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| 1/22/2001 12:00:00 AM

El diablo de América

Sin las rutilantes estrellas del pasado Jaime de la Pava, técnico del América, le dio la décima estrella a la popular ‘Mechita’.

Los fanáticos les exigen a los entrenadores de fútbol la genialidad de Bill Gates, la sutileza de Mijail Barishnikov, la capacidad milagrosa de la Virgen de Lourdes y la tenacidad de Gandhi. Un día los aman y al domingo siguiente los odian con la misma intensidad. Conseguir la gloria y consagrarse en la profesión de director técnico de fútbol es algo que muy pocos logran. Y uno de ellos fue Jaime de la Pava. El fabricante de la décima estrella del América de Cali.

Para nadie es un secreto que los títulos son los que hacen grandes a los deportistas. Con los técnicos ocurre lo mismo. El mundo del fútbol está lleno de cientos de entrenadores prestigiosos, dueños de novedosas y numerosas teorías sobre sistemas tácticos y técnicos, pero sin copas o campeonatos que demuestren la certeza de sus planteamientos. De hecho, la realidad es que tan sólo un pequeño grupo de directores técnicos logran ese difícil punto de equilibrio en el que sus teorías llegan acompañadas de campeonatos. Uno de los pocos que logró ingresar a esa exclusiva élite y demostrar que en el fútbol también es posible congeniar la teoría con la practica fue De la Pava.

Con tan sólo 33 años de edad De la Pava se convirtió el 17 de diciembre en el técnico más joven en ganar el campeonato profesional y en el primer entrenador vallecaucano en conseguirlo. En Cali, su ciudad natal, se graduó hace tres años como profesional deportivo en fútbol de la Escuela Nacional del Deporte mientras se desempañaba como entrenador de la primera C de la célebre Escuela Carlos Sarmiento Lora. Antes de ese trabajo había sido el entrenador de varios de los colegios más importantes de Cali y de la Liga Vallecaucana de Fútbol. Entre 1990 y 1997 trabajó con las divisiones menores del Deportivo Cali.

Cuando De la Pava fue nombrado director técnico del América a finales de 1998 muy pocos le pronosticaron un alentador futuro. Principalmente porque, a diferencia de la mayoría de sus colegas, no tenía historia como futbolista y eso es algo que aún muchos consideran como una escala obligatoria para asumir la dirección técnica de un equipo profesional. Esa fue una poderosa razón por la cual su llegada desató más de una polémica dentro del plantel. Además, contrario de sus predecesores, De la Pava contó con un plantel modesto (nada de Gareca, Cabañas, Uribe y demás estrellas de la era Ochoa) que a mitad de año fue desmantelado con la venta de jugadores estelares como Frankie Oviedo y Jairo ‘El Tigre’ Castillo.

De la Pava poco a poco fue estableciendo una relación con los miembros del equipo y se ganó a la fanaticada del club, una de las más difíciles y exigentes del fútbol nacional. Ese año silenció a algunos de sus críticos al ganar la copa Merconorte y conseguir el subcampeonato. Sin embargo la campaña que realizó con el América este año fue la que despejó definitivamente cualquier duda sobre su capacidad como estratega y demostró que para él el fútbol es una ciencia y la cancha un laboratorio. Más allá del título, las estadísticas del equipo así lo demuestran. De 112 partidos sólo perdió 19. De la Pava habla poco y trata siempre de mantener un bajo perfil, algo que les inculcó a sus dirigidos porque es un convencido de que la humildad es el comienzo de la grandeza.
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