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| 11/15/2012 12:00:00 AM

El dilema del Senado sobre la eutanasia

El Legislativo se enreda con la decisión que le reclama la Corte Constitucional para reglamentar la eutanasia. Hay proyectos: uno permite a los pacientes terminales acabar con su vida, otro dice que sólo podrían negarse a recibir tratamiento médico.

El pasado miércoles, la plenaria del Senado tenía entre sus puntos a discutir el proyecto de ley que el senador Armando Benedetti (la U) le viene proponiendo al Parlamento para que, como lo ordenó la Corte Constitucional, el Legislativo reglamente la práctica de la eutanasia.
 
Ese proyecto, que tiene que superar cuatro debates, tan sólo ha sido aprobado por la Comisión Primera del Senado. Pero casi de forma simultánea, y sin mayor atención mediática, la Comisión Séptima del Senado aprobó en penúltimo un proyecto denominado "derecho a morir dignamente", del cual es autor el representante a la Cámara Rafael Romero (Partido Liberal).
 
Aunque las dos iniciativas tienen la misma naturaleza, reglamentar la eutanasia, contemplan dos fórmulas diferentes para hacerlo.

El proyecto de Benedetti define a la eutanasia como "la terminación intencional de la vida por otra persona, esto es, un tercero calificado, el médico tratante, de una forma digna y humana, a partir de la petición libre, informada y reiterada del paciente, que esté sufriendo intensos dolores, continuados padecimientos o una condición de gran dependencia y minusvalía que la persona considere indigna a causa de enfermedad terminal o grave lesión corporal".

Mientras el del representante Romero dice que el derecho a morir dignamente "pretende darle la facultad a un paciente con enfermedad terminal para que decida libremente si quiere o no someterse a un tratamiento que alargue su vida".
 
Es decir, el proyecto de Benedetti contempla que un paciente terminal pueda autorizar a un médico a poner punto final a su vida, mientras el de Romero se reduce a que el paciente puede negarse a recibir un tratamiento médico, pero no a autorizar lo que se califica como "un suicidio asistido".
 
Las preferencias

El proyecto de Rafael Romero tiene ventajas en la plenaria. Primero, porque está a un sólo debate de convertirse en ley, mientras el de Benedetti apenas está empezando su trámite (le faltan tres). Además, la fórmula que Bendetti planteó para reglamentar la eutanasia cuenta con la oposición de un bloque parlamentario con alto poder de decisión en el Senado: la bancada del Partido Conservador y de un sector del propio Partido de La U.

El senador conservador Hernán Andrade dice que la fórmula liderada por Benedetti puede desencadenar a que en Colombia se abra "una tronera" a lo que considera "el homicidio por piedad", que, asegura, "en Colombia está calificado como un delito".
 
El senador Juan Carlos Vélez, del Partido de La U, votó en contra del proyecto de Benedetti en la Comisión Primera al calificarlo de incompatible con la Constitución del 91, que declaró el derecho a la vida como inviolable.
 
Este sector parlamentario, al asumir que la Corte Constitucional obligó al Congreso a reglamentar la eutanasia, podría inclinarse a favor del proyecto del representante Romero, que en ningún caso consagra que un paciente con enfermedad terminal puede pedir a un tercero a que asista su muerte.
 
Esta iniciativa establece que "las personas mayores de edad que se encuentren en pleno uso de sus facultades legales y mentales, mediante documento suscrito ante notario público, podrán expresar en cualquier momento su decisión de manera libre, consciente, seria e inequívoca de no someterse a tratamientos médicos innecesarios que prolongan una vida no digna para el paciente, frente a una enfermedad en fase terminal, debidamente diagnosticada por parte del médico tratante".

Eso sí, el proyecto aclara que por ningún motivo no se le deban dar los tratamientos paliativos para alivianar el dolor físico o emocional que sienta el paciente terminal, los cuales, según esta iniciativa, deben estar plenamente garantizados.

Para los sectores más progresistas en el Capitolio, esto significa que el paciente estaría determinado a a mantener su agonía.

Precisamente, el senador Luis Carlos Avellaneda (Progresistas) considera que los pacientes terminales deben tener la posibilidad de terminar su vida cuando esta sea indigna. "Mi madre sufrió un cáncer muy agresivo que le produjo dolores que ni la morfina podía controlar", confesó. Luis Fernando Velasco (senador liberal), defiende la postura de que el paciente pueda, de forma voluntaria, decidir o bien ya sea la terminación de su vida o renunciar a un tratamiento médico.

Es precisamente la decisión que está obligada a asumir la plenaria del Senado, si permite lo que algunos llaman "el suicidio asistido, o el homicidio por piedad", o si sólo avala como eutanasia la renuncia al tratamiento médico pero que la muerte sea natural.
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