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| 4/23/1990 12:00:00 AM

"POR LA VIDA...HASTA LA VIDA MISMA"

Enloquecido por el tango y las mujeres, Jaramillo vivió obsesionado con la muerte.

"Cuando yo muera, quiero que me incineren y rieguen mis cenizas donde haya muchos claveles rojos. Y quiero que, después, frente a mis despojos, me canten dos tangos. Es paradójico, toda una ironía, pero uno de ellos inevitablemente, tiene que ser Volver". Lo dijo Bernardo Jaramillo Ossa quince días después de haber sido nombrado sucesor del asesinado jefe de la Unión Patriótica, Jaime Pardo Leal.

La muerte siempre lo obsesionó. Y tal vez supo a ciencia cierta que no iba a morir de viejo metido entre una cama, cuando en el enorme salón del Capitolio Nacional se paró frente al cadáver de Pardo Leal y pensó que su destino final sería el mismo: "Algún día a mí también me van a matar". Y murió sin miedo. Enamorado de la vida, de las mujeres, de la izquierda, de los claveles rojos, de la rumba, el tango y del gato Garfield. Pero también murió sin realizar un sueño. Ese que siempre tuvo de niño: vivir en un pueblo de tierra caliente, con su mujer y sus dos hijos. Donde pudiera salir a la calle, comprar un helado y sentarse en una butaca del parque principal a darle de comer a las palomas...

Bernardo Jaramillo nació el 2 de septiembre de 1955 en Manizales. Allí cursó sus primeros años de estudio en el colegio Antonia Santos. Pero la primaria la finalizó en la escuela Santander de Manizales, después de haber pasado por todos los colegios privados, de donde lo echaron por sus actos de indisciplina. El bachillerato también lo hizo en su tierra en el Técnico Central, y a la edad de 16 años, cuando cursaba el último año de secundaria, descubrió que tenía facilidad de palabra, de verbo y de liderazgo. Ese carisma lo condujo, en 1971, a fundar la Unión Nacional de Estudiantes (UNES).

Esos primeros pinos en la plaza pública lo llevaron a que se matriculara en la facultad de derecho de la Universidad de Caldas. Y los estudios los combinaba con la actividad proselitista que comenzó a desarrollar en las toldas de la Juventud Comunista (Juco), adonde ingresó como un convencido marxista y un declarado enemigo de las ideas leninistas .

No había finalizado sus estudios de abogacia cuando decidió partir para Paris a estudiar Filosofia y Letras.
Durante dos años se sumergió en el mundo de la prosa, la poesía y de los tratados de Kant. Pero un dia se aburrió y decidió cambiar los libros por el calor pegajoso y los mosquitos de Urabá. Llegó a esta tierra, escenario de conflictos sociales, de masacres de campesinos, de paros interminables.y montó su oficina de abogado para asesorar a los sindicatos bananeros.

Al reiniciar su actividad política se casó. Lo hizo en tres oportunidades.
La primera fue con Ana Lucía Zapata. Con ella tuvo dos hijos:
Paula Tatiana y Bernardo. Luego se casó con la abogada y ex alcaldesa de Apartadó, Alba Lucia López, con quien tuvo que abandonar la zona de Urabá por las continuas amenazas de los grupos paramilitares. Y su tercer matrimonio fue con la barranquillera Mariela Barragán.

Allí, de nuevo lo picó el gusanillo del proselitismo politico. Y en 1982 dejó los juzgados y el litigio, para ocupar su primer puesto político. Fue elegido concejal de Apartadó, luego personero y de ahí diputado de la Asamblea de Antioquia. Ocho años de militancia política. Siempre defendiendo las ideas de izquierda.
Siempre hablando de paz. Aprendió a distinguir entre el decir y el hacer entre la claridad y la contundencia.
En ese trasegar politico en el Urabá antioqueño asistió a una conferencia de Jaime Pardo Leal. Quedó maravillado con el pensamiento del líder político que más tarde se convertiria en su mejor amigo y consejero. Con Pardo Leal se emparrandó muchas noches, para hablar del país, del estancamiento de la izquierda colombiana, de la perestroika y como él decía, para hablar m... de lo divino y lo humano.

