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| 11/5/2001 12:00:00 AM

El ‘sensei’ de oro

Silenciosamente y por su cuenta, sin apoyo ni compañeros, Luis Eduardo Victoria le dio un campeonato mundial de karate al país.

Luis Eduardo Victoria Sánchez sabe a sus 29 años que la constancia logra lo que la dicha no alcanza. Por eso no se desanimó cuando la Federación Nacional de Karate-Do le informó que no tenía presupuesto para ayudarlo en su empeño de viajar al campeonato mundial en Atlanta, . Ni se asustó el 6 de agosto de 2001 cuando, en medio del desfile inaugural comprobó que la delegación colombiana tenía un solo miembro: él. Mucho menos cuando llegó solo al aeropuerto de Atlanta con su único karategi (uniforme) en la maleta; así como no sintió temor cuando se dio cuenta de que las delegaciones contaban con médicos, sicólogos y nutricionistas. Luis Eduardo no sólo superó estas adversidades y muchas otras, sino que sacó fuerzas para ganar las dos medallas de oro en la categoría de 25 a 34 años en la modalidad de katas (figuras) y kumite (combate), logrando que los jueces y los 1.100 contendores del mundo comprendieran que en Colombia, además de guerrilla y narcotráfico, hay suficiente talento para obtener campeonatos mundiales.

Pero la historia de Luis Eduardo y el karate comienza en Buga, donde nació a comienzos de los 70. Cuando terminaban las clases en el colegio José María Cabal se pasaba las tardes viendo películas de artes marciales protagonizadas por Bruce Lee o Jean-Claude Van Damme. Cuando cumplió 9 años su hermano mayor lo inscribió en el Dojo Masahiro, su primera academia. Fue allí donde comprendió que el karate es un estilo de vida y tuvo la certeza de que lo acompañaría por el resto de su vida.

Por eso, a pesar de obtener fama y reconocimiento al ganar el campeonato mundial, Luis Eduardo no ha olvidado que a los 16 años se radicó en Cali para continuar sus entrenamientos, que se ganó la vida como monitor en academias de karate, que vivió donde familiares, amigos y hasta en casa de sus maestros y que en medio de ese recorrido apareció, como caído del cielo, el padre Luis Javier Uribe, de la Universidad San Buenaventura, quien le ofreció ser profesor de karate, donde enseña desde hace ocho años. Con su nueva estabilidad abrió su academia, que se especializó en el trabajo con niños pues considera que para llegar alto hay que dedicarse desde temprana edad a esta disciplina.

Luis Eduardo guarda en un álbum, con orgullo pero también con tristeza, las muestras de reconocimiento que le enviaron cuando regresó a casa. En un lugar especial tiene la carta que le envió el presidente Andrés Pastrana, en la que lo felicita y lo invita a continuar cosechando éxitos para la patria. “Es irónico porque fui importante cuando gané dos medallas de oro para Colombia, pero todavía estoy pagando las cuotas del pasaje”. Tal vez el recuerdo que más lo emociona es el de esa tarde cuando los 3.000 asistentes al coliseo de Artes Marciales de Atlanta se pusieron de pie para aplaudirlo mientras sonaban las notas del himno nacional y él, el único colombiano en aquella justa, ondeaba la bandera con los ojos llenos de lágrimas.

Por eso el campeonato mundial, aunque le llegó al final de su carrera deportiva, le ha servido para enfocarse en su otra carrera: el derecho. Y como estudiante en la universidad donde trabaja ya piensa en que al graduarse va a dedicarse crear conciencia de la importancia del apoyo económico a los deportistas para que su calidad de vida por fin sea digna.
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