Sábado, 21 de enero de 2017

| 2002/05/26 00:00

El juez

El representante de Colombia en el Mundial de Fútbol, el árbitro Oscar Julián Ruiz, sueña con llegar a Tokio para pitar la final.

El juez

Oscar Julian Ruiz, uno de los 72 árbitros elegidos para dirigir los partidos del Mundial de Fútbol que comenzará esta semana en Japón y Corea, cree que la clave para impartir justicia en cualquier actividad nace de la autoridad. "La autoridad como el respeto no se impone, se gana. Se gana con trabajo, con rigor, con honradez, con disciplina, con ejemplo". Ahora, cuando se cuestiona la calidad del arbitraje colombiano y las escenas de violencia en los terrenos de juego son cada vez más frecuentes, él cree que si todas las personas relacionadas con este deporte aplicaran esta frase suya el fútbol volverá a ser un gran espectáculo.

Lo dice con conocimiento de causa. Con esta sencilla receta él ha hecho una carrera que pocos árbitros del mundo pueden mostrar, pues a sus 32 años ya pitó una final de Copa América (Uruguay-Brasil), una final Intercontinental (Real Madrid-Boca Juniors), ha ido a tres mundiales juveniles, ha recibido el Pito de Oro al mejor árbitro en Colombia (1993, 96 y 98) y ahora llega al Mundial de Fútbol 2002 con la ilusión de pitar la final en Tokio. Lo dice confiado en sus capacidades para impartir justicia, pues a su experiencia en este deporte le suma su carrera de abogado con especialización en criminología.



Nacido en Villavicencio, Ruiz toma su trabajo tan en serio que para aquellos que lo ven desde la tribuna o por televisión con sus 1,85 metros de estatura y sus 82 kilogramos de peso es un señor de ceño fruncido que poco habla, corta el juego brusco con un par de tarjetas, se muestra inflexible y severo y tiene fama de duro. Sin embargo en espacios más íntimos siempre exhibe la otra cara de la moneda. Le dicen ?Cacharrito? por su excelente sentido del humor, es magnífico conversador, diestro bailarín de salsa, y lo mejor, tiene una voz privilegiada para imitar a las demás personas. Una reunión social con él es garantía de chispazos y lucidos apuntes. Estas cualidades han hecho que los directores de La Luciérnaga y La Zaranda, los programas de humor de Caracol y RCN Radio, le hayan hecho tentadoras ofertas económicas para que deje el arbitraje y se vaya con ellos a trabajar. No descarta la oferta aunque él cree, ahora más que nunca, que él fútbol colombiano necesita del esfuerzo de todos para llevarlo a sus épocas doradas. "La clave ?insiste? está en la autoridad". Autoridad que, por ejemplo, usó en las finales de hace dos años en el estadio Atanasio Girardot en un partido Nacional-Medellín, cuando el ambiente en las tribunas se iba a salir de cauce y él tomó un parlante y llamó a los dos capitanes y los puso a exigirles calma a los 60.000 tensos hinchas. El gesto fue recibido con aplausos y el partido transcurrió en medio de ovaciones. Por esos actos él ha sido noticia. Como lo es ahora, cuando va a pitar en el Mundial, o lo será en un futuro próximo cuando se decida si se lanzará a la Alcaldía de Villavicencio, la ciudad que lo vio nacer y donde vive feliz, como un nieto mimado, al lado de su abuela Blanca Roa de Acosta.

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