Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/08/18 00:00

El último de los neoborbónicos

Mario Laserna cumple 80 años. La Universidad de los Andes homenajeará a su fundador.

El último de los neoborbónicos

Durante unas vacaciones en Europa, mientras viajaba en bicicleta por Inglaterra y Francia, Mario Laserna Pinzón tuvo una epifanía. Debía fundar una universidad. Pero no una cualquiera o igual a las que ya existían en Colombia, dependientes del Estado o de la Iglesia. Quería una institución moderna, similar a los Liberal Arts Colleges de Estados Unidos, que tuviera como núcleo de su formación las humanidades pero en la que también se impulsara el desarrollo científico a partir de una sólida enseñanza de las matemáticas. Quería un centro educativo en el que pudiera educar a las élites para que ésta a su vez, impulsaran un proceso de civilización del pueblo.

Este ideal lo convirtió en un neoborbónico, como se denomina a quienes, inspirados en las ideas de la Ilustración francesa, en cuya capital nació en 1923, buscan alcanzar estos propósitos por medio de la educación. Las cenizas humeantes del 'Bogotazo' y la violencia que hizo metástasis en el país a partir de este hecho lo convencieron de la urgencia de llevar a cabo su proyecto.

Así fue como siete meses después de esta tragedia, con 25 años apenas cumplidos y recién graduado de matemáticas, física y humanidades de la Universidad de Columbia (donde supuestamente había ido a estudiar química pero cursó lo que le recomendó su amigo y tutor Nicolás Gómez Dávila), Mario Laserna encabezó el grupo de 52 idealistas que fundaron la Universidad de los Andes. Fue tal su empeño en esta tarea que logró que su padre, el empresario Francisco Laserna, pagara varios meses de arriendo del Campito de San José, la cárcel administrada por monjas que desde entonces se convirtió en la sede de la novel universidad. Además organizó un consejo asesor internacional, en el que incluyó a Albert Einstein, a quien conoció mientras realizaba un posgrado en filosofía en la Universidad de Princeton y con quien conversaba sobre asuntos de física pura.

Pero las hazañas intelectuales del 'Monstruo', como lo llaman cariñosamente sus amigos y discípulos (aunque sus compañeros del Gimnasio Moderno lo recuerdan más por su apodo de 'Babilla') no pararon ahí. Recién terminó sus estudios en Princeton fue rector encargado de Los Andes por un año (más adelante repetiría esta experiencia y por eso se considera a sí mismo como 'la llanta de repuesto' de la institución) y antes de iniciar el doctorado en filosofía en la Universidad Libre de Berlín fue rector de la Universidad Nacional, entre 1958 y 1960. Su inteligencia y el dominio de cuatro idiomas también le abrieron las puertas como profesor de centros educativos europeos, como el Philosophische Institüt de Viena o la Universidad Maximiliano de Münich.

Pero la trayectoria de Laserna no se limita al campo educativo. Fiel a ese espíritu renacentista de su personalidad, interesado por un conocimiento universal de muchas cosas, incursionó en la política, la diplomacia, el periodismo y la ganadería de toros de lidia. En política su tutor fue el presidente Mariano Ospina pero hizo su última incursión en este campo como senador de la Alianza Democrática M-19. Una anécdota cuenta que en alguna ocasión una persona subió agitada corriendo hasta la oficina del mandatario conservador mientras gritaba: "¡Se lanzó Laserna! ¡Se lanzó Laserna!". Al oír estas palabras Ospina preguntó: "¿De qué piso?". Evidentemente Laserna no se lanzó y por eso esta semana cumple 80 años de vida bien vividos y recibe todos los homenajes propios del último neoborbón exitoso.

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