Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/07/27 00:00

El siquiatra de la guerra

El acuerdo con las autodefensas es el primer logro del Alto Comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, el hombre que se inventó el derecho a la ternura.

Cuando Luis Carlos Restrepo trabajó en el Hospital Siquiátrico de Armero tuvo de paciente a una joven de raza negra que padecía una extraña patología. Recorría los pasillos de la institución como un alma en pena y se lamentaba de su situación como un espanto, con unos quejidos desgarradores, pues aseguraba estar muerta desde hacía unos años. Por eso, decía ella, no sentía la piel ni podía desprenderse del olor a putrefacción de su cuerpo. Luis Carlos la atendió con métodos poco ortodoxos que, al no mostrar resultados inmediatos, hicieron que la muchacha volviera a ser tratada con electrochoques y medicamentos. Un día el novel siquiatra se la encontró en una flota que salía de Armero. Ella, que debía estar recluida en la institución en ese instante, en vez de asustarse se alegró de verlo. Se acercó feliz hasta donde el siquiatra, lo tomó de la mano y le preguntó: "Doctor, ¿usted también se voló?". Ese día él se dio cuenta de que también estaba encerrado, que estaba atrapado por el aparato siquiátrico y no sabía cómo salirse. Luis Carlos Restrepo decidió ser siquiatra a los 13 años pese a la oposición de su padre. Este, un afamado médico, había escogido a otro de sus hijos como su sucesor en la profesión. A Luis Carlos lo veía más bien como ingeniero y le decía que no servía para médico porque era muy afanado. Igual, el hoy Alto Comisionado de Paz estudió medicina en la Universidad Nacional y se especializó en siquiatría en la Javeriana. Su paso por la siquiatría tradicional, con todos los combates que ello supuso, quedaron plasmados en tres libros que publicó una editorial a la que bautizó Ego puto, que en latín quiere decir "Yo pienso y actúo". Estas tres obras tuvieron un éxito inesperado para su autor y en ellas puede rastrearse la génesis de la teoría que lo lanzó al estrellato: la del derecho a la ternura. En Popayán, en 1989, expuso por primera vez sus ideas al respecto, en las que confluye su experiencia personal al trabajar en temas como la farmacodependencia y la violencia, y en 1994 lanzó al mercado el libro del mismo nombre. Los 3.000 ejemplares de la edición inicial se agotaron en 15 días. Desde entonces la vida de este siquiatra y filósofo quindiano, nacido hace 49 años en el municipio de Filandia, se convirtió en un apostolado por la ternura y por este camino su destino se cruzó con el de Alvaro Uribe. En las reuniones de gobierno el Presidente señala con el dedo a su Comisionado de Paz y dice: "Esta es mi mano blanda". A Luis Carlos no le molesta el comentario porque exactamente eso es lo que siente que está logrando desde su cargo, un "ejercicio de ternura política, un trabajo de siquiatría social. Soy como un técnico en explosivos y con el acuerdo con las autodefensas le quitamos un resorte, un tornillo clave, al aparato de la guerra".

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