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| 1/5/1987 12:00:00 AM

UN BARCO, PERO DE LOS NEGROS

Detrás del ponente de la reforma tributaria se esconde la personalidad del parlamentario más respetado pero el político más controvertido

"Soy un manzanillo ilustrado, y disfruto de mucha antipatía entre el notablato blanco de Manizales". Así se autodefine Víctor Renán Barco, uno de los parlamentarios que más suena en los medios de comunicación y mentideros políticos por estos días, por haberle correspondido la misión de ser el ponente del proyecto legislativo más controvertido del año: el de la reforma tributaria.
Y esa es la única frase que es posible sacarle sobre si mismo. "La existencia mía no tiene futuro", asegura. "Soy un hombre sin biografía".
Este parlamentario caldense, de 52 años, que se llama como el presidente de la República -aunque advierte que él es "Barco, pero de los negros"-, es el mayor de ocho hermanos en una familia de origen bien humilde. El padre, Víctor Barco, de profesión arriero, lavantó a sus hijos con el dinero que le dejaba una recua de mulas, con la que transportaba carga entre Aguadas y Manizales en los años 20 y 30.
Víctor Renán Barco terminó bachillerato estudiando de día y trabajando de noche en una cafetería. Y luego se graduó en derecho y economía de la Universidad Nacional. Fue el mejor estudiante de su promoción, y ganó una beca. Viajó entonces a Michigan para estudiar inglés y matricularse posteriormente en la Universidad de Columbia, donde estudió tres semestres de administración de empresas.
Luego viajó a Londres, a finales de 1958, para estudiar otros tres semestres de la misma carrera en el cotizado London School of Economics. Allí se efectuó definitivamente el tránsito del hijo del arriero caldense en el "manzanillo ilustrado" que es en la actualidad, al lado de otros condiscípulos como el actual ministro de Obras, Luis Fernando Jaramillo, el ex ministro de Agricultura, José Fernando Botero, y otros conocidos personajes de la actualidad nacional.
Regresó al país en 1960 y fue nombrado juez en Montenegro, Quindío. Luego se dedicó a ejercer la profesión de abogado. Pero no habría de pasar mucho tiempo antes de que descubriera que su pasión era la política, y la verdadera profesión de su vida, el ejercicio parlamentario.
Tanto es así, que hoy Víctor Renan Barco carga el prestigio de ser el más eficiente de los congresistas. Es la primera autoridad del Congreso en materia de hacienda pública y de régimen municipal.
Qué la verdadera profesión de Víctor Renán Barco sea la parlamentaria lo prueba el hecho de que ejerce con el Congreso prácticamente las 24 horas del día. Difícilmente pasa un proyecto en el Senado si no le ha sido consultado, porque se los lee todos, aunque no se relacionen con el tema económico, que él domina. Y como es un experto en el reglamento, sabe qué argumentar contra el proyecto que no sea de su simpatía. Por eso muchos parlamentarios, tanto liberales como conservadores, prefieren averiguar primero qué piensa Renán Barco sobre sus proyectos de ley. De lo contrario, corren el riesgo de que las agudas observaciones del senador caldense en la Plenaria obliguen a devolver el proyecto a la Comision de origen .
BEMOLES POLITICOS
Pero si bien nadie le desconoce a Víctor Renán sus óptimas calidades parlamentarias, sobre sus cualidades políticas existe, en cambio, una aguda controversia. De el se dice, como lo afirmó uno de sus colegas a SEMANA, desde que es "excesivamente honesto", hasta que "es uno de los cómplises del robo a Caldas", según lo afirman otros. Durante el gobierno de López Michelsen fue nombrado ministro de Justicia, pero sólo duró 19 días. En un debate parlamentario se le demostró que años antes fue sancionado por el Tribunal Superior de Caldas, bajo el cargo de que había sido abogado de parte y de contraparte. Sus amigos insisten en que no se cayó sino que renunció, porque no quiso que la obra de gobierno del presidente Lopez "se viera comprometida con debates de índole personal". Según quienes lo conocen, a Víctor Renán Barco, que dice no tener amigos sino aliados, "el único hombre que lo ha hecho vibrar en su vida, al único que verdaderamente admira, es al ex presidente López Michelsen".
Después de su "descabezada" del Ministerio regresó al Parlamento, y ahí ha permanecido desde entonces, cimentando su buena fama parlamentaria y atizando la controversia sobre su fama política.
