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| 12/1/2011 12:00:00 AM

Efraín Cepeda y el viraje del Partido Conservador

La llegada de Efraín Cepeda a la dirección del partido no solo supone el regreso del sector pastranista. También significa un giro total en la agenda, que más allá de temas éticos y morales, busca acercarse a los ciudadanos.

El relevo estaba cantado. El miércoles en la tarde el Partido Conservador oficializó el cambio de jefe. José Darío Salazar, hoy expresidente del partido, invistió a su colega, el también senador Efraín Cepeda, como el nuevo director nacional del partido más antiguo del país.
 
Y en sus primeras declaraciones, Cepeda advirtió que las cosas serán distintas. Anunció una profunda “reingeniería política” en la colectividad, con el propósito de mantener vigente la “vocación de poder” de los conservadores.
 
Cepeda fue sincero en calificar el 2011 como un año “muy difícil” para el partido. Los conservadores han perdido ese liderazgo que tenían en los ocho años del gobierno Uribe, y con la administración de Santos apenas han sido socios que han acompañado la agenda del nuevo gobierno.
 
Así recibe al Partido
 
El 2011 también fue un año electoral. Y aunque el nuevo jefe de los conservadores insiste en que los resultados “fueron positivos”, pues en cifras redondas pasaron de una votación de un millón 700 mil votos (en 2007) a 2 millones 100 mil (en octubre de 2011), la realidad es que no alcanzaron alcaldías o gobernaciones de peso político. De hecho, los conservadores parecen estar lejos de ser la fuerza dominante en el país, como sucedía en décadas anteriores.
 
En el Congreso, el senador José Darío Salazar y el presidente del Congreso impulsaron una agenda ideológica pero muy controvertida. La prohibición del aborto, la estrategia para contrarrestar el fallo de la Corte Constitucional sobre el matrimonio de parejas del mismo sexo, y el fortalecimiento del poder legislativo, incluida la propuesta de revivir la inmunidad parlamentaria, no sólo polarizaron y generaron controversia, sino que significaron ataques de la opinión pública hacia la ideología conservadora.
 
Por si fuera poco, en este año los conservadores no han podido librarse de los cuestionamientos de corrupción. Primero, porque uno de sus precandidatos presidenciales terminó detenido por las irregularidades en el programa Agro Ingreso Seguro. También porque seis de sus actuales congresistas están señalados por irregularidades en las adjudicaciones de bienes incautados a la mafia por la extinta Dirección Nacional de Estupefacientes, y hoy continúan rindiendo descargos ante la Corte Suprema de Justicia.
 
Y las posturas críticas frente al actual gobierno, especialmente en materia de seguridad y relaciones exteriores, por cuenta del nuevo rumbo que le dio el presidente Juan Manuel Santos a las relaciones con Venezuela, generaron división interna entre sus dirigentes.
 
Por ejemplo, fueron reiterados los enfrentamientos dialécticos entre José Darío Salazar y el expresidente Andrés Pastrana, quien se alejó del partido.
 
Es por eso que la radiografía que recibe Cepeda del Conservatismo no es la más óptima. Y el nuevo presidente, sin señalar responsables de la situación, y sin sacar el espejo retrovisor, admite que el 2011 fue un año en el que les faltó cohesión y por eso su llamado es a recuperar la unidad del partido.
 
El relevo y la nueva agenda
 
Frente a todo eso, la llegada de Cepeda, en primer lugar, significa que el Partido Conservador vuelve a ser orientado por la corriente pastranista. El expresidente Andrés Pastrana fue el mentor político del senador barranquillero, quien en sus primeras declaraciones anunció el acercamiento al partido del exmandatario. “la presencia del expresidente Pastrana engrandecería al partido. Es uno de los jefes naturales”, afirmó.
 
La corriente pastranista, sin embargo, ha sido la de mayor presencia en el gobierno, con ministros como Juan Carlos Echeverry, Juan Camilo Restrepo, Mauricio Cárdenas, por ejemplo.
 
Cepeda advierte que el partido tiene que rodear con más compromiso a estos funcionarios, pues los conservadores “nos debemos sentir orgullosos de nuestros ministros”.
 
Pero el cambio no es solo de corriente. La agenda conservadora, según explicó Cepeda, tendrá un giro total.
 
Los temas ideológicos, éticos o morales perderán trascendencia con esta nueva dirección. Los conservadores, bajo la dirección de Cepeda, volcarán su atención a asuntos más cotidianos.
 
“Nos ocuparemos del mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos. De la lucha contra la pobreza y la desigualdad. La ley de tierras fue un postulado conservador, y eso a veces no se reconoce”, advierte Cepeda como el nuevo derrotero del partido.
 
Otra de las principales banderas será la lucha contra la corrupción, que incluso se empezará a enarbolar, desde puertas para adentro.
 
Además del fortalecimiento y cohesión de la bancada de congresistas, para que el partido tenga una misma postura en Senado y Cámara de representantes.
 
Sin embargo, consciente de que hay una corriente fuerte que insiste en los temas morales, el nuevo presidente del conservatismo dice que esos temas se mantendrán porque hacen parte del ideario. “El Partido Conservador es el pionero en la defensa de derecho a la vida. Seguirá siendo nuestra bandera”, dice Cepeda.
 
La reingeniería política
 
Y aunque para las elecciones presidenciales de 2014 “aún falta que corra mucha agua por debajo de los puentes”, según palabras de Cepeda, “el partido tiene intacta su vocación de poder”.
 
Para ello, es que Cepeda habla de hacer, en el 2012, una reingeniería política, que como primera etapa apueste al regreso de figuras conservadoras que se han alejado de las decisiones del partido.
 
Incluso, ya se habla de varios comités de dirigentes políticos y gremiales que trabajarían para esta “reingeniería”.
 
Entre ellos están la exministra Martha Lucía Ramírez; el periodista Juan Gabriel Uribe; el presidente de Fenalco, Guillermo Botero; el expresidente del sindicato antioqueño, Nicanor Restrepo; los exministros Roberto Junguito y Alberto Carrasquilla; el empresario Manuel Santiago Mejía; el rector de la Universidad Sergio Arboleda, Rodrigo Noguera; y el presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie.
 
Ese grupo de dirigentes, considera Cepeda, aceptaron la tarea de orientar lo que ha querido llamar “el resurgir del Partido Conservador”.
 
La primera misión que tendrán es la organización de un gran Congreso Ideológico, que se celebrará en Bogotá en el mes de febrero del 2012.
 
El Partido Conservador es el primero que hace una reestructuración. Este mes de diciembre liberales, la U, los verdes y el Polo tendrán unos días decisivos para reorientar su futuro y nombrar nuevos directivos.
 
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