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| 5/29/2012 12:00:00 AM

Angelino, diezmado, vuelve a la política nacional

Tras la derrota del vicepresidente en su aspiración de llegar a la secretaría de la OIT, Angelino Garzón encuentra un espacio de acción más reducido. Sus opiniones podrían incidir en temas como la reforma tributaria y la reforma pensional, y marcar una diferencia con el gobierno Santos.

Desde el mes de septiembre, cuando el presidente Juan Manuel Santos lo postuló para la secretaría de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Angelino Garzón ocupó la mayor parte de su tiempo en una campaña para alcanzar un respaldo internacional a su aspiración.
 
Varias giras internacionales, que lo llevaron a hacer lobby en Estados Unidos, Europa y hasta por países africanos, se convirtieron en su prioridad y lo mantuvieron, si no al margen, por lo menos muy distante de la política interna, la misma en la que se había convertido casi que en una rueda suelta del gobierno Santos.
 
Porque las opiniones de Angelino controvirtieron muchas de las decisiones del Gobierno. Se opuso a la idea de aumentar la edad para acceder a la pensión, y el presidente Santos se abstuvo de presentar una reforma pensional que incluyera esa medida.
 
Se enfrentó con el entonces ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, al calificar como una política de indultos y amnistías la ley que permitía a los paramilitares rasos resolver su situación jurídica.
 
Garzón también cuestionó el método de medición de pobreza de Planeación Nacional, que permitía afirmar que una persona, con ingresos de 190.000 pesos mensuales, sería excluida de la línea de pobreza. El vicepresidente también fue clave para la concertación del salario mínimo, y sus opiniones fueron determinantes para que el Gobierno cediera ante las pretensiones de los representantes de los trabajadores.
 
Fueron varios los llamados de atención de Santos que ordenó "no más controversias públicas" entre funcionarios del gobierno. Angelino acató la orden, pero reivindicó su derecho a opinar, incluso reivindicó su papel en la elección del presidente de la República, y sugirió que su llegada a la Vicepresidencia había sido por elección popular y con el respaldo de algo más de nueve millones de votos.
 
Ahora, tras fracasar en su intento de llegar a la OIT, que había condicionado su permanencia en la Vicepresidencia (el propio Garzón afirmó que se marginaría de ese puesto si lo conseguía), Garzón volverá a ser protagonista. Nadie pone en duda que las opiniones del vicepresidente volverán a ser relevantes, pueden generar ciertas incomodidades para el presidente Santos, pero su cargo y su participación en el gobierno podrían estar muy diezmados.
 
"Angelino deberá seguir cumpliendo sus funciones, pero el espectro cada vez más se le reduce y encuentra menos incidencia en los temas nacionales", considera el senador vallecaucano Carlos Fernando Motoa (Cambio Radical)
 
La representación de Angelino en el Gobierno ha disminuido. Con la escisión de varios ministerios, perdió sus cuotas en el Ministerio de Salud, y con los alcances de la ley de víctimas también vio reducido su poder en la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. El nombramiento en enero de Carlos Fernando Galán como 'zar anticorrupción' también minó las funciones al vicepresidente Garzón, pues ese frente contra la inmoralidad había sido casi que el único espacio en el que se había desenvuelto el segundo de a bordo del Gobierno.
 
Amigos cercanos de Angelino, como Julio Roberto Gómez, histórico presidente de la CGT y hoy coordinador de esa plataforma denominada Centro Independiente, admiten que el espectro de acción de Angelino se reduce, pero aseguran que el vicepresidente "no se quedará quieto".
 
Mauricio Ospina, senador del Polo Democrático, dice que el centro es un espectro político sin representación y que Angelino Garzón puede ser uno de los que aspire a liderar esa tendencia.
 
Por aquellos días de septiembre del 2011, el Centro Independiente destapó sus cartas. Se definió como una "corriente de pensamiento y construcción" política que integra todos los sectores de la sociedad y reclamó su papel en la elección de Santos como presidente y su aporte a la Unidad Nacional, de la cual dicen hacer parte a través de Angelino.
 
Por eso, algunos dirigentes, como el senador Roy Barreras, dicen que el vicepresidente podría renunciar a su cargo el próximo año y aspirar a la presidencia de la República, además porque considera que Santos, de reelegirse, "no volverá a pensar en Angelino como su fórmula".
 
La tesis de que Angelino y Santos rivalicen en el 2014 la controvierte el senador Motoa, pues afirma que si Santos se reelige, Angelino no puede ser candidato, al referirse al artículo 204 de la Constitución, que señala "(…) El vicepresidente podrá ser elegido presidente de la República para el período siguiente cuando el presidente en ejercicio no se presente como candidato".
 
Si el Centro Independiente, la plataforma política de Angelino, tiene aspiraciones electorales en el 2014, no tendría espacio en las presidenciales. Pero las inhabilidades para el actual vicepresidente no le impedirían, por ejemplo, liderar una lista para las elecciones parlamentarias.
 
El futuro político de Angelino, como vicepresidente de Santos es incierto. Tras su fracaso en sus aspiraciones de llegar a la OIT, encontrará una Vicepresidencia con menos funciones. Podría ser una oportunidad para volver a opinar.
 
Motoa considera que las opiniones de Garzón "ya no tienen eco", pero no duda que intentará visibilizarse en determinados temas, unos con criterio técnico y otros con un talante más populista.
 
En el Congreso advierten que la reforma tributaria y la reforma pensional, dos proyectos que probablemente ocupen la atención del parlamento desde el segundo semestre, sean el escenario de Angelino. Dado que el vicepresidente ha marcado sus distancias en este tipo de temáticas socioeconómicas que afectan a las clases medias y populares, es probable que sus posturas críticas marquen la ruptura definitiva con el gobierno Santos.
 
En ese caso, si las opiniones incomodan, Santos, dicen algunos senadores, podría reducirle aún más su espacio o concentrarlo en otras funciones. Y para ello tendría varias alternativas. O nombrarlo embajador, como ya sucedió en anteriores gobiernos con Carlos Lemos y Humberto de la Calle, o hacerlo como ministro, como sucedió en el gobierno Pastrana con Gustavo Bell.
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