Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/11/13 00:00

Un ilustre cuentista

Nominado al premio Hans Christian Andersen, Ivar da Col se consagró entre los mejores exponentes de la literatura infantil del mundo.

Un ilustre cuentista

Desde niño ha sido dibujante y desde niño le han fascinado las mascotas, en especial los gatos y los perros. Hoy, a sus 38 años, esa doble pasión que lo ha acompañado durante toda su vida le permite ser uno de los autores e ilustradores de literatura infantil más destacados en el mundo. Este año fue uno de los nominados al premio Hans Christian Andersen —algo así como el premio Nobel de la literatura infantil— que otorga la Ibby (International Board of Books for Young People) y ya en dos ocasiones anteriores había formado parte de la lista de honor de esta organización.

Ivar da Col, nacido en Bogotá, es hijo de padre italiano y de madre sueco-caldense (su segundo apellido es Röström). Además del nombre también tiene aspecto escandinavo, y de los tres hermanos fue el más rubio y el que le sacó a sus ancestros suecos los ojos azules.

Su hermano Djalmar Vladimir, productor de televisión, lo recuerda como un muchachito “jodón y saboteador que interrumpía las llamadas de mis novias”. Hoy día Ivar es tímido, de temperamento solitario. Vive en un apartamento muy acogedor con Rosita y Flor, dos gatas siamesas, y Kika, una perrita que acaba de adoptar. Tiene una muy buena colección de discos de música clásica y en su biblioteca hay gran cantidad de novelas y libros de cuentos. Entre ellos están los de Arnold Lobel, Roald Dahl (“es como perverso y me gusta por eso”) y Lewis Carroll, sus autores favoritos. Excelente cocinero y jardinero, hace poco aprendió a manejar y todavía no se siente muy seguro al frente de su pequeño coche.

“Cuando era muy niño me encantaba dibujar personas, ángeles y payasos”, recuerda Ivar. A los 13 años comenzó a trabajar con la compañía de títeres Cocoliche, que dirigía Julia Rodríguez, y de esa experiencia surgió su habilidad para darles a sus historias una gran intensidad dramática y a sus personajes poses muy teatrales.

Se graduó del colegio Juan Ramón Jiménez y entró a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional, pero sólo aguantó un semestre porque aquello le pareció una continuación del bachillerato.

En esa época comenzó a trabajar como ilustrador de textos escolares (esta fue la fuente de su sustento durante algunos años de su vida) y una coincidencia lo llevó a publicar sus primeros libros infantiles. “Calcetose quería regalar unos minilibros para promocionar la venta de su producto. Me inventé un chigüiro, a ellos no les gustó y en 1985, cuando Editorial Norma abrió un fondo de literatura infantil con ilustradores colombianos, ellos lo publicaron”. Eran libros para niños de 3 a 6 años, en los que no había texto y la historia tenía que defenderse con los gestos y la expresión de los dibujos.

Luego Ivar da Col empezó a escribir sus textos (“al comienzo me ayudó Triunfo Arciniegas”) y comenzaron a brotar gran cantidad de personajes: Eusebio, Lola la Vaca Rosa, los Dinosaurios, Hamamelis (su personaje favorito), Miosotis… todos ellos protagonistas de sus propias historias, no sólo en diversos libros para niños sino también en la revista Dini, en la que Ivar da Col trabajó entre 1990 y 1999. Sus ilustraciones han sido publicadas en varios países, sus obras traducidas a varios idiomas y dos veces ganó el premio a la Mejor Carátula de Libro Infantil, otorgado por la Cámara Colombiana del Libro.

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