Todavía era un novel político cuando llegó a la Cámara de Representantes, pero ya muchos politólogos lo consideraban como el hombre llamado a impulsar la renovación de la izquierda colombiana por su ecuanimidad, capacidad de generar controversias, de discutir y de mover la opinión.
Otros lo calificaron como un político inmaduro locuaz e insensato. Y mientras las opiniones se mantenían divididas, por esas cosas de las balas, de la guerra interminable que ha vivido el pais, Bernardo Jaramillo Ossa se tuvo que tomar las riendas del potro de la Unión Patriótica el 12 de octubre de 1987, cuando los sicarios asesinaron a su lider Jaime Pardo Leal.

Entonces comenzó otra vida para el joven manizalita. Tuvo que dejar a un lado los tenis y los jeans para enfundarse corbata y saco de paño. También tuvo que moderar su lenguaje y no dejarse
"sacar la piedra"--como él decia- para no cometer imprudencias como aquella vez en la Cámara de Representantes, cuando en un debate una congresista quiso callarlo y él le respondió que ni ella ni nadie lo harían callar: " Yo hablo donde me dé la h.p. gana...", dijo entonces.

A partir del 13 de octubre de 1987 se convirtió en el presidente de la Coordinadora Nacional de la UP y en ese preciso momento, como él lo decia, perdió toda su independencia y pasó a depender de los organismos de seguridad. Quizás era el hombre más custodiado del país, por encima del general Maza y también era el hombre que más amenazas de muerte recibia. Las amenazas de sus enemigos lo llevaron a que en marzo de 1989 saliera del país porque los pasos de la muerte estaban muy cerca. "No regresaré al país mientras no se den las condiciones que garanticen mi integridad", afirmó Jaramillo el día que abordó el avión que lo llevó rumbo a París. Pero dos meses después estaba otra vez en Colombia.

Esta vez regresó para asurnir la candidatura a la presidencia de la República en representación de la Unión Patriótica. A partir de entonces se intensificaron los riesgos. Fueron seis meses de actividad proselitista por todo el país. Y en cada salida encontró mensajes que le anunciaban que lo iban a matar. Su vida la vivió con más intensidad cuando se enteraba que había escapado de morir en un atentado. Así le ocurrió, por ejemplo, el 13 de febrero de 1989, cuando los servicios de inteligencia frustraron un atentado en pleno centro de Bogotá.
Asi le sucedió el pasado 22 de enero, cuando una llamada anónima, permitió conjurar un plan para matarlo también en el aeropuerto El dorado.

Pero el jueves pasado, cuando iba para Santa Marta en plan de vacaciones, no le valieron los amuletos y talismanes que colgaban de su cuello para conjurar la muerte. Murió sin haber alcanzado otro sueño: independizar a la UP del Partido Comunista.
Y conseguir la paz para Colombia.
Habia dicho, que si para ello era necesario renunciar a su candidatura presidencial, no lo pensaría dos veces.
Y eso hubiera hecho Bernardo Jaramillo, el hombre que condenó todas las formas y modalidades de violencia que se impusieron en el pais. Que se enfrentó a los dirigentes guerrilleros del ELN por sus acciones bélicas. Que defendió la legalización de la droga y se declaró enemigo de la extradicción de colombianos para ser juzgados en las cortes federales de los Estados Unidos. Que defendió la independencia de la UP frente a las FARSC. Aunque su carrera como líder nacional estaba apenas comenzando, difícilmente la izquierda podrá encontrar un portaestandarte del enorme carisma personal y la aceptación generalizada de Bernardo Jaramillo.-
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