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| 11/8/2011 12:00:00 AM

'Cano' y Petro: lo que va de la fuerza a la reconciliación

Tres dirigentes políticos de diversos sectores compararon las dos historias para demostrar que en el siglo XXI la revolución sólo tiene un camino: el de las vías democráticas.

En menos de una semana, dos personas que en los años 70 decidieron tomar el camino de las armas y sublevarse contra el Estado fueron noticia.
 
El 30 de octubre, Gustavo Petro, un exguerrillero del M-19, ganaba con más de 700.000 votos en las urnas la Alcaldía de Bogotá. Por primera vez, un exsubversivo llegaba al segundo cargo de elección popular más importante del país.
 
Cuatro días después, Guillermo León Sáenz, alias 'Alfonso Cano', un antropólogo de la Universidad Nacional que hace 33 años decidió empuñar las armas y adentrarse en las montañas para integrar la guerrilla de las FARC, perdía la vida tras un operativo militar en el departamento de Cauca que puso fin al máximo jefe de esa guerrilla.
 
Fueron dos hechos de gran trascendencia que, seguramente, estarán dentro de los más importantes del año y de la historia reciente del país. Dos hechos muy valorados por dirigentes políticos de distintos sectores que, en diálogo con Semana.com, demuestran que en el siglo XXI el camino de las armas está mandado a recoger.
 
Aún con los efectos mediáticos que sigue generando la muerte en combate de 'Alfonso Cano', y al subrayar la importancia del triunfo electoral de Petro, el representante a la cámara Guillermo Rivera (Partido Liberal) considera que las FARC perdieron la oportunidad de adelantar su proyecto en el marco de la Constitución, un camino que decidió seguir Petro.
 
Las FARC perdieron dos oportunidades históricas de reintegrarse a la sociedad: la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y los diálogos del Caguán entre 1998 y 2001. En esas, y en otras oportunidades, fueron incapaces de comprender que la lucha por las ideas se podía dar a través de los canales institucionales, de lo cual Gustavo Petro, el electo alcalde de Bogotá, resulta ser el ejemplo más elocuente”, dice Rivera.
 
Por eso, dice el representante liberal, las consecuencias de lo que llama la “testarudez” de la guerra de las FARC se traduce en “el desprecio de la inmensa mayoría de los ciudadanos y los golpes militares que han recibido. El de la noche del 4 de noviembre de 2011 resulta ser el mayor de ellos”.

Un dirigente de izquierda, Luis Eduardo Garzón (Partido Verde), también relacionó ambos hechos. Considera que la elección de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá “demuestra el nivel de respeto y aceptación de la mayoría de los colombianos con quienes le juegan limpio a la paz y cumplen la palabra empeñada en los proceso de desmovilización, reinserción y reconciliación”.
 
Por eso Garzón considera que tras el exitoso operativo militar que culminó con la muerte del máximo jefe de las FARC, esta guerrilla “tiene que dar un paso adelante y demostrar con hechos su decisión de detener la guerra, negociar y apostarle a la democracia. Llegó la hora de la paz”, una posición que fue respaldada por el pleno del Partido Verde.
 
Pero más significativa aún puede ser la postura del representante a la Cámara Miguel Gómez (La U), sobrino del extinto dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado quien en 1988 fue secuestrado por la guerrilla del M-19, de la que Petro hizo parte. Gómez, un día después del triunfo de Petro, se dirigió a él en una carta en la que le ofreció su respaldo en la administración de Bogotá.
 
“Reciba en primer lugar mi felicitación por conseguir tan distinguido título que la democracia le otorga. Reconozco su inteligencia y ponderación a la hora de enfrentar los más crudos debates en la pasada contienda electoral”, le dice Gómez.
 
Pero en la carta, el sobrino de Álvaro Gómez no sólo reconoce en Petro la oportunidad histórica que aprovechó al abandonar las armas y acogerse a la institucionalidad, sino que pone su caso como ejemplo.

“En lo personal hago extensivo a usted y a su familia mi voto de aplauso por el ejemplo que puede generar su victoria frente a los que insisten en desafiar la democracia por la vía de las armas”, son las expresiones con las que Gómez culmina la carta.
 
