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| 8/11/1986 12:00:00 AM

EL MIL USOS

Jaime García Parra no se decide aún a aceptar la presidencia del Banco de Bogotá

Cuando se creía que Jaime García Parra ya había ocupado todos los puestos importantes del sector público y privado, José Gutiérrez Gomez se sentó a su lado en un jet de Avianca rumbo a Nueva York y le ofreció la presidencia del Banco de Bogotá. Con este nombramiento, a la hoja de vida de Garcia Parra se sumaba uno de los pocos sectores por donde no había pasado: la banca privada.
Hasta entonces, se podría decir que lo había hecho todo: juez a los 21 años, ministro plenipotenciario ante el Acuerdo del Café a los 32, vicepresidente financiero de Avianca a los 35, ministro de Comunicaciones a los 43, de minas a los 44, embajador en Londres a los 46, ministro de Hacienda a los 47, director ejecutivo del Banco Mundial a los 50, hasta llegar a ser presidente de Acerías Paz del Rio a los 51. Todo esto sin mencionar años de cátedra en las universidades de Los Andes, Javeriana y el Rosario, algunas semanas como ministro de Trabajo encargado, asesor económico de varias empresas, y hasta precandidato presidencial a comienzos de la década.
En toda esta cadena de gestiones en el sector público a Garcia Parra se le han reconocido aciertos indiscutibles como su desempeño como embajador ante el gobierno de Londres y su paso por el Banco Mundial, también le ha tocado recibir palo como en el caso del Ministerio de Comunicaciones. Y ha dividido opiniones sobre su labor como ministro de Hacienda. Pero en lo que si no existe ninguna discusion es en lo referente a su último cargo en la presidencia de Acerías Paz del Rio, a donde llegó en noviembe de 1982 cuando la compañía no tenía siquiera con qué pagarles el siguiente mes a los empleados y obreros, y debió vender a pérdida todo el acero que se encontraba acumulado en inventarios.
Cuatro años después, tras un proceso de reestructuración financiera, García Parra ha logrado refinanciar una deuda externa de más de 80 millones de dólares y obtener en el último año utilidades operativas tanto en el negocio del acero como el de la discutida planta de cemento, origen de buena parte de los problemas.
Para muchos conocedores, aparte del acertado manejo financiero, la clave del ex ministro ha sido el rescate de las deterioradas relaciones con el personal de trabajadores, a quienes "palabreó" desde el principio de su gestión para convencerlos de dos cosas: de que eran los verdaderos dueños de Paz del Río, y de que si no colaboraban, se quedarían todos en la calle. Y los convenció.
Pero, ¿quién es este hombre que aparte de todo lo anterior baila vallenatos, es extrovertido y frentero particularmente cuando se disgusta por algo, y que tiene "pinta" de lord ingles con bigote canoso y mechón de tecnócrata?
Nacido en Bucaramanga en 1938, casado con Lilian Duperly, con tres hijos, bachiller del Gimnasio Moderno, universitario de la Javeriana y la Gran Colombia y con masters en la Universidad de Siracusa y en el prestigioso London School of Economics, Jaime García Parra parecía predestinado a ser noticia de primeras páginas desde muy joven. En su primer cargo público como juez municipal de Madrid, Cundinamarca, en 1952, escandalizó al país con una decisión sin precedentes. Según relato de la revista SEMANA de la época, "un cuartico con un diminuto orificio para la ventilación" era el lugar donde, en la cárcel de Madrid, se encontraban diez personas en detención preventiva por diferentes motivos, como robo y abigeato, esperando que se les definiera su situación jurídica. El problema era que no había con qué alimentarlos. Y entonces el joven juez, invocando la Constitución y el Derecho Natural, decidió soltarlos antes de que se murieran de hambre.
Quienes lo conocen de cerca coinciden en que esa primera experiencia indicaba ya lo que sería el resto de su carrera. Y lo señalan como un hombre diestro, hábil, honesto a toda prueba y austero en todo el sentido de la palabra. Durante sus dos años como ministro de Hacienda, almorzó todos los días con un sánduche de jamón, una cerveza, y un cigarro de sobremesa. Esos mismos amigos señalan que lo único que no le sobra es modestia: "Deja notar que sabe lo que vale".
Ahora que estan tan de moda las hojas de vida, parece inevitable preguntarle a un hombre como García Parra si tiene aspiraciones presidenciales. SEMANA lo hizo y éste le contestó: "Actualmente se necesita un alto grado de sacrificio y de capacidad de servicio para ocupar la Presidencia de la República. Cada día es más difícil gobernar. Sin embargo, la gente considera que una candidatura presidencial es una ambición incontrolada y no un servicio al país. Pero sea como sea, yo creo que en este campo no tengo muchas posibilidades".
Pero al cierre de esta edición, lo que estaba sobre el tapete no era la candidatura presidencial de García Parra sino la confirmación de si aceptaba o no la presidencia del Banco de Bogotá, sobre lo cual no había aún una definición.
En primer lugar, la situación de esta entidad financiera es una incógnita para la mayoría de los conocedores.
Su manejo depende de factores sobre los cuales el presidente del Banco no tiene ninguna injerencia, pues se trata más bien de decisiones políticas y monetarias de un gobierno que aún no se ha posesionado. Por otro lado, su condición de entidad sui generis que no es ni pública ni privada, plantea serios interrogantes sobre quién otorga realmente el mandato: el Presidente de la República, la junta directiva o el ministro de Hacienda.
Todo indica que a pesar de la publicación en la prensa nacional, como noticia prácticamente confirmada, del nombramiento de Garcia Parra en la presidencia del Banco de Bogotá, la cosa no está tan clara.
SEMANA pudo establecer que los miembros de la Junta de Acerias Paz del Rio han presionado fuertemente al ex ministro para que se quede. Después de haberse convertido en una especie de Lee lacocca colombiano, que logró voltear la situación de una siderúrgica al borde del concordato para colocarla en un punto de despegue, es dificil pensar que este protagonista no vaya a estar presente en la proxima asamblea de la entidad, en la que seguramente se anunciará que, por primera vez en ocho años, Paz del Rio ha producido utilidades. --
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