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| 2/22/2012 12:00:00 AM

Arias, ¿el fin del uribismo dentro del Partido Conservador?

La renuncia de quien fuera una fuerte carta presidencial puede significar el fin de una tendencia que tuvo peso en el Partido Conservador: la más cercana al expresidente Álvaro Uribe, pues hoy son pocos los azules que enarbolan sus banderas.

Nadie duda que Andrés Felipe Arias era una figura con peso político. Tanto así, que un sector importante del Partido Conservador, concentrado en la mayoría de los actuales representantes a la Cámara, tenían sembradas sus esperanzas en que el exministro de Agricultura de Álvaro Uribe se convirtiera en la más cercana posibilidad de regresar al poder.

Arias alcanzó a sembrar raíces en ese sector, quizás el que más había impuesto sus teorías en los ocho años de gobierno Uribe, a tal punto que muchos señalaban a los conservadores, por su incondicionalidad, como un “apéndice” del uribismo.

Ese impulso le permitió a Arias, en su primera aventura electoral (marzo de 2010), superar el millón de votos. No ganó la consulta del Conservatismo. Pero siguió manejando sus hilos en el partido. No acompañó a Noemí Sanín y se decantó por la candidatura de Juan Manuel Santos. Muchos conservadores lo secundaron en ese capítulo en que las altas jerarquías del partido lo amenazaron con imponerle la “disciplina para perros”, que el propio Arias bautizó.

El exministro, en los primeros meses del gobierno de Santos, se ubicó en la orilla más crítica. Confrontó al mandatario de forma directa en un Congreso del partido en Villa de Leyva (en febrero de 2011), donde cuestionó la "nueva amistad" con Hugo Chávez, advirtió de retrocesos en seguridad, y hasta le pidió, públicamente, la captura de alias 'Alfonso Cano'. 
 
Los conservadores que le "copiaban" a Arias también empezaron a cuestionar al  presidente Santos. A tal punto que un jefe natural del Conservatismo, el expresidente Andrés Pastrana, los describió como "voceros de la oposición".

El principio del fin

Pero las cosas cambiaron. Las irregularidades del programa de subsidios Agro Ingreso Seguro lo salpicaron como nunca. Arias fue inhabilitado severamente por el procurador Alejandro Ordóñez (también conservador). 16 años sin ejercer ni aspirar a cargos públicos. O lo que es igual. Cuatro periodos presidenciales.

Luego, la justicia penal lo empapeló. La Fiscalía ordenó su captura. Las voces conservadoras que lo habían ungido como el líder del futuro, rápidamente se desmarcaron, con el argumento del respeto a las decisiones judiciales, y la confianza de que el exministro sabría demostrar su inocencia.

Pero con el regreso de Efraín Cepeda (de corte pastranista, y uno de los fieles respaldos de Noemí Sanín en campaña) a la presidencia del partido, las cosas se hicieron insostenibles.

Cepeda, hace tres semanas, anunció que el Partido Conservador modernizaría sus procedimientos éticos internos. Advirtió la creación de una figura que permitiera sanciones, y hasta la expulsión, de aquellos militantes a quienes se les comprobara faltas éticas a la colectividad.

Arias asumió ese anuncio como una pre-condena de su propio partido. Más aún cuando, en su sitio de reclusión, recibió un documento en el que el veedor del partido le notificaba de la apertura de una investigación.

“He sido condenado por quien firma el documento sin que yo haya sido formalmente notificado. ¿Época de bárbaras naciones?. Vale la pena recordarle al señor Presidente que mi juicio no ha comenzado. Ni siquiera se ha llevado a cabo la audiencia preparatoria. Es decir, ni he comenzado a defenderme, ni he sido condenado. Sin embargo, es evidente que la persona que firma el documento que le estoy retornando ya me condenó”, le expresó Arias a Cepeda en su carta de renuncia, que para muchos fue interpretada como la opción del exministro para no salir despedido del partido, por la puerta de atrás.

Cepeda respondió que el documento del veedor sólo se trataba de la notificación de la apertura de una investigación interna. Que la veeduría analizaría si tiene méritos para acusarlo ante el Tribunal de ética del Partido, y que esos dos organismos “autónomos” tendrían la última palabra, y se respetarían todas las garantías en un debido proceso.

La soledad de Arias

Más allá de la anécdota que rodeó la renuncia de Arias, el hecho político tiene otras lecturas. La tendencia ideológica que lideró el exministro, o lo que es igual, el ‘uribismo’ conservador, parece llegar a su final.

Porque hasta en sectores cercanos a Andrés Felipe hay la conciencia de que en el partido, como en todas las organizaciones, “los hombres pasan y las instituciones quedan”.

Carlos Alberto Zuluaga, quien fuera presidente de la Cámara de Representantes, y apoyó su precandidatura, lamenta la decisión de Arias, confía en que sabrá responder los señalamientos de la justicia, pero considera que los congresistas conservadores “deben ser leales al partido”.

El senador Eduardo Enríquez Maya, también lamentó la renuncia, sobre todo por el hecho de que el partido, en su momento, consideró que era una de las cartas para consolidar su vocación de poder, pero dijo que quienes lo apoyaron en campaña deben hacer “un juicio de valores” sobre la actitud del exministro. Pero el partido, dijo, ahora debe continuar defendiendo los principios institucionales de la colectividad.

Heriberto Sanabria, otro de los representantes a la Cámara que apoyó a Arias, asume su renuncia como la decisión de “dar la cara a la justicia”, y admite que la renuncia puede afectar la tendencia que venía representando. Pero confía en que el exministro, tan pronto como resuelva sus asuntos con la justicia, “regresará al seno del partido”.

Sanabria también considera que detrás de la renuncia de Arias hay otras cosas. “Arias sigue con muchos amigos en el Partido Conservador y así se lo han demostrado. Otros eran amigos por el poder que representaba. Pero también con muchos enemigos. Así es la política”.

El representante Telésforo Pedraza, contradictor de Arias en el partido, dice que la renuncia no significa el fin de una tendencia de pensamiento, sencillamente “porque nunca la hubo”.

Porque Pedraza considera que Arias fue un “invento”, “flor de un día” y “una tendencia coyuntural y burocrática”, pues señala que quienes defendieron el uribismo, pues ya se pasaron a defender el santismo. “En términos generales los parlamentarios están con quienes tienen el poder”. Pero para el representante Pedraza, Arias, como líder de una tendencia ideológica, "nunca pasó": “Nunca supe sus orígenes, nunca supe cuando recayó en el Conservatismo. Hoy no conozco un diputado, un concejal, o un alcalde de municipio que sea de la línea de Arias”.

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