Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1988/01/04 00:00

TIRADO AL RUEDO

De "historiador hereje" a consejero de los Derechos Humanos.

TIRADO AL RUEDO


La primera vez que se escuchó su nombre en el país fue a finales del año 79, en un editorial del diario El Siglo escrito por Alvaro Gómez Hurtado, en el que hablaba de un "tal Tirado Mejía". La referencia se hacía a raíz de la publicación de Colcultura del "Manual de Historia de Colombia" que, para el editorialista, significaba una falsificación de la historia, financiada por el Estado.

Hasta entonces, el nombre de Alvaro Tirado Mejía sólo se oía mencionar por los primíparos universitarios, para quienes su libro "Introducción a la Historia Económica de Colombia", constituía un dolor de cabeza tan grande como el estudio de los autores "impajaritables": Oparin, Nikitin o Mario Bunge. De esa época a hoy, ha corrido mucha agua bajo el puente. La que fue considerada por El Siglo como una herejía, es hoy texto de consulta obligatorio en los colegios - de secundaria, y el tal Tirado Mejia, desde el 8 de noviembre, es consejero presidencial para la Defensa, Protección y Promoción de los Derechos Humanos. Y aunque esta consejería, creada por Barco, no fue muy bien recibida por algunos sectores que consideraron la medida tan abstracta como el sexo de Los Angeles y tan efectiva como un paño de agua tibia ante la situación que vive el país, el nombre de Tirado Mejía sí parecía como mandado a hacer para este pomposo cargo. A lo largo de sus 47 años, este abogado antioqueño no solamente ha sido visto como historiador de nuevo tipo, sino como un permanente quijote de los tan maltrechos derechos humanos. Fue uno de los fundadores del movimiento Firmes, escribió en la revista Alternativa muchos pasajes de la "historia prohibida", impulsó la creación de la Corporación Foro Regional Antioqueño y actualmente es vicepresidente de la Asociación de Historiadores de América latina y el Caribe.

Pero si la historia que cuenta Tirado Mejía ha sido controvertida, él mismo también lo ha sido. Si en la década de los 70 fue visto por los sectores tradicionales y conservadores como un hereje, ahora sus antiguos admiradores izquierdistas lo consideran un "pequeño-burgués conciliador". Frente a la forma como ha sido alineado, Tirado dice: "En este país se hace un manejo maniqueo de los términos. Para unos la izquierda es sinónimo de subversión y para otros, las posiciones democráticas son tachadas de derechistas. Si yo viviera en Estados Unidos estaría en el partido Demócrata, en España o Francia sería del Partido Socialista y en Alemania o Suecia pertenecería a la Social Democracia.

Lopista - Leninista
La social-democracia es hoy en día una de sus "carretas". Ingresó al liberalismo atraído por la idea de López Michelsen de afiliar el partido a la Internacional Socialista. A partir de entonces, las cosas cambiaron en su vida: del estudio de la historia económica del país pasó al de la historia política, y de la cátedra universitaria de su teoría económica de la sociedad colombiana, ha pasado a "tirar línea" socialdemócrata en cuanto foro y seminario se realice en el país. Los calificativos sobre su posición ideológica no han dejado de acompañarlo. Si alguna vez fue tachado de marxista-leninista ahora lo tildan de lopista-leninista. Pero su lopismo no va tanto por el lado de López Michelsen, como algunos piensan, sino que se remonta a una generación atrás. En sus labores de "ratón de biblioteca", Tirado se encontró con el primer gobierno de López Pumarejo y se enamoró de él. Tanto del gobierno como del viejo. Y terminó escribiendo los libros "Aspectos políticos del primer gobierno de López Pumarejo" y "El pensamiento de López Pumarejo". "Me identifico con ese gobierno porque lo considero el más democrático y reformista de este siglo. Para mí, López Pumarejo fue un hombre de izquierda en su época". Sus simpatías tardías por el Partido Liberal causaron resquemores entre los viejos militantes del partido, que calificaron su entusiasmo como el de un viejo izquierdista con aspiraciones de manzanillo. Pero Tirado afirma que él es, ante todo, un demócrata convencido y que si aceptó la Consejería es porque encuentra que los derechos humanos y la democracia son dos ideas inseparables.

La cartilla
Lo primero que hay que hacer en materia de derechos humanos, dice Tirado Mejía, es desencasillar su significado. "Acá en Colombia el que habla de derechos humanos es considerado subversivo. Este es el resultado de la polarización en la que algunos sectores de la derecha han creído que los derechos humanos tienen ese carácter y algunos sectores de la izquierda crean que la bandera de los derechos humanos es sólo de ellos. Esta es una gran equivocación. Los derechos humanos son también los de los presos, los de los secuestrados, lo de las mujeres, los de las minorias étnicas y los de los niños".

Tirado Mejía afirma que su nombramiento en la Consejería de los Derechos Humanos no se debe interpretar como si hubiera llegado "Supermán" a luchar por la justicia sino más bien como un punto de partida. "Es necesario fomentar una cultura de los derechos humanos que se oponga a la cultura de la violencia y la intolerancia que ha venido apoderándose del país. Para esto hay que empezar por distinguir que no toda la violencia tiene un contenido inmediatamente político. Una proviene de la delincuencia común, otra procede del narcotráfico contra la sociedad y el Estado y, otra más, de las guerrillas y los grupos terroristas. La sociedad colombiana está totalmente parcializada, cada vez que ocurre un acto violento ya se le tiene dueño. Un sector se lo achaca todo a la izquierda y el otro, le atribuye la responsabilidad al gobierno y a los militares".

Aunque Tirado Mejía no es un político de carrera, en este asunto que se discute desde la época de Antonio Nariño, puede estar en juego el futuro de su carrera política. Un cargo desde donde no se pueden repartir puestos, donde no se manejan presupuestos, ni se abren licitaciones y en el cual por más que se logre, siempre habrá descontentos. No parecería a simple vista el trampolin más apropiado. Sin embargo, cualquier avance en este campo, es ganancia.

A pesar de todo, durante las últimas semanas, los políticos liberales antioqueños lo han visto como una de las mejores cartas de unidad del partido, hasta el punto de que llegaron a ofrecerle la candidatura para la Alcaldía de Medellín. Pero Tirado Mejía, haciendo gala de poco manzanillismo, rechazó esta tentadora oferta y prefirió jugársela en el espinoso terreno de los derechos humanos, en donde más que un manzanillo lo que se necesita es un estudioso de la realidad social.

Este paisa desabrochado que alternaba sus investigaciones con noches de bohemia cantando tango, bebiendo aguardiente y contando su inagotable repertorio de chistes, tendrá que variar de hábitos. Cambiará la lectura de libros de historia por la de memoriales de agravios, y el tiempo no le alcanzará para desempolvar documentos de la "Revolución en marcha", sino para oir quejas como el famoso "Mono de la pila".--

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