Lector infatigable, especialmente de revistas internacionales, lee todo los días de ocho a once de la noche -jamás apaga la luz antes de esta hora- y luego de cinco de la mañana a ocho. Es un experto en economía inglesa y en política asiática, y durante la guerra del Vietnam fue comentarista de este tema en El Tiempo.
EL FEUDO ELECTORAL
De lunes a jueves vive en Bogotá, y el fin de semana viaja a La Dorada su gran feudo electoral. Entre este municipio y otros más del departamento de Caldas, puso cincuenta mil votos liberales en las últimas elecciones.
Es presidente del Concejo de La Dorada ("el único cargo del mundo que peleó"). En esta localidad, ha instaurado una gran infraestructura de adjudicación de vivienda que, según uno de sus colegas, "sólo habría podido ponerse en práctica en un país socialista o por Renán Barco en La Dorada". Los auxilios parlamentarios que le corresponden los entrega a la tesorería del municipio, y una junta de adjudicatarios, compuesta por los doce concejales del lugar -once de los cuales son de su movimiento- adjudica casas entre la gente más pobre de la región. Como es obvio, el senador caldense controla completamente los mecanismos de tal distribución, y al igual que todas las demás facetas de su vida política, las opiniones sobre los beneficios del sistema están divididas. Los amigos del senador afirman que en La Dorada, Caldas, Víctor Renán Barco ha adjudicado 5 mil viviendas, construído dos escuelas, pavimentado las calles, instalado alumbrado de mercurio, construído el estadio, automatizado los teléfonos y organizado un sistema de crédito doméstico, en virtud del cual el municipio entrega préstamos hasta por valor de 50 mil pesos a los habitantes que lo requieran. Hay una pista de ciclo-cross que lleva su nombre. Y para aumentar el mito de su imagen dice que todos los sábados, después de las 9 p.m., Víctor Renán Barco "discotequea" en La Dorada.
Pero sus contendores políticos opinan cosas menos favorables. "Renán Barco ha puesto en marcha en Caldas su propia reforma agraria y urbana ", aseguran. "Se ha hecho a muchas extensiones de tierra en la región, para repartir entre quienes voten por él". Y otros afirman: "Renán Barco no adjudica viviendas. Las arrienda a cambio de votos entre sus electores".
DE LA DORADA A LONDRES
De Víctor Renán Barco se dice, además, que es un hombre rico, aunque no posa de tal. Su aspecto y sus costumbres son austeras. En las navidades obsequia a sus colegas parlamentarios agendas de The Economist, marcadas con el nombre de cada cual. Las compra personalmente en la capital inglesa, a donde viaja dos veces al año. "Fuera de La Dorada, el único sitio que vale la pena del mundo para Victor Renán Barco es Londres", asegura un colega. En alguna oportunidad, de regreso de uno de estos viajes, le descubrieron las cuarenta agendas del Economist y se iba armando un problema. Creían que era un contrabandista, y por poco lo detienen en la aduana.
A Víctor Renán Barco le fascina "mecatiar". En su bolsillo hay, por lo general, un paquete de galletas "cucas". No tiene comidas regulares. Es soltero y vive solo, aunque quienes lo conocen aseguran que jamás le han faltado hermosas acompañantes. "Le gustan altas y rubias", asegura alguno.
EL HOMBRE CLAVE
El hecho de que sea en manos de este hombre en las que esté el proyecto tributario del Congreso es de gran significación política. Se asegura que en el gobierno de Belisario Betancur se hizo patente que en la Comisión Tercera del Senado no pasaba ningún proyecto de ley sin el visto bueno de los senadores liberales William Jaramillo y Víctor Renán Barco, y sin el del conservador Rodrigo Marín Bernal. Y se dice que con la elaboración de esta fórmula, Belisario logró pasar las reformas tributarias durante su gobierno.
De esa "trinca" de senadores, hay uno que está en el gobierno y otro en la oposición. El que queda es, precisamente, el ponente del proyecto, Víctor Renán Barco, el "manzanillo ilustrado" que por estos días, y a pesar de la controversia que existe sobre su trayectoria política, está desempeñando el papel protagónico de este atardecer de la legislatura de 1986. La misma en la que se está jugando su suerte el proyecto de ley más controvertido del año, en el cual el gobierno tiene depositadas todas sus esperanzas.
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