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| 9/10/2001 12:00:00 AM

El conciliador

El ministro de Trabajo, Angelino Garzón, ha demostrado que es posible armonizar los intereses de los trabajadores y los del país.

Aunque parezca una redundancia la historia de los 54 años de Angelino Garzón, el ministro de Trabajo, es de puro trabajo. Su padre, un comerciante de Buga, murió cuando él era un niño y por eso tuvo que repartir periódicos y ser mensajero de tienda para ayudar en su casa. Nunca olvidará cuando en Cali, Colombina lo contrató para llevar el marcador en el Pascual Guerrero. Un día, en un clásico entre su América y el Cali, su equipo estaba por cobrar un penal. Emocionado, Angelino marcó en el tablero el gol antes del tiro. Pero el cobrador falló y él se ganó la chiflatina.

En el bachillerato fue caddie de golf del Club Campestre. Se graduó como técnico en electricidad del Sena y entró a la Siderúrgica del Pacífico, pasó por los Ferrocarriles y luego llegó al Dane, donde se consolidó su carrera de dirigente como secretario de Fenaltrase.

Abogó por la unidad desde el comité intersindical de trabajadores del Estado hasta que se logró la creación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) en 1986, de la que fue secretario por cuatro años. Desde mucho antes Garzón había sido militante y directivo del Partido Comunista hasta que en 1990 se retiró y apoyó a su amigo Bernardo Jaramillo, candidato de la Unión Patriótica asesinado ese año.

Se lanzó entonces en la lista de la AD-M19 a la Asamblea Constituyente. Allí defendió los derechos económicos, sociales y sindicales. Paradójicamente, cuando Misael Pastrana renunció a la Asamblea Garzón enfureció a los conservadores al insinuar que lo había hecho por una conveniencia política pasajera. Nadie imaginó que 10 años después sería ministro de Pastrana hijo. “Eso muestra el sentido de paz del Presidente, dice. Muestra que cree en que se puede hacer política pluralista”.

Sus dotes de conciliador han salido a relucir como Ministro. Ha mediado en conflictos en Cajanal, Emcali, Drummond, Bavaria y el Sena, entre otros. Y aunque algunos le critican su supuesta parcialidad a favor de los sindicatos él sostiene que cada conflicto es distinto, que no hay verdades absolutas y que la conciliación, que no le da la razón a uno solo, es siempre lo mejor. Su intervención más exitosa fue en el Seguro Social, donde los sindicatos cedieron privilegios para permitir la supervivencia de la entidad. Y es ahora figura central del debate de reforma pensional.

Garzón es además un valiente. Sus amigos lo vieron sereno aun en el peor momento de su vida, cuando murió por accidente su hija Jeny Varinia, de 26 años, una brillante arquitecta. Católico practicante desde cuando dejó el comunismo, Garzón fue miembro de la Comisión Nacional de Conciliación, creada en 1995 por la Conferencia Episcopal, y desde ella ha ayudado a mantener la idea de que la paz negociada en posible.

El Ministro sabe poner los vientos a su favor. En muchas ocasiones ha puesto en práctica un dicho que él mismo inventó: “Cuando no puedas derrotar al enemigo, confúndelo”. Quizás esa mezcla de mucho trabajo, norte claro, arte conciliador y astucia es lo que ha llevado a Garzón tan lejos, y promete impulsarlo mucho más.
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