar un cargo con corbata y todo”, según cuenta con cierto tono irónico. En realidad toda su vida quiso dedicarse a la educación. Lo supo desde niño, cuando pasaba horas pegado a los libros y, como buen nerd, se destacaba por tener las mejores notas y admirar a sus profesores del Gimnasio Moderno: “Yo quería ser humanista como ellos”, recuerda. Pero la vida y su familia se encargaron de que primero formara parte del engranaje del conglomerado de su padre y pasara de practicante en la Aseguradora Grancolombiana a analista financiero de Granfinanciera, entre otros cargos. Suerte, podría pensarse, de quien nace en cuna de oro, la cual se esfumó con el derrumbe del grupo.

“Si mis papás partieron de cero cuando crearon sus negocios, por todas las acusaciones a mí me tocó arrancar de menos X”. Por ello ejerció como abogado independiente antes de llegar a ser vicerrector general del Politécnico en 1993. Los momentos difíciles que pasó lo hacen sentir más satisfecho de ser desde 1996 la cabeza de la Fundación que, a pesar de las polémicas, despegó. Prueba de ello es que, en el campo empresarial, la universidad se destaca como una de las más importantes del país. Actualmente se ha unido al propósito del gobierno de sacar adelante 25.000 especialistas en tecnologías de información. El, como rector, es en gran medida el promotor de carreras novedosas en el país, como medios audiovisuales. Además el Politécnico lidera la participación de las instituciones de educación superior en el Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá para que puedan desarrollar sus instalaciones. “Esta es una de las pocas universidades que primero se ocupa de formar tecnólogos y luego profesionales en un país que sufre de doctoritis”, asegura Michelsen.

Hoy el orgullo de haber defendido a su padre disputa el primer lugar con otra gran satisfacción: el éxito de sus estudiantes en el mundo laboral, el aporte personal a la educación del país de una persona convencida de que “la educación es la última esperanza de la humanidad”.
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