La renuncia a las armas
 
Gustavo Petro desde muy joven decidió ir en contra del establecimiento. Encontró en el movimiento subversivo M-19 el escenario. En agosto de 1984, a raíz del proceso de paz entre el M-19 y el gobierno de Belisario Btancur, hizo pública su militancia en una manifestación en Zipaquirá. Los militares, según Petro, que no se sentían comprometidos con ese proceso de paz y lo sabotearon, lo detuvieron en siete ocasiones.
 
Posteriormente, el 6 de septiembre de 1984, fue llevado a la Escuela de Caballería y luego lo enviaron a la cárcel. Aprovechando el decreto de Estado de Sitio, una resolución militar del general Jesús Armando Arias Cabrales lo condenó a prisión de dos años.
 
Como político, Petro es “hijo” del proceso de paz entre el gobierno de Virgilio Barco con el M-19, que culminó con la desmovilización del grupo guerrillero, en ese entonces al mando de Carlos Pizarro.
 
Beneficiario de la amnistía de ese proceso de paz, Petro inició una carrera que lo llevó por varios experimentos de consolidar una fuerza política de izquierda, luego de promulgada la Constitución de 1991, a la que las FARC fueron invitadas pero rechazaron hacer parte de ella.
 
Vía alterna, el Frente Social y Político, el Polo Democrático fueron los intentos de Petro que tuvieron como denominador común hacerle contrapeso al establecimiento pero por la vía democrática.
 
Hasta que consolidó su movimiento Progresistas, que lo llevó a ganar las elecciones en Bogotá. Un movimiento que no sólo se alzó con esa significativa victoria, sino que tiene aspiraciones y proyecto nacional, tal como se advirtió en el discurso como alcalde electo que pronunció Petro en la noche del 30 de octubre. 
 
La renuncia a las instituciones
 
Por su parte, Guillermo León Sáenz Vargas comenzó su militancia poco tiempo después de entrar a estudiar antropología en la Universidad Nacional, en 1968, como militante de la Juventud Comunista (JUCO). En los años 70 comenzó a trabajar directamente con las FARC como una especie de comisario político en Bogotá hasta que se enroló en ese grupo armado ilegal hasta llegar a ser jefe de finanzas del Estado Mayor Central.
 
También fue perseguido por las autoridades que empezaron a seguirle la pista, y en 1981 terminó preso en La Modelo. Dos años después recobró la libertad gracias a la amnistía del gobierno de Belisario Betancur, y tras pocos días en Bogotá decidió tomar el camino de las armas y la montaña, el cual culminó el 4 de noviembre del 2011, como máximo líder del secretariado de las FARC, en un lugar conocido como El Chirriadero, en Suárez (Cauca), y con tres impactos de bala en su cuerpo.
 
'Alfonso Cano', como ideólogo de las FARC, tuvo la oportunidad de negociar en Tlaxcala (México) y durante el gobierno de César Gaviria, la presencia en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Exigió la mitad de las curules sin renunciar a las armas.
 
En los también frustrados diálogos del Caguán, durante el gobierno de Andrés Pastrana, fue 'Cano' el encargado de presentar en sociedad las plataformas de su proyecto político: el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, y el Partido Comunista Clandestino, PC3.   
 
Pero 'Cano' nunca dejó las armas como herramienta para llevar a cabo su revolución. Incluso cuando las FARC parecieron perder su norte político a cambio de la financiación del narcotráfico, el secuestro, la extorsión, actos de terrorismo contra la población civil y el reclutamiento de menores de edad.
 
El mensaje
 
Mientras tanto, la noche de su muerte, en Bogotá, Gustavo Petro, a quien alguna vez el congresista Álvaro García Romero (condenado a 40 años de prisión por paramilitarismo) calificó de “guerrillero de cafetería”, se enteraba de la noticia del operativo militar contra 'Cano'. 
 
Y en declaraciones al diario El Tiempo calificó el hecho de la siguiente manera: “La muerte de 'Cano' demuestra que es la política del amor y de la vida la que puede transformar el mundo y superar las injusticias. El camino de la guerra sólo ha dejado kilómetros de tumbas”.
 
Gustavo Petro Urrego y Guillermo León Sáenz Vargas protagonizaron dos de los hechos más trascendentes del 2011. Cada uno de ellos, resultado del camino que a la larga eligieron.
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