Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/08/27 00:00

La jurista

Después de escalar todos los peldaños de la rama judicial Isaura Vargas se convirtió en la segunda mujer magistrada de la Corte Suprema de Justicia., 47025

La jurista

El 6 de noviembre de 1985 la jueza Isaura Vargas se encontraba en su despacho del juzgado octavo laboral del circuito de Bogotá, ubicado en ese entonces en la carrera 10ª con calle 19. Desde la ventana de su oficina vio cómo se levantaba a lo lejos una enorme columna de humo en dirección de la Plaza de Bolívar. Lo supo todo por los reportes dramáticos de la radio: había comenzado uno de los episodios más trágicos y sangrientos en la historia reciente del país: la toma por parte de guerrilleros del M-19 que desembocó en el holocausto del Palacio de Justicia. Ese nefasto suceso marcó con sangre el futuro de Colombia y dejó una huella imborrable en todos los funcionarios de la rama jurisdiccional del Poder Público. Hoy la doctora Isaura Vargas, recién posesionada como la segunda mujer magistrada en la historia de la Corte Suprema de Justicia de Colombia, recuerda que entre las víctimas del Palacio estuvieron Fanny González Franco, su única antecesora en la Alta corporación, y otro destacado miembro de la sala laboral, el doctor José ‘Pepe’ Gnecco Correa. Ambos habían sido ‘doctrinantes’ de Isaura Vargas cuando cursaba estudios de derecho en la Universidad Nacional. “La muerte de esos dos ilustres juristas y colombianos, y de todas las víctimas del Palacio de Justicia, significó un duro golpe para nuestro Estado social de derecho. Desde entonces nada volvió a ser igual”, recuerda hoy la jurista.

Isaura Vargas nació en Pesca (Boyacá), estudió la primaria en su pueblo natal y el bachillerato en la capital del departamento, Tunja. Sus padres, quienes fallecieron hace algunos años, no alcanzaron a ver cómo su hija lograba el sueño de todo miembro de la rama jurisdiccional: llegar algún día a ocupar un sitio como magistrado o magistrada en alguna de las salas de las altas corporaciones. Todos saben que para alcanzar esa meta deben tener un desempeño sobresaliente en la judicatura. E Isaura estaba dispuesta a superar todos los obstáculos.

Después de graduarse como abogada de la Universidad Nacional en 1974 —con un promedio de notas superior a 4,5 y con una tesis que tituló ‘Contratos interadministrativos’— pisó los primeros escalones de la rama jurisdiccional como jueza de Apulo, Fusagasugá y Madrid (Cundinamarca). Luego pasó a los juzgados laborales de Bogotá y de ahí a magistrada de la sala laboral del Tribunal Superior de Bogotá. A esa altura su carrera presagiaba el éxito: fue posteriormente magistrada auxiliar en el Consejo de Estado y magistrada auxiliar de la Corte Suprema de Justicia, cargo que ocupaba en el momento de su elección.

Este nombramiento sirvió, además, para quitarle a la Corte Suprema de Justicia una mala fama, quizás injustificada, de ser una corporación machista. Su escogencia servirá, sin duda, para seguir abriendo el camino de las juristas en las altas instancias. De la misma manera que a ella le mostró la ruta la inmolada Fanny González Franco.

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