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| 6/4/2001 12:00:00 AM

Mejor prevenir que curar

Elena Espinosa es una de las personas que más ha aportado al tema de la promoción de la salud en América Latina.

“Si no tengo dinero para educar a mis cuatro hijos (tres varones y una niña) prefiero educar a mi hija mujer”. Eso pensó hace 40 años el padre de Elena Espinosa de Restrepo, un huilense convencido de que si la mujer no estudiaba no se liberaría ni alcanzaría la dignidad que le daría el respeto. Por fortuna Elena lo entendió bien y con ese impulso se embocó en una ruta que la llevó a la facultad de medicina de la Universidad del Valle, donde fue una de las cinco mujeres que lograron el título en esta carrera en ese claustro. En Medellín, donde llegó en 1963 luego de casarse con el doctor Carlos Restrepo Acevedo, su profesor de patología y un importante investigador colombiano con quien tiene cuatro hijas, fue la primera que formó parte de la recién creada Escuela de Salud Pública. También fue la primera directora de la Secretaría de Salud y Educación de la capital paisa, ciudad donde fue docente en todas las universidades de ciencias de la salud, además de haber sido subdirectora médica del hospital San Vicente de Paúl y jefe de departamento del Seguro Social. Su dedicación al estudio de la hipertensión y el cáncer la llevaron a Washington, donde desempeñó importantes cargos en la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre ellos el de asesora para América Latina y el Caribe en enfermedades crónicas. En este cargo llegó a la conclusión de que hay que ir más allá de los planteamientos de salud individuales. “No hay que creer en que echar sermones a la gente sobre lo que debe hacer obtiene mucho impacto, por eso es necesario acudir a políticas públicas”. En Washington fue directora del Programa de promoción en salud de la OPS, donde trabajó durante 14 años, y también jefe de división de la Promoción y protección de la salud y vicepresidenta para América Latina de la Asociación Americana de Salud Pública. Está convencida de que la Promoción en salud parte en dos la historia de la salud en el mundo y es la mirada más apasionante cuando se buscan soluciones a los problemas colectivos. “El viejo enfoque de la medicalización sólo consideraba la enfermedad y la curación como objetivo. La salud debe mirarse con políticas que generen bienestar, es decir, programas de empleo, alimentos saludables, protección del medio ambiente, la generación de un ambiente limpio y sano para los ciudadanos y la educación”. Después de la Carta de Ottawa, que se firmó en 1986, esta visión cobró su mayor impulso y le dio origen al programa Ciudades Saludables. Ese es el campo que se ha robado el cariño de Elena Espinosa, aunque ella ve con tristeza que después de tantos años América Latina no supera el problema de la pobreza, uno de los detonantes que afecta la salud en el continente. “En Colombia es importante que el Plan de atención básica conceda mayor importancia al tema de salud pública incluido en la Ley 100, es decir, el área donde se expresan las responsabilidades del gobierno”. Hoy en día la doctora Elena Espinosa ha dejado un poco de lado el frenesí de su actividad en Washington. Ahora le dedica tiempo a dictar conferencias en varios foros internacionales y asesora a la Organización Mundial de la Salud desde su casa, en Cali, sobre un tema que tiene muchas letras sin escribirse aún y sobre el cual podría estar sentada la base para mejorar de manera sustancial la salud de la humanidad.
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